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martes 22 de julio de 2008

EL YATE PAPAL Y LA PATERA

Llámenme demagogo si quieren, pero viendo la entrada de su santidad Benedicto XVI en el puerto de Sydney a bordo de un lujosísimo yate, no pude evitar recordar la estampa de las últimas pateras llenas de niños muertos.
Me pregunto cuánto habrá costado el viaje del Papa a Australia, incluidos los desplazamientos de tantos jóvenes de todo el mundo - los pague quien los pague - hasta nuestros antípodas para celebrar esa reunión universal de la juventud católica. Y me pregunto también cuántos niños seguirían viviendo si todo ese dinero, en lugar de gastarse en un inmenso jolgorio religioso se hubiera enviado al Tercer Mundo para ayudar a las familias sumidas en la pobreza.
Ya, ya sé que duele, que ofende, que no es políticamente correcto decir estas cosas, y que cada uno hace lo que quiere con su dinero. El gobierno australiano, cuyo presidente ha pronunciado hace poco un discurso ferozmente xenófobo contra los musulmanes residentes en su país, invitándoles a marcharse, es muy dueño de gastarse unos cuantos cientos de millones de euros en este viaje propagandístico de otra religión que tampoco es la anglicana. Los padres de los jóvenes españoles, la mayoría pertenecientes a la ultra conservadora organización de los “kilos”, protegida del cardenal Rouco, también son dueños de pagar el viaje de sus hijos; si es que lo han pagado ellos.
Me parece muy bien.
Pero me choca que una organización como la Iglesia Católica, que se opone al aborto y a la muerte indolora en defensa de su particular concepto de la vida, no se preocupe más de las vidas de unos niños que ya están en este mundo porque sus madres no abortaron y que viajan con ellas en busca de un paraíso donde se derrocha el dinero. Si los padres de esos niños recibieran de nuestro mundo una mínima ayuda para vivir decentemente, no se subirían a la patera a jugarse la vida.
Ya sé que soy un demagogo y que me escandalizo por el chocolate del loro. Porque no sólo la Iglesia tira el dinero en fiestas, también podríamos hablar de los derroches de nuestros jolgorios paganos, de nuestros gastos particulares en tonterías innecesarias y demás; en un sistema diabólico en el que si no consumimos hasta reventar viene la crisis económica y los jóvenes, siempre los pobres jóvenes, los jóvenes pobres, se quedan sin trabajo.
Pues nada, a Dios rogando y con el mazo dando. A Australia a pasarlo pipa rezando con el Papa, y a los pobres niños de la patera pues… pobrecitos, se reza también por ellos y ya está.
No se crean que a mi no me remuerde la conciencia. Yo me gasto un dinerito en la comida de mis gatos, de vez en cuando me voy con la familia a darme una comilona que aumenta mis niveles de colesterol, y viajo por ahí, y me compro ropa y libros, y tengo un buen coche y una buena casa. Yo también soy culpable, y ustedes y los que no se enteran. Todos somos culpables; pero al menos no hacemos ostentación de Fe, Esperanza y Caridad, sobre todo eso: Caridad. Lo cual no nos hace mejores, pero si más lúcidos y sinceros. Y, sobre todo, no intentamos imponer nuestra moral y nuestra fe a los demás.
Porque, ¿cómo es posible que la Iglesia Católica pretenda ser la guía espiritual de Europa y del Mundo, con el pasado que tiene? Pío XII bendiciendo los cañones italianos que iban a Abisinia, los obispos españoles saludando a Franco brazo en alto, los cardenales alemanes mirando para otro lado sin decir ni pío del holocausto… Afortunadamente, hay ejemplos de lo contrario, y así tenemos al padre Las Casas denunciando los abusos en las Indias, a los buenos misioneros jesuitas de Paraguay, a monseñor Romero asesinado por los paramilitares en Centro America por defender a los pobres. Pero esos santos ingénuos nunca representaron a la jerarquía católica, sino más bien fueron personajes molestos, ignorados o ninguneados por ella y despreciados por los poderes públicos.
Los jefes de la Iglesia Católica deberían recapacitar sobre los efectos negativos de una propaganda demasiado ostentosa. Porque el despilfarro nunca ha sido un buen ejemplo.

Miguel Ángel Pérez Oca

martes 15 de julio de 2008

NOS QUITAN LA FÁBRICA

Lo que son las cosas.
Cuando yo entré a trabajar en Tabacalera, en los años 60, fumar era un hábito elegante y sofisticado que practicaban los artistas de cine y las mujeres de mundo. Yo nunca fumé, a pesar de tener el tabaco gratis, porque siempre me pareció una pérdida de tiempo.
“El alcohol te pone alegre – me dije -, el sexo da gustirrinín, pero el tabaco, ¿qué placer proporciona el tabaco?”
Así que me decidí por practicar otros vicios más gratificantes. Cuando me fui, en enero del 2000, las cosas habían cambiado radicalmente y el tabaco era una droga letal que arruina la salud. Yo no lo niego, debe ser así, pero no sé por qué las autoridades sanitarias, esas que ponen cartelitos en las cajetillas advirtiendo de lo malo que es el tabaco, no se toman la misma molestia en decirnos lo malo que es el alcohol, la comida grasa y, sobre todo, las emanaciones del tubo de escape de los vehículos, poniendo los oportunos cartelitos en los salchichones, las botellas de wisky y la trasera de los autobuses. Si vamos a vigilar la salud pública, hagámoslo del todo, ¿no?
En fin, digo todo esto a raíz de la noticia de que una multinacional va a cerrar la Fábrica de Tabacos de Alicante.
El antiguo edificio de dicha Fábrica, en el barrio de San Antón, fue una institución en nuestra ciudad a lo largo de dos siglos, siendo su más importante instalación industrial hasta finales del siglo XIX. Compartía con el puerto su importancia económica y social; dado que ambos constituían los dos focos principales de empleo de la población obrera.
El edificio, de gran valor histórico, no estuvo destinado a la industria tabaquera desde su inicio. Fue mandado construir en 1751 por el obispo Gómez de Terán, para Casa de Misericordia y Palacio Episcopal. Fue el obispo don Francisco Cebrián quien, en 1801, cedió al Estado una parte de la finca, con el fin de establecer allí una Fábrica de Tabacos.
Gran número de mujeres alicantinas trabajaron en ella, siendo el número de cigarreras de 500 en 1801, 2.000 en 1828 y 6.200 en 1884, número que iría disminuyendo conforme se implantaban las máquinas para la elaboración de cigarrillos; y así, en 1939, ya sólo eran 881 las que allí estaban empleadas.
Destruida la dependencia en un pavoroso incendio, en 1844, la totalidad de las cigarreras salvaron la vida, atribuyéndolo a un milagro de la Santa Faz; siendo desde entonces tradición en la factoría conmemorar el suceso con una misa en el Monasterio de la Verónica y diversas fiestas en los talleres, tradición que se había mantenido hasta la actualidad.
En 1951 terminaron las negociaciones entre la Iglesia y Tabacalera por las que se cedían las propiedades eclesiásticas en la finca, incluida la Iglesia, a cambio de un solar cercano y la construcción de un nuevo templo, la actual parroquia de la Misericordia. Como consecuencia de la adaptación del edificio, desapareció la antigua nave central de la iglesia, así como la cúpula y la torre, y fue modificada la puerta principal, perdiéndose también gran parte de los claustros y demás estancias; lo que constituyó un daño irreparable al patrimonio artístico e histórico de la ciudad.
Por último, en el año 2004, la empresa Altadis cedió el edificio al Ayuntamiento de Alicante, a cambio del solar que hasta ahora ha ocupado su factoría en un polígono industrial de la periferia.
Si el cierre de la actual fábrica, con dos siglos de tradición, significara que el pérfido tabaco que en ella se produce ya no se va a colocar en el mercado, podríamos felicitarnos, pero no es así. Se trata de una maniobra típicamente empresarial y bursátil que, desde luego, no tiene nada de filantrópica. Se cierra esta fábrica para abrir otras en países donde el trabajador cobra menos y no hay tantos controles sanitarios. Así que es peor el remedio que la enfermedad.
Mientras, el viejo edificio sigue esperando a ver qué hace con él nuestro Ayuntamiento. No estaría mal que, entre otras cosas, albergara un museo de las cigarreras y su vieja industria, hoy obsoleta y desacreditada, pero con la que Alicante tiene una impagable deuda histórica.
Y a ver si se mojan nuestros políticos y defienden los intereses de los trabajadores perjudicados, que no tienen culpa de nada.

