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lunes 25 de febrero de 2008

EL YACIMIENTO SUBMARINO DE LA ALBUFERETA

En mayo de 2002, unos submarinistas aficionados tuvieron la suerte y el privilegio de vivir un momento mágico y emocionante. Hallaron los restos de un barco hundido en la bahía de Alicante, y decidieron comunicarlo a las autoridades. El descubrimiento de este tesoro fue el primer paso en una cadena de investigaciones hasta que, en el año 2005, el Taller de Imagen de la Universidad de Alicante editó este reportaje audiovisual realizado sobre los apasionantes trabajos de arqueología submarina realizados en un barco romano hundido a escasos 800 metros de la Playa de la Albufereta.


Recreación de naves romanas.

Esta excavación tuvo que realizarse con suma cautela, para evitar el expolio de estos restos por parte de cazatesoros y submarinistas desaprensivos con nuestra historia y patrimonio. La localización exacta nunca se publicó, y se mantuvo bajo un necesario control para evitar un desastre.
Todas las piezas se encontraban en un estado de conservación muy favorable, por lo que constituyó un importante resto arqueológico con el que comprender el funcionamiento del puerto comercial que existió en la albufera natural que existió junto a la ciudad de Lucentum y el Cerro de las Balsas.

Como bien se contó en este artículo sobre el origen de las poblaciones, es probable que Lucentum se ubicara precisamente en el Tossal de Manises de la Albufereta por su condición privilegiada, junto a un manantial de agua dulce que afloraba de la Serra Grossa, protegidos por la montaña, ubicados en lo alto para ver llegar al enemigo, junto a una fértil huerta, y especialmente, por estar junto a una laguna salada con comunicación directa con el mar, que por su profundidad, permitía la entrada segura de los barcos para amarrarlos en los muelles, y poder comerciar de un modo seguro (gracias a que nunca se urbanizó el barranco, los restos de este puerto aparecieron hace pocos años durante las últimas obras del encauzamiento del barranco de Orgegia-Juncaret en la desembocadura de la Albufereta).

Asímismo, en las rocas ubicadas junto al actual edifico Alfín y el Puerto Deportivo de la Albufereta, se crearon unos muelles de piedra para navíos de mayor porte que no podían entrar en la albufera.









Fotografías de la zona de rocas entre la Playa de la Albufereta y el Puerto Deportivo, en las que se aprecian los restos de rocas extraídas por la mano del hombre, y primitivas construcciones como muelles para embarcaciones. Este conjunto está totalmente abandonado, y pese a estar sometido a la erosión de las olas del mar durante miles de años, permanece todavía de un modo reconocible. Actualmente es un lugar idílico desde el que uno se puede sentar a ver la puesta del sol tras la ciudad, contemplando la bahía sentado junto al agua.


Mapa del Siglo XIX de la Albufereta, donde podemos ver a la derecha el Cabo de las Huertas y a la izquierda la Serra Grossa. En el centro, la albufera natural que se desecó al iniciarse el Siglo XX, y que sirvió de puerto natural para los barcos mercantes romanos. Los restos de los muelles primitivos se encontraron en las obras del encauzamiento del Barranco de la Albufereta hace pocos años.

Este puerto natural fue motor de crecimiento del municipio lucentino y sus predecesores íberos hasta que la laguna se fue colmatando de lodos provenientes de las avenidas periódicas de agua, que arrastraban grandes cantidades de sedimentos provenientes del interior, y que limitaron el calado de los barcos hasta impedir que entraran.
Quizá este momento fue parejo con la crisis económica y la caída del Imperio Romano, que conllevó el traslado de la ciudad a las faldas del Benacantil, y el uso de la Playa del Baver como puerto y fondeadero de barcos mercantes hasta la creación del Puerto de Alicante.

Se tiene constancia de la existencia de la laguna durante el Siglo XIX como zona pantanosa y lacustre, similar a los humedales que encontramos en la Vega Baja, y ésta fue desecada al iniciar el Siglo XX para evitar la aparición de epidemias por el agua estancada.

