14 marzo 2009

... Y LLEGÓ LORENZO CARBONELL

Alfonso XIII y Primo de Rivera.
                             
Miguel Primo de Rivera y Orbaneja (padre del fundador de la falange, José Antonio) fue militar, noble, político, dictador, segundo Marqués de Estella, séptimo de Sobremonte y Grande de España.
                 

¡Ahí es nada!
                                      
De ideales militaristas, nacionalistas y autoritarios, dio un golpe de Estado el 13 de septiembre de 1923,  suspendiendo de un plumazo la Constitución de 1876. Con el adiós a la Constitución llegó la prohibición de la libertad de prensa, la disolución del Gobierno y el Parlamento y la  implantación de un estrcito régimen castrense.  Con el visto bueno del rey Alfonso XIII, el apoyo de buena parte de la patronal, la Iglesia católica, el ejército y de las fuerzas conservadoras en general, Primo de Rivera encabezó un Directorio Militar que concentró en él todos los poderes del Estado. 
                                               
Su dictadura, formalmente inspirada en el modelo fascista de Mussolini, fue perseguidora de los anarquistas y de los comunistas, suprimiendo la Mancomunidad de Cataluña, prohibiendo el uso de las lenguas regionales en los actos públicos, eliminando los partidos políticos y creando uno grande y único: la Unión Patriótica.
La cuestión es que el señor Primo de Rivera dimitió, con serios problemas de salud, el 30 de enero de 1930, exiliándose en París. Moría unos días después, a causa de la diabetes, no sin antes recomendar a Alfonso XIII a Dámaso Berenguer para que asumiera la presidencia, en lo que se haría llamar la "dictablanda".
                             
En Alicante, esta dimisión trajo consigo un baile de alcaldes que no terminaría hasta el 12 de abril de 1931, con la llegada de uno de nuestros grandes alcaldes:  Lorenzo Carbonell Santacreu.
                               
Os lo contamos.
                                               
José Guardiola Ortiz
                         
Tras la dimisión del dictador, el general Suárez-Llanos se mantuvo en la Alcaldía  de Alicante hasta mediados de febrero.  El 26 de febrero se constituyó el nuevo Ayuntamiento, con  los ediles Florentino de Elizaicin, Ricardo Pascual del Pobil, Francisco Alberola, César Oarrichena, Marcial Samper, Gaspar Peral y Agustín Mora. El propio Elizaicin dio lectura a un oficio gubernativo por el que "se trasladaba una real orden que disponía que la Alcaldía y tenencias de Alcaldía las ocuparan los de más edad." Así que la Alcaldía le correspondía a Antonio Hernández Lucas, que excusó su ausencia por enfermedad. Luego tocaba el turno a  Juan Guardiola Forgas, que también renunció alegando "más de 65 años". Parecía que nadie quería comerse "el marrón". Al final, el periodista Elizaicin asumió la Alcaldía. 
                                                  
Elizaicin, que sólo estaría al frente del Ayuntamiento dos meses, afirmó que «acepto el cargo porque creo que el noble propósito del Gobierno es normalizar el régimen constitucional, suspenso más de seis años». Y agregó que "durante la Dictadura, aunque me ofrecieron cargos en la Diputación y en el Ayuntamiento, no los acepté, porque nunca quise colaborar con el sistema dictatorial que imperaba".
                                            
El 24 de abril de 1930,  le tocó el relevo a Florentino de Elizaicin y se procedió a instalar en la Alcaldía a Gonzalo Mengual Segura. Guardiola Ortiz, en nombre de los ediles republicanos, hizo constar la pena que a él y a sus correligionarios, les producía el hecho de que la petición unánime de que se dejara al Ayuntamiento en libertad para elegir los cargos de alcalde y de tenientes de alcalde, se hubiera visto desatendida por los poderes centrales. Ante tal adversa circunstancia y en señal de protesta, los republicanos de la corporación abandonaron sus escaños. Salieron del salón capitular: Guardiola Ortiz, Ramos Pascual del Pobil, Eugenio Ribelles, López González, César Oarrichena y Rafael Álamo. Cuando el recién nombrado alcalde, Gonzalo Mengual, tomó su turno, leyó unas cuartillas. «No vengo a este puesto a título de representante ni siquiera de afiliado de ningún partido (...) No vengo más que a ser con los señores concejales y funcionarios de esta casa, un fiel administrador de los intereses que nos están encomendados (...) No tengo proyectos. De todas maneras, en un periodo como éste, de breve paréntesis y en las condiciones morales en que llego, toda discreción es poca... No se pueden tener proyectos. No tengo más programa que lo dicho». Y más adelante: «Derechas, izquierdas y centro, ¿dónde está aquí eso? Para mí no existe. Yo miro y sólo veo a mi alrededor personas educadas, alicantinos cuya misión en este sitio no es más que administrar honradamente. ¿Lo demás qué importa aquí?». Y otro párrafo de su discurso: «¡Oh, libertad!, hermosa libertad que te sonrojas y con razón al ver nombrado un alcalde de real orden. Triste paradoja la que hace ver que para ser alcalde, para poder ser para todo un pueblo ha sido preciso ser nombrado por un régimen de excepción».
                        
Proclamación de la II República en el Ayuntamiento de Alicante
                                
Pero aquí no termina el asunto.
                                          
Al alcalde Gonzalo Mengual Segura le dieron el pase en febrero de 1931. Aceptó con la más absoluta resignación: «La voluntad real me dio el título, la misma voluntad me lo quita». El día tres de aquel mes, se nombró a  Ricardo Pascual de Pobil y Chícherri. 
                           
Los alcaldes del rey tenían sus horas contadas.
                                               
Del Pobil se apresuró a agradecer al gobierno de su majestad el honor que se le confería. En su intervención depositó su confianza en los señores concejales, «puesto que a todos nos guía el mismo fin, han de prestarme su cooperación en tal sentido. Y nada más. A disposición de los alicantinos».
                                
Pero el horno no estaba para bollos. Según el diario republicano «El Luchador», tras las palabras del alcalde entrante, uno de los asistentes a la toma de posesión, gritó: «¡Mentira!».
                                        

«El alcalde, descompuesto como nunca lo hemos visto, abandona su sillón y ordena a los agentes de la autoridad que expulsen a los alborotadores (…) Como el orden no se restablece, los ediles dejan el salón terminando el acto».

 Lorenzo Carbonell Santacreu, muy bien acompañado
                                                                
Con la misma fecha, cinco de febrero de 1931, y en la primera página del citado periódico, Lorenzo Carbonell Santacruz escribió, reiterándose así en sus principios: «El señor Mengual no ha sido alcalde del pueblo de Alicante, como no lo será tampoco el señor del Pobil. Han sido, y son, dos dependientes del representante provincial del gobierno político de Madrid, y es muy natural que cuando a éste le conviene prescindir de los servicios, aunque sean acertados, de esta serie de efusivos señores excesivamente complacientes, a costa del prestigio colectivo de los pueblos (…) Los alcaldes de verdad de los pueblos son los elegidos por éste» (…)
                                  
Ya estaba cerca el mes de abril. 
                                           
Y en las elecciones del 12 se jugaba bastante más que los escaños municipales. No obstante, en aquellos comicios, nuestra ciudad iba a dotarse de uno de los alcaldes más populares y prestigiosos de todos los tiempos: Lorenzo Carbonell
                                                         
Pero de él, ya hemos hablado (y mucho) en Alicante Vivo.

Fuente: 
Gateras 1993; D. Enrique Cerdán Tato

 
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