Miguel Ángel Pérez Oca.
(Leído en Radio Alicante el 15-7-2008)

martes 8 de julio de 2008

ALICANTE ESTÁ VIVO


Alicante Vivo es un blog informático con el que me siento profundamente identificado.
Su amor por esta tierra y su labor de divulgación cultural le hicieron merecedor del premio al mejor blog cultural de 2007, concedido por la Universidad de Alicante.
En él podemos ver viejas fotografías del Alicante que no pudo sobrevivir, interesantes entrevistas a personajes singulares de la terreta, reportajes sobre nuestra ecología, nuestra historia, nuestras fiestas, nuestros afanes… con un soporte informático excelente y un material gráfico, tanto en viejas fotos históricas como actuales, francamente excepcional. Alicante Vivo es el instrumento que necesitaba Alacant para no morirse, para pervivir en la conciencia de los alicantinos, para salvar una memoria histórica que no solo se centra en la pasada Guerra Civil, sino también en los afanes menudos, las anécdotas, los cuentos que nos han dado nuestra particular personalidad. Hay que amar mucho a Alicante para tomarse la molestia de mantener este magnífico blog, que día a día gana en calidad y despierta nuestro interés.
Mi hermano Eusebio y yo hemos colaborado con ellos con algunos artículos y narraciones. En mi caso, mis amigos de Alicante Vivo me suelen publicar las charlas que les leo a ustedes los martes en Radio Alicante, y tienen la delicadeza de no ponerlas en la red hasta que han sido leídas por mi desde esta emisora.
Nunca se nos ha censurado nada, nunca se nos ha dicho qué temas debíamos abordar, aunque algunos sean ajenos en principio al tema específico de Alicante; que esta ciudad no es un planeta aislado en los confines del cosmos, sino una parte maravillosa de esta aldea global en que se nos ha convertido el mundo, nos guste o no. La publicación de estos escritos es un favor que nos hacen los de Alicante Vivo, y un honor que yo nunca les agradeceré bastante.
Mientras quede gente como nuestros amigos, Alicante no morirá, pese a las asechanzas de los aprovechados que quisieran venderlo al mejor postor, y los menfotistas a los que todo les da igual. Porque, mal que les pese a algunos, Alicante cuenta con varias bocas por las que decir muy alto y muy claro lo que está bien y lo que está mal. Me refiero a la Plataforma de Iniciativas Ciudadanas, a los artículos que en la prensa publican personas de la valía de Manolo Alcaraz, Ángeles Cáceres, Cerdán Tato y otras moscas cojoneras, a la tribuna que nos cede la SER como ámbito de libertad radiofónica, a la Comisión Ciudadana para la recuperación de la Memoria Histórica y a nuestros amigos de Alicante Vivo. No necesariamente coincidimos todos los mencionados en cuestiones ideológicas y diagnósticos urbanos, pero sí, creo yo, en cuanto a honestidad intelectual y en amor por Alicante. Y eso es fundamental para la supervivencia de una población que, a pesar de ser un lugar privilegiado por el clima y la geografía, puede acabar siendo un remedo de Kansas City; o sea, una de esas ciudades fabricadas en serie por los señoritos del rascacielos, el ladrillo y el pelotazo urbanístico.
Voy a abrir el blog y darles la reseña de lo que pueden encontrar en él un día cualquiera:
Pequeña historia del Taxi en Alicante, con fotos históricas; La Costa Blanca a vista de pájaro, con excelentes imágenes aéreas; una reflexión histórica sobre las Germanías; un reportaje sobre el Camino del Cid en nuestra provincia; fotos de los Fuegos Artificiales y el Mercado medieval; viejas fotos para el recuerdo en la última entrega de Retratos de una Ciudad; biografías del médico y diputado republicano López Orozco y del escultor Bañuls, y vistas de la Cañada de Biar. Hay también una serie de llamadas que nos permiten visitar todos los artículos, entrevistas y fotos publicadas hasta la fecha.
En fin, gracias a Juan José, Arturo, Jesús, Rubén, Alfredo, Pau, Ernes y todos los que hacen posible Alicante Vivo.
Como dice uno de ellos en una presentación de fotos entrañables, acompañada de la música de “Suite of Pleasentville”: “El paralelismo de esta música con Alicante Vivo es enorme: una ciudad en blanco y negro, anclada en el pasado más rancio, que poco a poco recupera el color del progreso, la igualdad, la democracia…”
Es verdad.
Alicante sigue estando vivo.

Miguel Ángel Pérez Oca.
(Leído en Radio Alicante el 8-7-2008)

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martes 1 de julio de 2008

DICHOSO CAPITALISMO

Desgraciadamente, no sirve de nada ser un idealista.
Cada época histórica ha tenido el sistema socioeconómico más eficiente, en beneficio de la clase dirigente, a la que los demás siempre le han importado un bledo. Me dirán ustedes que esta es una visión pesimista de la sociedad. Pues, sí, lo es; porque uno ya está cansado de paraísos revolucionarios que hay que conseguir tras arduas y heroicas luchas. ¿Conocen ustedes alguna revolución que haya producido una sociedad justa e ideal? La revolución rusa acabó en las purgas de Stalin y la pseudo democracia de Putin, la mexicana en el P.R.I. y los tapados, la cubana en una gerontocracia senil, la China en Tian An Men y los fastos olímpicos. Para eso murieron tantos comunistas honrados, para eso fue asesinado el Che Guevara, para eso se luchó en la clandestinidad…
El capitalismo ha triunfado sobre el comunismo porque es más eficiente desde el punto de vista económico, aunque sea uno de los sistemas más inhumanos que ha producido la Historia. Proporciona un falso bienestar a los consumidores de los países ricos, mientras hunde en la pobreza y la violencia al Tercer Mundo. Aunque peor era en el Imperio Romano, donde las circunstancias históricas hicieron que el sistema económico más eficiente fuera el esclavismo. Cuando la producción de esclavos se agotó por falta de guerras de conquista, el Imperio de hundió, y el incipiente e idealista Cristianismo fue incapaz de sustituirlo por regímenes donde primase el amor al prójimo, sino que produjo la Inquisición. No hay nada que hacer.
Perdónenme, es que estoy cabreado por muchas razones convergentes que, por no cansarles, no voy a enumerar en su totalidad.
Verán: a mi la muerte no me produce tristeza sino rabia, indignación contra una naturaleza que también es injusta y favorece al fuerte. Y esta reflexión la hago a raíz de la muerte de Miguel Gutierrez, el fiscal que luchó toda su vida por la democracia y la justicia social, contra los abusos de los empresarios en materia de prevención de accidentes y salud laboral. Trabajó toda la vida por una sociedad humanista y por la recuperación de la memoria histórica y se nos ha ido con pocas satisfacciones cumplidas.
Estoy cabreado porque nuestra fábrica de tabacos de Alicante va a ser desmantelada a causa de que un señorito inglés, que no sabe nada de Alicante, le ha comprado unas acciones a un señorito francés, y ha hecho sus cuentas y piensa que es mejor montar sus fábricas en países donde el currante cobra menos. Dos siglos de tradición y señas de identidad se van a la porra. Ya no oiremos a las cigarreras gritar aquello de “Faz Divina, misericordia”; porque la única forma de que la Faz Divina pudiera evitar la extinción de esa especie fabril, sería que poseyera el capital suficiente para comprar las acciones al señorito inglés en una OPA hostil.
Estoy cabreado porque no entiendo las razones que hacen que el Hospital de San Juan funcione tan mal y esté tan pésimamente diseñado. ¿Han visto ustedes las maniobras que hay que hacer para acceder a las Urgencias de ese hospital, situadas en el rincón más recóndito y oscuro de sus instalaciones? Primero, tienes que rodear todo el edificio, pasando por una carretera de servicio llena de baches, capaces de terminar del todo con el paciente. Después, si llegas al fin a la entrada de Urgencias, no sabes dónde aparcar mientras das al facultativo de guardia los datos del enfermo. Nunca hay sitio, y si quieres ir al parking de pago, tienes que volver a darle la vuelta al edificio, porque su acceso es de dirección contraria, y después andar unos cien metros. Dentro, falta personal; hay veces que a las 11 todavía están las habitaciones sin limpiar. Hay instalaciones y medios que no funcionan, y lo sé por una experiencia reciente de la que prefiero no hablar. En fin, yo me digo que si los pacientes de ese hospital fuéramos todos millonarios, ¿verdad que funcionaría mejor?
Quizá de eso se trata, de privatizarlo todo, para que no quede una sola isla de solidaridad en este dichoso sistema; un sistema tan perfecto y diabólico que hasta concede a sus víctimas el derecho al pataleo y a la ilusión de que un mundo mejor es posible… dentro del sistema.
¡Dichoso capitalismo!

Miguel Ángel Pérez Oca.
(Leído en Radio Alicante el 1-7-2008)

martes 24 de junio de 2008

LA NIT DEL FOC LEJOS DE CASA

Detalle de la Hoguera Plaza Manila. Fotografía de nuestro compañero Elias Gomis

Pocas veces, en toda mi vida, me he perdido la Nit del Foc.
La primera vez fue en 1963. Las chicas del grupo folklórico que vivían en la pensión madrileña donde yo me preparaba para las oposiciones, me llamaban “el chiquito del cuadro”, porque cuando volvían a altas horas de la madrugada, siempre me veían ante mi ventana, que daba al patio central, en la misma postura, estudiando mis apuntes y mis libros. “Xiquiyo, que pareseh el personahe de un cuadro”, me increpaba Lola, la más dicharachera, que estaba empeñada en que las acompañara al tablao, a verlas actuar y a beberme con ellas unos vasitos de manzanilla. Pero esa noche no me sorprendieron leyendo, sino asomado a la ventana y mirando al cielo. A esas horas, en Alicante, los fuegos artificiales cruzaban el espacio con las llamas al son de “A la llum de les fogueres”, y mi corazón pugnaba por salirse del pecho y volar hacia mi tierra. “Xiquiyo, ¿qué haseh ahí, que te va a costipá?” “Nada, Lola – le contesté -, que esta noche es la Nit del Foc”.
Peor fue en 1966, en el Campamento de Reclutas de Ifni. Nos reunimos cuatro o cinco alicantinos, y a falta de coca amb tonyina, compramos unos bocatas de atún, y a falta de bacores nos tuvimos que conformar con higos chumbos. Tampoco pudimos esperar a las 12, porque el toque de silencio era a las 11. El caso es que nos comimos el bocata y los chumbos, regados con unos tragos de vino de origen indeterminado y nos fuimos a la piltra, en medio de aquella nada polvorienta y seca que nos rodeaba. Pero, a pesar del cansancio, no pude pegar ojo, ni mis paisanos tampoco, enfermos de nostalgia. Y me dio por pensar que un alicantino no es nadie si el 24 de junio está lejos de casa.
Al año siguiente yo ya era un veterano de las montañas de Ifni y la Noche de San Juan me deparó una cremá insólita. Estaba haciendo guardia en la frontera, entre chumberas y tabaibas. A lo lejos, se oía el aullido de los chacales. Con mi fusil al hombro y envuelto en una manta, me paseaba por la posición, junto a las alambradas, cuando ocurrió algo asombroso: Un bólido celeste cruzó el cielo, entre las estrellas, iluminándolo todo con una luz verdosa. Tras de sí iba dejando una larguísima estela, y la roca que formaba su núcleo giraba sobre sí misma mientras se iba consumíendo en nuestra atmósfera, procedente de quien sabe qué rincón del Cosmos. Cuando desapareció tras el horizonte, dejó en el aire nocturno un extraño sonido, como el ronroneo de un gato gigantesco. Y yo me quedé mirando a lo alto, fascinado, y recordé que en ese mismo instante, en mi Alicante, la Palmera del Foc estaría estallando sobre la Cara del Moro.
Me juré que nunca más me perdería la Nit del Foc. Nunca dejaría de comer coca amb tonyina la noche de la Plantá, ni me perdería las mascletás de la Plaza de los Luceros, ni dejaría de maravillarme con la Palmera que, a las doce un punto de la noche, preludia la fiesta del fuego.
Y sin embargo, hay algo que no me gusta en estas fiestas de ahora. Una querida amiga, tan alicantina como yo, me confesaba el otro día que huye de Alicante en estas fechas. Son muchos los alicantinos que prefieren estar fuera en los días más alicantinos de Alicante. ¿Por qué será? ¿Por qué nuestro jolgorio ha dejado de resultar atractivo para mucha gente? Los tiempos cambian, la tecnología moderna ha evolucionado mucho, y parafraseando a Lampedusa: “Habría que cambiarlo todo para que todo siga igual que antes”. Porque no es lo mismo cerrar las calles en los años cincuenta, cuando había mil coches en todo Alicante, que ahora que hay más de cien mil. No es lo mismo presenciar la cremá oliendo el sano humo natural de la madera y el cartón, que respirar los gases tóxicos y negros que desprenden los plásticos. Y no es lo mismo tener una barraca debajo de casa, con aquellas orquestinas de música suave e ingenua, que soportar las vibraciones de esos bafles que ahora destrozan nuestros tímpanos. Si los festeros quieren recuperar a los alicantinos fugitivos, tendrán que pensar muy bien qué cosas hay que modificar y controlar en nuestras fiestas. O al final, salvo la gente joven y unos pocos nostálgicos como yo, a la mayoría de los alicantinos les pillará la Nit del Foc lejos de casa.

Miguel Ángel Pérez Oca.
(Leído en Radio Alicante el 24-6-2008)

martes 10 de junio de 2008

EL POU DE LA NEU

Desde ningún lugar se domina nuestra comarca del Alacantí como desde el emplazamiento del viejo pozo de nieve conocido como “Pou del Surdo”.
Se encuentra en la parte más alta de la Carrasqueta, a la derecha del puerto de ese nombre, subiendo por un camino que ahora está asfaltado y que en mis viejos tiempos de montañero no era más que una senda entre carrascas y argilagas. Allá arriba, uno podía estremecerse contemplando el gigantesco, oscuro y confuso pozo con su cubierta destrozada por los elementos y el abandono, y la casa de los nevaters, convertida en una ruina. Ahora, afortunadamente, es diferente. El pozo está restaurado, con su cubierta de teja moruna en perfecto estado, y podemos asomarnos a la puerta enrejada y escrutar con la mirada la profundidad cilíndrica, destinada en otros tiempos a almacenar la nieve de la sierra. Y junto al pozo, la vieja casa de los nevaters es ahora un precioso hotelito con siete lindas habitaciones y unas impresionantes vistas de pájaro sobre la comarca, desde un agradable restaurante donde se puede degustar el giraboix, la olleta de blat, la pericana, carnes de caza y demás delicias de nuestra cocina montañesa.
Abajo, más allá de los frondosos bosques de pinos de las faldas de la Carrasqueta, un inmenso escenario nos relaja el ánimo, delimitado por los tremendos farallones de Aitana y el Cabeço d’Or, por la izquierda, y la Penya Mitjorn y el Maigmó por la derecha. Frente a nosotros, a partir del pueblo de Xixona, se extienden los campos del Alacantí, con sus desiertos pedregosos y sus fértiles vegas, sus pueblos industriosos y agrícolas: la Torre de les Maçanes, Mutxamel, Sant Joan, Sant Vicent del Raspeig, y al fondo, junto al telón del mar y el cielo, Alacant, con su castillo de Santa Bárbara y sus rascacielos, recortándose contra el azul cruzado por un horizonte que se cierra en los cabos de Las Huertas y Santa Pola, y la manchita violácea de la Isla de Tabarca. Un paisaje que se baña en sorprendentes luces, o que se esconde a veces cuando las nubes discurren por la atmósfera a un nivel más bajo que nuestro observatorio; que se enrojece en los crepúsculos, que se vuelve grisáceo bajo la lluvia o luminoso bajo el sol. Nunca se cansaría uno de contemplarlo.
En un lugar así, con un buen vino de la tierra y un buen plato de cocina sabia y tradicional, solo hace falta una buena compañía para sentirse uno cerca del cielo, y dejar pasar las horas en el pausado torrente de las palabras rotundas y los silencios elocuentes. Y es que hay sitios donde se siente la gracia del tiempo y de la vida como en ningún otro lugar.
El año pasado, subí con mi familia a comer giraboix al Pou de la Neu. Allí, Antonio, el gerente, nos enseñó el pozo y nos habló del duro trabajo de los nevaters de antaño. Alli me enteré de que existía un concurso literario-gastronómico patrocinado por este establecimiento, un concurso de cuentos que debía incluir en el relato una receta de cocina tradicional. Me entusiasmó la idea, me documenté, y me puse a escribir la imaginaria historia de una familia de nevaters que vivía los últimos días del negocio de la nieve; cuando la electricidad llegó a los pueblos y empezaron a instalarse fábricas de hielo: La áspera vida en la montaña, la carrera contra reloj entre el reparto del hielo por las localidades vecinas y su inevitable licuefacción durante el transporte a lomos de mulas o en tartanas; y, al final, el abandono, la ruina y el olvido de aquellos ya inútiles y enormes agujeros.
Cuando me dijeron que había ganado el premio, sentí como si los personajes del cuento, el tío Pere, la señora Concha y sus hijos Peret, Pauet y Marieta me dieran las gracias por haberme acordado de ellos. Me vi justificado, que es uno de los sentimientos más agradables que puede producirnos el oficio de escritor. Que para eso estamos, para homenajear a quien se lo merece y para denunciar a quien se lo tiene merecido.
El lunes que viene, 16 de junio, a las ocho y cuarto de la tarde, en la Sede Universitaria de la calle Ramón y Cajal, presentaremos públicamente la edición de este cuento, que he llamado “La última neu”. Si vienen ustedes a hacernos compañía, les regalaremos un ejemplar dedicado. Allí les espero.
Miguel Ángel Pérez Oca.
(Leído en Radio Alicante el 10-6-2008)

martes 3 de junio de 2008

LOS HERMANOS TONETTI

MIguel Ángel Perez Oca, durante la presentación de su libro "El Telescopio", en la Sede Universitaria

Los hermanos Tonetti eran unos magníficos payasos especializados en recibir bofetadas y poner cara de tonto. No me había reído tanto hasta que he visto a sus émulos: los señores Rajoy y Losantos.
Donde las dan las toman, el alguacil alguacilado, quien siembra vientos recoge tempestades, etc. etc. Nuestra lengua está llena de refranes y frases hechas que refieren, con singular regodeo, el hecho frecuente de que quien adopta una mala actitud suele recibir tarde o temprano una dura bofetada de la vida que, de manera inevitable, acaba devolviendo al insolente el trato que ha dado a los otros.
No me gusta hacer leña del árbol caído ni burlarme del que, cual clown de circo, recibe las bofetadas y se queda con cara de tonto. Pero es que hay veces que tiene uno que contenerse para no echarse a reír viendo al acusica de ayer convertido en objeto de rechazo o indiferencia de los que antaño le hacían el trabajo sucio.
Me pregunto cómo se sentirán el señor Rajoy y el señor Losantos, viendo cómo los que les apoyaban en la feroz campaña de insultos a todo el que no comulgara con ellos, ahora los dejan con el culo al aire; cuestionando el liderazgo del que ahora quiere cambiar de chaqueta y lavándose las manos ante las denuncias del ofendido Gallardón por las acusaciones del otro. Cuanta ingratitud, deben pensar ambos, ante la deserción a dos bandas de la aristocrática Aguirre, el telefónico Zaplana, el inefable Acebes, María San Gil y unos cuantos más.
El otro día, ante la tele, alucinaba viendo al jovencito repeinado, a la señora de colorete y permanente y al anciano con aspecto de jubilado de alto estanding, hablar en contra del jefe del PP con los mismos argumentos con los que antes condenaban al diabólico Zapatero. La verdad es que solo fueron 200 a la manifestación hostil, porque la gente no es tonta y, salvo estos casos de candidez enternecedora, no se puede ser tan inocente que no comprenda uno que lo están manipulando. El aludido y vilipendiado Rajoy conoce muy bien estos mecanismos, que él utilizó durante toda la terrible legislatura pasada hasta la saciedad, auxiliado por sus colaboradores, que ahora se han marchado dejándolo solito. Él sabe muy bien que quienes animan a los integristas incondicionales que el otro día aullaban en su contra a la puerta de la sede de Génova, mienten y saben que mienten, de la misma manera que él y sus muchachos mentían y sabían que mentían. Y ahora recibe un chaparrón que no debiera provocarle ninguna sorpresa.
Ahora, parece ser que el señor Rajoy, en vista de que la agresividad y las veleidades de extrema derecha no le han resultado rentables, quiere centrarse, hacerle un guiño camaleónico al votante indefinido de la zona central del espectro. Hay que cambiar, nos dice, y parece insinuarnos algo más: Lo que pasa es que hasta ahora fue un rehén de Aznar, preso, como entre una pareja de la Guardia Civil, por sus acompañantes impuestos Acebes y Zaplana. Por eso se ha deshecho de ellos y le ha enseñado los dientes a El Mundo y la COPE, mientras se arrima a Gallardón; a ver si así nos da el pego y nos creemos que siempre ha sido un progresista frustrado y secuestrado por la extrema derecha.
¡Que no me lo creo! Que si hubiera sido un conservador moderado convencido, como quiere hacernos creer ahora, hubiera tenido el rasgo moral de dimitir y, entonces sí, podría haber largado en los medios, con la autoridad de quien antepone la honestidad ideológica a las perspectivas de poder. Rajoy y los suyos, sin la más mínima decencia política, jugaron a ser Gil Robles y perdieron, porque nos asustaron al personal con tanto “Se rompe España”, “Zapatero traidor que negocia con ETA” y tanta gaita. Y ahora él quiere desprenderse de sus comprometedores cómplices y que nos creamos que es Kennedy; y lo que aún resulta más insólito, que se lo crean los hooligans de extrema derecha que estuvo amamantando durante cuatro años y que ahora se vuelven contra él.
En cuanto al agresivo y desagradable Jiménez Losantos, la cara de tonto que se le puso en el pleito del otro día fue de antología, y sus desahogos verbales en la COPE, dándole caña a los que antes le daban la razón, patéticos y tragicómicos.
En fin, que donde las dan las toman.

Miguel Ángel Pérez Oca.
(Leído en Radio Alicante el 3-6-2008)

martes 20 de mayo de 2008

ADRIÁN


Fue él quien me propuso pertenecer a la Plataforma de Iniciativas Ciudadanas.
Era una tarde en la Sede Universitaria. Estábamos realizando alguna actividad del juego literario de Terratrémol, con nuestro amigo Mariano Sánchez Soler. Al terminar, se formaron a la puerta los clásicos corritos donde unos y otros conversábamos antes de marchar a nuestras casas. Manolo Alcaraz y Adrián hablaban de algo interesante, y ambos me miraron por un momento. Entonces, Manolo me llamó.
“Oye, Miguel – me dijo - ¿Quieres pertenecer a la PIC? Me ha dicho Adrián que nos vendría bien tener a otro escritor entre nosotros”.
Y yo respondí que sí, y me sentí alagado de que contasen conmigo.
Ahora pienso que quizá Adrián ya presentía un próximo y triste desenlace, y que quería dejar a otro escritor que pudiera sustituirle en la Plataforma. No sabía, o no quería saber, que él era y sigue siendo insustituible.
Poco después, lo llamé por teléfono para quedar en la Sede a preparar no recuerdo qué trabajo literario que íbamos a emprender con otros amigos, y me constestó: “Hoy no voy a poder estar con vosotros. Tengo que ir al médico a hacerme unas pruebas”.
La siguiente noticia que tuve de él, fue el terrible anuncio de su enfermedad.
A menudo preguntaba a los amigos que le tenían más confianza, para que me dijesen cómo le iba, y cómo se lo estaba tomando. No quería importunarlo. Temía ser indiscreto. Porque todos sabemos que Adrián era muy suyo. Pero lo tenía muy presente en mi pensamiento.
Por fin, otro día, Mariano me dijo que se iba a presentar un libro con una recopilación de sus mejores artículos, un libro cuyo título, elegido por él, resultaba muy propio de su irónico sentido del humor: “Lo que son las cosas”.
Esa tarde, en la librería “80 Mundos”, todos teníamos el corazón encogido. Sobre nosotros flotaba un espeso aire de despedida. Adrián iba a presentarnos “su último libro”, y la frase sonaba temible en su doble sentido.
Apareció ante sus admiradores con una gorra de visera en la cabeza, bastante deteriorado, y todos dimos un respingo…
Y entonces, un magnífico Adrián, ingenioso, dominador de sus terrenos, genial, se nos mostró como siempre, o mejor dicho, como nunca.
Adrián era mucho Adrián para dejarse vencer por una estúpida enfermedad. Acabamos riéndonos todos, a mandíbula batiente, con las aventuras de su gato diabético y sus observaciones sobre los españoles estreñidos.
Le pedí que me dedicara un ejemplar y me escribió en la primera página: “A Miguel Ángel, compañero de trabajos artesanos”.
Propio de él, muy propio de él. Lúcido y definitivo, porque ¿qué otra cosa es la literatura sino una de las últimas artesanías que quedan en el mundo?
En esas circunstancias conocí a su Teresa, dulce y entera, frágil y fuerte a un tiempo, arrostrando ella también sus problemas de salud. “Qué pareja más valiente – pensé -, nada podrá nunca con ellos”.
Jamás he sentido, en toda mi vida, mayor respeto por alguien, y esta vez por partida doble.
Aún vino a la comida de la PIC, en la anterior Semana de la Ciudad, cáustico y lúcido, como siempre… y después nos dejó y se marchó a su estrella; una que, contraviniendo las inexorables leyes del Cosmos, se las apaña para lucir siempre sobre Alicante.
Este sábado pasado, algunos compañeros escritores le hemos dedicado un homenaje muy sentido.
Manolo Alcaraz, Luis Amat, Luis Bonmatí, José Luis Ferris, Jesús Moncho, Llum Quiñonero, Ángeles Cáceres y un servidor nos comunicamos literariamente con el otro mundo y conversamos con él, y le contamos las últimas barrabasadas de nuestros ediles. A la noche, en Clan Cabaret, la Plataforma le dio el primer Premio “Adrián López” a Ángeles Cáceres que, sin lugar a dudas, es la más indicada para recoger su antorcha.
-El premio – nos dijo al recibirlo – me lo ha dado Adrián.
Ángeles nos contó una anécdota: La llevaban una vez a bordo de una silla de ruedas por un pasillo del hospital, aquejada de un terrible cólico nefrítico, cuando oyó a sus espaldas la inconfundible voz de trueno de Adrián, que le decía: “Coño, Cáceres, cada vez que te veo llevas un coche más cutre”.
Creo que he tenido mucha suerte al caminar con esta gente maravillosa un trecho de mi ya larga andadura.

Miguel Ángel Pérez Oca.
(Leído en Radio Alicante el 20-5-2008)

lunes 19 de mayo de 2008

PRESENTACIÓN DEL LIBRO "EL TELESCOPIO"


Nuestro amigo y compañero Miguel Ángel Perez Oca, presenta el lunes 26 de mayo de 2008 su libro "El Telescopio".
Publicado por la Editorial Club Universitario (la misma editorial que ya publicó hace unos años una de sus grandes obras, "25 de Mayo: La Tragedia Olvidada"), el acto tendrá lugar en la Sede Universitaria de Alicante, a las 20:15 horas.
Como todos sabéis, Miguel Ángel lleva mucho tiempo participando en el programa de Vicente Hipólito "Hoy por Hoy", con la sección "El Telescopio". En ella, da un repaso general a diversos temas con su pluma hábil y afilada que tanto le caracteriza.
Desde hace unas semanas, Alicante Vivo tiene el privilegio y la fortuna de contar con Miguel Ángel de colaborador, y publicar semana a semana los mismos artículos que lee los martes en la Cadena Ser.
Desde este blog (el suyo, como bien sabe), le deseamos la mejor de las suertes y el éxito más embriagador.
Nosotros no faltaremos a la cita...
Y, por supuesto, le pediremos a nuestro amigo que nos firme algunos ejemplares.
Os mantendremos informados.

viernes 16 de mayo de 2008

UN PASEO POR ALICANTE

Siempre me ha gustado pasear por Alicante.
¡Qué delicia!
Salir de casa muy pronto, en uno de esos días de Invierno soleado, con el fresquito de la mañana en el rostro, y darse un garbeo por el Paseo de Gomiz o por las alturas del Barrio de Santa Cruz, bajo la mirada impávida de la Cara del Moro.
Ya desde muy joven, los domingos, me iba hasta la punta de la farola del puerto, y contemplaba a mi Alicante mientras olía ese peculiar aroma marino de salitres y breas, bajo los chillidos indiscretos de las gaviotas, que se disputaban la morralla que tiraban al mar los pescadores, seleccionando sus capturas.
O me relamía contemplando las bateas de las mejilloneras, con sus cuerdas colgantes, repletas del tesoro que después uno podía devorar en forma de mejillones al vapor en el Bar Marítimo o en la Mejillonera, cercanos a Correos y a la plaza que un día se llamó “de las barcas”.
Después me hice montañero y alguna vez, desde lo alto de la Carrasqueta, veía Alicante, allá abajo, junto al mar, guardado por sus dos castillos y los dos cabos que cierran su bahía, vigilada por la isla de Tabarca.
Alicante y sus alrededores, a vista de pájaro, junto al pozo de nieve que ahora es el hotelito Pou de la Neu. Pero, andar por las tierras amadas y comprobar que conservan su belleza es un placer que no siempre nos está permitido.

Este fin de semana, participando en los actos de la Quincena de la Ciudad, organizada por la Plataforma de Iniciativas Ciudadanas, he dirigido dos “Paseos Terretrèmol”: uno por la ciudad que pudo haber sido y no es, y el otro por el Castillo de Santa Bárbara y sus murallas.
Me ha acompañado una treintena de amigos curiosos, la mayoría forasteros de nacimiento, de los que se interesan por la ciudad más que sus menfotistas habitantes de toda la vida.
Vamos, como para exigirles ese absurdo contrato que, para los extranjeros, promueve el President Camps, con el compromiso de adoptar las costumbres valencianas.
Ya quisiera yo que los nativos alicantinos amaran y se preocuparan por su ciudad tanto como ellos.
El sábado comenzamos visitando el Parque de Canalejas o “paseo de los animales amputados”. Todas sus estatuas están tullidas: los leones no tienen rabo, los peces no tienen cola, los perros no tienen cara. Horroso y lamentable testimonio de la desidia de quien debiera velar por la belleza urbana…
¿Y eso de la desidia qué es?
Nos diría algún personaje que yo me sé, al que sólo importan costes y beneficios.
La Casa de Alberola, con una torre moderna incrustada en su decimonónico vientre, es uno de los tres monstruos urbanísticos que horrorizan a las mentes sensibles.
Otro es el rascacielos del Hotel Gran Sol, la única construcción de esa altura, en todo el mundo, con dos paredes medianeras que, por mucho que el pobre Xavier Soler se esmerase en decorar con su bello mosaico, no dejan de ser unos lienzos lisos e incomprensibles.
Y como colofón, el edificio del antiguo Gobierno Militar, en extraña mezcolanza con una casa de estilo indefinido, como una criatura de Frankenstein hecha de cemento, ladrillo y piedra.
A esto sumemos los monumentos que no conmemoran nada, como ese dedicado a Agamenón, frente al Teatro Principal, que le hace pensar a uno si es que ese personaje homérico, al terminar la Guerra de Troya, se vino a Alicante a diseñar el Plan de Ordenación Urbana, que aún no se ha aprobado desde aquellos remotos tiempos.
La pasarela de la Playa del Postiguet, que nos conduce suavemente a una escalera impracticable para las sillas de ruedas, es otra de tantas aberraciones y despropósitos. El domingo, desde las alturas de Santa Bárbara, pudimos apreciar el conjunto y, en el horizonte, la amenazadora perspectiva de un futuro y demencial Plan Rabasa…
¡Qué barbaridad!
Parece que esta ciudad, durante siglos, ha sido diseñada por unos locos que, en vez de ofrecernos un conjunto urbano acorde con el maravilloso clima y la luz que dio nombre a la población, se hubieran empeñado en demostrar que no todo puede ser bueno y que la suciedad y las barbaridades urbanísticas son el precio que hemos de pagar por vivir en esta tierra de brisa, sol, palmeras y horchata.
Qué pena, señor Alcalde.
Con el gusto que da pasear en una mañanita de mayo.

Miguel Ángel Pérez Oca.
(Leído en Radio Alicante el 13-5-2008)

martes 6 de mayo de 2008

EL SEÑOR ZAPLANA Y LA PLUSVALÍA INVERSA

Decía Carlos Marx, cuando a Carlos Marx todavía le hacía caso alguien, que se llama “plusvalía” a la diferencia que hay entre el valor real del trabajo realizado por un asalariado y el sueldo que recibe. Y esa diferencia constituye el beneficio del capitalista que ostenta la propiedad de los medios de producción. Sin embargo, en teoría, podría darse el caso de una plusvalía inversa, es decir, que un trabajador recibiera de su patrón un sueldo mayor que el que se merece por lo que trabaja.

Estos días, en la prensa y la radio, me he enterado de que el ex President de la Generalitat Valenciana, ex senador, ex ministro, ex portavoz del PP. y ex diputado raso don Eduardo Zaplana lo deja todo y se va a trabajar a Telefónica, con unos emolumentos de dos millones de euros anuales. Sí, han oído ustedes bien, dos millones de euros, o sea unos 332 millones de pelas de las antiguas; unas 140 veces el sueldo de un mileurista. Qué quieren que les diga, no me puedo creer que nadie sea capaz de realizar un trabajo que merezca un sueldo 140 veces superior a otro. No me lo puedo creer. Ya sabemos que, por la ley de la oferta y la demanda, hay cineastas y deportistas famosos, creadores de riqueza y entusiasmos, que obtienen ganancias similares y aún superiores; pero no llego a comprender cómo el señor Zaplana, por muy listo que sea, que sin duda lo es, pueda hacer ganar a su empresa más de 332 millones de pesetas al año con su abnegado trabajo. Que no, que no me lo puedo creer. Que no me creo que nadie valga 140 veces más que otro. Porque, en mi ingenuidad, pienso que, así como todos somos iguales ante la ley y todos los votos valen lo mismo, debería ser igual en el trabajo.
Lo más grave de esto es que las empresas telefónicas ganan enormes fortunas con el rollo de los móviles y demás, fortunas que pagamos entre todos los usuarios. A partir de ahora, cada vez que vea el recibo de Telefónica me voy a acordar del señor Zaplana. Porque esos 332 millones se los estoy pagando yo… y usted, y usted, y usted.
Y es que, desde que vi cómo Telefónica era puesta en manos de un compañero de pupitre del cole del señor Aznar, tuve el pálpito de que las empresas privatizadas, que antes eran propiedad del pueblo español, fueron adjudicadas a una serie de tipos listos, de esos que obtienen plusvalías inversas en las empresas donde dicen trabajar.
Yo me he pasado la vida currando de administrativo en una empresa estatal y me consideraba parte de ella, como todos mis compañeros veteranos. Por eso, de vez en cuando, nos fastidiaba mucho que un señorito, que nunca había trabajado allí, fuera colocado por razones políticas a decidir la suerte de nuestra compañía. Pero el colmo fue cuando ésta fue privatizada y entregada a un señor que después, o antes - ya no me acuerdo -, mandaba en Telefónica. Porque esa es otra: esta gente vale para todo. Nosotros, los trabajadores, nos tenemos que formar y especializar, debemos superar difíciles y reñidas pruebas para entrar en plantilla y ganar nuestro modesto sueldo, y luego llega un alto ejecutivo de estos y se pone enseguida a mandar y a cobrar una fortuna, aunque meta la pata impunemente; cosa que ocurre muy a menudo. Pues bien, al señorito de turno le faltó tiempo para fraccionar nuestra empresa y venderla a nuestros rivales extranjeros. ¿Alguien preguntó a sus trabajadores si estaban de acuerdo? ¿Y al pueblo español, legítimo propietario de esta compañía estatal desde hacía varios siglos, se lo preguntó alguien? Afortunadamente, cuando este triste desenlace se produjo, yo ya me había prejubilado. Nunca he tomado una decisión más sabia.
Nos dicen que vivimos en una democracia política, y es cierto, pero ¿que hay de la democracia económica? ¿Por qué el que pone dinero una sola vez manda para siempre, como propietario, y el obrero que pone su trabajo toda la vida, no tiene ni voz ni voto? ¿Cuándo el trabajador podrá elegir a sus jefes? En fin, perdónenme, es que soy un utópico y un visionario, ¿saben?
En cambio, el señor Zaplana no tiene nada de utópico; a él le va muy bien en esta sociedad de hoy día, y por eso es ultra conservador, como su amigo Acebes. Otro al que también habrá que colocar con plusvalía inversa.

Miguel Ángel Pérez Oca.
(Leído en Radio Alicate el 6-5-2008)

martes 29 de abril de 2008

QUINCENA DE LA CIUDAD

El año pasado, por estas fechas, la Plataforma de Iniciativas Ciudadanas, a la que pertenezco, organizó una Semana de la Ciudad que pretendía ofrecer a los alicantinos la oportunidad de reflexionar sobre la complejidad del Alicante actual, sus problemas y las posibles soluciones a los mismos. El éxito fue tan rotundo que hemos decidido, en la edición de este año, ampliar su duración de semana a quincena.

Las conferencias, mesas redondas, talleres, itinerarios ciudadanos, encuentros y debates se desarrollaran entre los días 5 y 17 de mayo, en distintos sitios, como la Sede Universitaria de la calle Ramón y Cajal, el Colegio de Arquitectos de la plaza de Gabriel Miró, el Centro 14 de la calle de Labradores, el Club Información, la Casa de la Cultura de Mutxamel y por las calles de Alicante y nuestro castillo de Santa Bárbara.
Las conferencias estarán a cargo de prestigiosos ponentes, profesores universitarios como el Dr. Jorge Olcina, el profesor Carlos Gomez Gil, el rector de la Universidad de Alicante don Ignacio Jiménez Raneda, el ex rector don Andrés Pedreño, el geógrafo don Juan Romero y doña Carme Trilla, de la Generalitat de Cataluña, que tratarán temas sobre la globalización y la vivienda.
Habrá interesantes debates, como el dedicado a Pensar la Comarca, que coordinan el profesor Ramiro Muñoz y el artista Arcadio Blasco; la exposición de nuestra Plataforma sobre la Sociedad Civil ante el Plan General de Ordenación Urbana; y un debate sobre el Estado de la Ciudad, todos ellos con participación de personalidades y colectivos profesionales, sindicales y políticos.
Habrá talleres de Urbanística y Arquitectura y Jornadas sobre Medio Ambiente Urbano, y en el terreno lúdico una serie de proyecciones de películas representativas de famosas ciudades del mundo.
Se realizaran tres recorridos urbanos dedicados a visitar un Alicante que pudo haber sido y no fue, una visita histórica a nuestro Castillo de Santa Bárbara, y un último itinerario dedicado a los lugares de la Guerra Civil en Alicante.
Por último, el sábado 17 estará dedicado a la memoria de nuestro compañero Adrián López, uno de los fundadores de la Plataforma, fallecido el pasado año y que estuvo con nosotros, pensando Alicante, hasta el último momento de su fecunda vida. Haremos una velada “Adrián López”, con intervención de conocidos escritores alicantinos que leerán sus trabajos; una cena de la Plataforma, a la que se anima a acudir a todo el que quiera, y, después, en el Pub Clan Cabaret, procederemos a entregar el Premio Adrián López de este año a la escritora y periodista Ángeles Cáceres. Este premio se ha constituido para resaltar la personalidad de quienes desde su tribuna pública o su trabajo luchan por un Alicante mejor y más humano; y se entregará anualmente, a partir de ahora.
La intención de nuestra Plataforma es trabajar, no destruir ni criticar porque sí. Nuestro interés no es el de constituirnos en los aguafiestas de la ciudad; aunque por desgracia son muchas las cosas a criticar y los peligros de que advertir a la ciudadanía. Nosotros queremos concienciar a la gente alicantina, aportar ideas y reflexiones sobre la necesaria mejora de nuestra ciudad, para que, por fin sea verdad aquello de que “Alacant es la millor terra del Mon”. Que no tengamos que avergonzarnos al recorrer sus calles; que no se nos amenace con la construcción de monstruos como el Plan Rabasa, mientras veinte mil viviendas del centro se caen a pedazos sin un buen plan de rehabilitación. Que no se tire el dinero de los contribuyentes lanzando luz del alumbrado público en la dirección equivocada, por no contar con farolas adecuadas. Que se realce la ciudad con buenas obras públicas, con disposiciones adecuadas y con la intención de favorecer al pueblo alicantino y no a los especuladores. Todo ello, aportando ideas y críticas constructivas, arrimando el hombro y pidiendo colaboraciones. Y exigiendo a los políticos que cumplan con su obligación.
A ver si un día nuestra ciudad se convierte en un lugar tan maravilloso y acogedor como se merece, y nosotros ya no hacemos falta. Entonces nos disolveremos tranquilamente, con los deberes hechos, ya que nuestro único interés se llama Alicante.

Miguel Ángel Pérez Oca.
(Leído en Radio Alicante el 29-4-2008)

martes 15 de abril de 2008

EL TELESCOPIO: HISTORIAS DEL CASTILLO DE SANTA BÁRBARA (3)

El Telescopio: Historias del Castillo de Santa Bárbara (2)

Corría el año 1812. Desde lo alto del baluarte de la Ampolla, junto a la ermita de Santa Cruz, el capitán de artillería don Vicente Torregrosa apuntó con mucho cuidado su cañón y dio la voz de fuego. Esperó, tras la detonación, mirando con su catalejo hacia la ermita de Los Ángeles, hasta que vio surgir allí una gran polvareda. El proyectil había dado de lleno en el potente obús instalado por las tropas francesas, que poco después se volvían a Valencia, incapaces de enfrentarse a la artillería del castillo de Santa Bárbara. Los soldados de Napoleón jamás entraron en Alicante.
Sin embargo, en noviembre de 1823, los Cien Mil Hijos de San Luis, venidos de Francia para implantar la monarquía absoluta de Fernando VII, entraban en la ciudad y su castillo, abandonados horas antes por el comandante Chapalangarra y gran número de liberales; siendo nuestro puerto el último lugar de España donde tuvo vigencia la Constitución de 1812.
Desde el final de la Guerra de la Independencia, Alicante había sido un escenario destacado de la lucha entre demócratas y absolutistas. Ya en ese mismo año de 1823, los hermanos Bazán, Bartolomé Arques y otros liberales desembarcaron en Santa Pola, siendo capturados por el gobernador absolutista Fermín de Iriberri, de temible recuerdo, quien los torturó y los mandó ejecutar, negándoles incluso la comunión. Muerto Fernando VII, el reinado de Isabel II se debatiría entre gobiernos autoritarios y otros más o menos democráticos.
En 1844, el coronel de carabineros Pantaleón Boné se alzó en Alicante en defensa de la Constitución, mientras, en un audaz golpe de mano, su lugarteniente Martín Empecinado, hijo o sobrino del famoso guerrillero, se hacía con la fortaleza. El gobierno de Madrid mandó al General Roncalli, desde Valencia, a sofocar la rebelión y se estableció un cerco que intentaron romper los sitiados en varios intentos fallidos, siendo capturados varios oficiales de Boné, que fueron fusilados en Villafranqueza. Ante la férrea actitud de los sitiadores, el capitán Empecinado decidió traicionar a su jefe y pactó en secreto con el general Roncalli, a cambio de inmunidad, entregándole el castillo. Y así, desprovisto del baluarte y a merced de sus cañones, Pantaleón Boné tuvo que huir de Alicante, siendo capturado cerca de Sella. Otros destacados liberales alicantinos habían partido del puerto a bordo de barcos extranjeros, en una escena repetida varias veces en nuestra historia. Boné y sus más cercanos colaboradores fueron fusilados en el malecón, en humillante postura de espaldas y de rodillas. Pero el pueblo alicantino guardó su memoria y llamó a aquel lugar Paseo de los Mártires de la Libertad. Años más tarde, ya con un gobierno liberal, se alzó en la Plaza del Mar un airoso monumento, obra de Bañuls, en honor a aquellos héroes. Hoy, ese paseo es nuestra Explanada. En cuanto al monumento, sería destruido en 1939 por los franquistas, a los que molestaba la palabra “libertad”.
La última acción de guerra en la que intervino nuestro castillo fue el bombardeo de Alicante por la fragata Numancia, de los cantonales cartageneros, en 1873. Veinte años más tarde, fue despojado de sus ya inútiles cañones, y en 1929 fue entregado, para su solaz, al pueblo de Alicante.
En 1939, la Guerra Civil finalizó precisamente en nuestra ciudad, cuando los últimos combatientes republicanos fueron confinados en el Campo de los Almendros y el castillo. Alicante iba a ser de nuevo el último refugio de la democracia española, así como de la constitución de 1931. Por aquel entonces la fortaleza era utilizada como prisión, quedando en el suelo de alguno de sus baluartes los nombres de los prisioneros, grabados en la piedra; y durante años, hasta que vino el turismo y se construyeron los ascensores, sería dedicada a refugio de indigentes.
Nuestro Castillo de Santa Bárbara y su Cara del Moro constituyen el más importante icono de la ciudad y así figuran en su escudo. Sería una imperdonable falta de respeto mancillar su airoso perfil con funiculares, trenes cremalleras, anfiteatros, bares y restaurantes, que alterasen la paz de unas piedras que de siempre nos han amparado a lo largo de nuestra venerable historia.

Miguel Ángel Pérez Oca.
(Leído en Radio Alicante el 15-4-2008)

martes 8 de abril de 2008

EL TELESCOPIO: HISTORIAS DEL CASTILLO DE SANTA BÁRBARA (2)

EL TELESCOPIO: HISTORIAS DEL CASTILLO DE SANTA BÁRBARA (1)

A finales del siglo XVII el viejo castillo medieval seguía luciendo sus almenadas torres en lo alto del Benacantil, aunque el antiguo albacar había sido convertido en una impresionante fortaleza por orden de Carlos V y Felipe II. La ciudad había ampliado sus murallas, que ya abarcaban el nuevo arrabal cristiano y bajaban hasta el mar por lo que hoy es la Rambla de Méndez Núñez; y el Pantano de Tibi regaba la fértil huerta de la Condomina, plagada de torres defensivas contra los piratas berberiscos. El último rey de los Austrias, Carlos II el Hechizado, languidecía en la Corte, sin descendencia, enfrentando su decadente imperio, su débil mente y su enfermiza persona a las ambiciones de Luis XIV de Francia.
El 21 de julio de 1691, una flota francesa de cincuenta barcos, mandada por el almirante d’Estrees, fondeó en nuestra bahía e intentó tomar la ciudad, disparando contra ella más de 3000 proyectiles de cañón, hasta que el día 25 fue puesta en fuga por una flota española venida en socorro de Alicante. Había sido destruido el ayuntamiento renacentista, y las iglesias de San Nicolás y Santa María sufrieron importantes daños, mientras la totalidad de las casas próximas al mar habían sido destruidas por las llamas. Los cañones del castillo y los del baluarte de San Carlos, recién instalado en lo que hoy es la Plaza de Canalejas, habían estado contestando al fuego enemigo, desarbolando a uno de los barcos franceses, mientras los soldados austriacos que guardaban el castillo y los paisanos de Alicante, incluidos los frailes franciscanos, luchaban con heroísmo hasta agotar todas las municiones. Aún hoy, desde el Paseíto de Ramiro, se pueden ver las huellas de aquellos cañonazos, incluida alguna bola de hierro incrustada en la pared de la iglesia de Santa María.
Años después moría el rey Carlos II, dejando el trono a Felipe de Borbón, hijo de su sobrino Luis, que a su vez era el delfín o heredero del trono francés. Alicante juró fidelidad al nuevo rey, mientras en Europa estallaba la guerra de Sucesión, en la que Francia apoyaba a Felipe, mientras los ingleses y los austriacos defendían los intereses del Archiduque Carlos de Austria. Alicante sufriría las consecuencias.
En enero de 1706, un desorganizado ejército popular de “maulets” austracistas, después de entrar a saco en Mutxamel, pretendió tomar Alicante, pero fue rechazado por la artillería del castillo, defendido por los franceses del general Mahony.
En junio de ese mismo año, una flota inglesa bombardeó la ciudad durante 8 días, mientras una tropa de ingleses y holandeses desembarcaba en el Babel y tomaba la ciudad. Mahony se hizo fuerte en el castillo, hasta que en septiembre, falto de víveres, hombres y municiones, tuvo que rendirse. Y aquí se quedaron los ingleses durante dos años, al mando del valeroso John Richard.
Tras el triunfo borbónico de Almansa, el general D’Asfeld se presentó en Alicante en noviembre de 1708, dispuesto a desalojar a los ingleses. Tomó la ciudad y sitió el castillo, y ante la resistencia de la fortaleza, se propuso volarla con una potente mina cargada con 1500 quintales de pólvora. El 28 de febrero de 1709 se produjo la gran explosión, volando gran parte del antiguo castillo medieval, con su airosa torre del homenaje, y abriendo en el Benacantil la tremenda herida que aún hoy se puede ver junto a la Cara del Moro. Richard y muchos de sus oficiales murieron sepultados por los escombros; aunque los ingleses supervivientes todavía aguantarían en la fortaleza hasta mediados de abril, cuando una flota inglesa acudió a rescatarlos y se marcharon con todos los honores.
Alicante y su castillo habían quedado muy maltrechos, y la población había pagado su lealtad con vidas y haciendas. Felipe V concedió a nuestra ciudad los títulos de “Ilustre” y “Siempre Fiel” y le devolvió la prerrogativa de tener voto en Cortes. Hecha la paz, vinieron tiempos de prosperidad, se construyó el nuevo ayuntamiento, se repararon iglesias y viviendas y se reformó la fortaleza, arrasando sus viejas y ruinosas torres medievales para construir en el macho una amplia y despejada plataforma de artillería.
Y así adquirió el familiar aspecto que hoy le conocemos.

Miguel Ángel Pérez Oca
(Leído en Radio Alicante el 8-4-2008)

martes 1 de abril de 2008

EL TELESCOPIO: RIDÍCULO EN EL PUERTO

El pasado domingo tuvo lugar una manifestación que recorrió el centro de Alicante, entre la Plaza de Toros y el Puerto. Estaba convocada por la Comisión Cívica para la Recuperación de la Memoria Histórica, con adhesiones de importantes personajes españoles y extranjeros, como Paul Preston y Ian Gibson.

El 30 de marzo es la efemérides de la entrada en Alicante de la División Littorio, formada por fascistas italianos a las órdenes del general Gambara, y marca el triunfo definitivo de las tropas franquistas y el fin de nuestra Guerra Civil. Dos días más tarde, decenas de miles de refugiados republicanos estaban acorralados en el puerto, donde esperaban a los barcos del exilio que nunca llegaron. Salvo 3.000 que pudieron salir a última hora en el vapor británico Stambrook, al mando del heroico capitán Dickson, todos los demás fueron concentrados en el Campo de los Almendros, desde donde serían remitidos a la Plaza de Toros, cines de la ciudad, castillo de Santa Bárbara y, sobre todo, el campo de concentración de Albatera, donde les aguardaban los pelotones de fusilamiento, las torturas, el hambre y, en el mejor de los casos, largos años en las cárceles de la posguerra.

El motivo de esta Marcha Cívica, segunda edición de la que por estas fechas del año pasado se hizo al Campo de los Almendros, era reivindicar ante nuestro Ayuntamiento y ante la Autoridad Portuaria, la erección de dos monumentos conmemorativos de estos hechos y honrar así a los demócratas que sufrieron persecución del Franquismo por el delito de haber defendido la constitución republicana, la democracia y la libertad. Hoy, que ya nadie, o casi nadie, se autocalifica de franquista, cuando todos los políticos de este país, sean de derechas o de izquierdas, se reconocen demócratas de toda la vida, no se comprende que a nadie le pueda ofender este modesto desagravio a quienes nos precedieron en el ejercicio de la libertad y la ciudadanía ejemplar, y pagaron por ello con la vida o las penalidades más injustas.
La manifestación, formada por un millar de personas, llenaba la Rambla de Méndez Núñez, y flameaba pacíficamente banderas republicanas; como no podía ser menos, tratándose de un homenaje a quienes defendieron con dignidad y heroísmo tan venerable enseña. Personalmente, debo dejar constancia de que es la democracia y su perfeccionamiento lo que me motiva políticamente. Y que sus instrumentos, ya sean estos los propios de una monarquía constitucional o de una república, me parecen secundarios; porque son los fines y no los medios los que nos justifican. Dicho esto, y sin demérito del respeto que me merece nuestra actual bandera constitucional, creo que es del todo lícito rendir homenaje a la enseña que representó a nuestra patria durante el único periodo democrático del siglo XX, anterior al actual. Por ello digo que me parece muy bien que se muestre la antigua bandera republicana. Además, estamos en democracia, y cada cual puede marchar bajo los símbolos que más le plazcan; a menos que éstos signifiquen tiranía y violencia.
El 30 de marzo de 1939 los demócratas no podían abandonar el puerto, y el mismo día de 2008 los demócratas no pudimos entrar en el puerto. Qué paradoja, y qué ridículo hizo la llamada Autoridad Portuaria al no autorizar el pasado domingo que la manifestación entrase en sus recintos. Así que tuvimos que acabar nuestro recorrido en la Explanada. Parece mentira, pero es verdad. ¿A qué le tenía miedo la Autoridad Portuaria? ¿A los viejos republicanos octogenarios? ¿A los jóvenes que daban vivas a la república al son del Chiki-chiki? ¿A los ramos de flores que al final lanzamos al mar, con o sin permiso de la Autoridad Portuaria, por si salpicaban a los yates de sus amiguetes? No se puede ser más mezquino, más ridículo ni más torpe. No sé cómo se llama el actual Presidente de la Autoridad Portuaria, ni lo sé, ni me importa, ni quiero nada con él. Porque con su actitud ya me ha demostrado su talante. Lo que lamento es que come, viste y se paga la vivienda y los caprichos con los impuestos que yo, como muchos otros, pago religiosamente.Y es que hay gente que por mucho que nos digan que son demócratas de toda la vida, a la primera de cambio se les ve el plumero.
(LEÍDO EN "RADIO ALICANTE", EL 4 DE ABRIL DE 2008)






MIGUEL ÁNGEL y EUSEBIO PEREZ OCA

martes 18 de marzo de 2008