Imaginemos el puerto de aquel municipio romano, fortificado y ubicado junto al mediterráneo, al que llegaban los barcos cargados de mercancías y materias primas, y desde el que salían los productos elaborados en nuestra huerta. Junto a los productos elaborados, llegaban la cultura, los conocimientos y las noticias del exterior. Fueron siglos y siglos, en los que durante la Antigua Roma y el Imperio, se extendió el comercio, la cultura, la lengua, la religión... y la vía de comunicación más importante y efectiva, a pesar de las importantes calzadas romanas, era la que aportaban las rutas marítimas.







Ejemplos de navíos mercantes y militares romanos.

Uno de aquellos barcos, cuya eslora se estima en 12 metros con una manga de 4 metros, un día cualquiera del Siglo I d.C. naufragó en una tfrente al embarcadero de la costa del paraje hoy conocido como Albufereta. Quizá arribando a puerto, quizá justo al partir... Seguro que aquél desastre no tuvo la trascendencia que aquellos cuyos ojos fueron testigos, pudieron imaginar. En aquél momento, el problema fue económico, y seguro que algún mercader perdió importantes sumas, por no hablar del destino del responsable del barco.
Pero aquello pasó, y el paso de los siglos fue haciendo que desapareciera del recuerdo...

Dos milenios después, la casualidad hizo que aparecieran sus restos, y aquél barco, congelado en el tiempo, llegó al futuro a contar esta historia a todos los alicantinos.




En 2003, tras la primera fase de extracción, los especialistas del COPHIAM, determinaron que se halla en un óptimo estado de conservación. La actuación arqueológica, según Pablo Rosser, permitió extraer la totalidad del mercante romano, que sesenta vasijas, varias de cenas de ánforas de aceite, parte de la bomba de achique, cestería, cordajes, redes, anzuelos y once lingotes de cobre, con un peso de 70 kilos. Además, se estimó que la posible causa del naufragio fuera una tormenta. Rosser confió en que su estudio de forma detallada permita descubrir nuevos datos sobre la vida en Lucentum hace 2.000 años.
También dijo que "es la primera vez que se realiza un estudio de este tipo en la Comunidad Valenciana porque nunca se ha excavado tan a fondo un barco romano. De hecho es la primera vez que se ha conseguido recuperar la carga que llevaba un pecio de estas características".




Navíos romanos grabados en monedas de la época. La importancia de los viajes en mar era tan grande que las naves desataban pasión y orgullo. Los largos viajes de las grandes rutas marítimas duraban años, y la sociedad de las ciudades costeras como Lucentum siempre tenía población viajando por el mar. Muchos de ellos nunca regresaban...


El Guanche tuvo que tener un aspecto similar al de estos barcos romanos.


Los restos de El Guanche, nombre con el que se bautizó al pecio del siglo I que se dedicaba al comercio entre La Bética y la costa alicantina, se encuentran sumergidos y protegidos para evitar su deterioro. No obstante, Rosser afirmó que se va a realizar en breve una nueva prospección «para confirmar unos datos en torno a la estructura del maderamen». Dicho proyecto, que ya ha recibido el permiso de Patrimonio, lo llevará a cabo el Centro de Arqueología Subacuática con la coordinación del COPHIAM gracias a fondos europeos. «Más que excavación estaríamos hablando de una toma de datos», destacó el arqueólogo.

Probablemente, en el futuro estos restos puedan ser expuestos para que todos podamos imaginar ese Alicante de hace 2000 años en el MARQ de Alicante. Gracias a que gran parte de la superficie del casco del barco (se conserva una superficie de 8,60m x 2,70m) se quedó enterrado en arenas fangosas con un bajo nivel de oxígeno, podría recuperarse esta madera, siendo tratada previamente, para ubicarlo en el museo.

Asímismo, en la zona se ha determinado que existe un auténtico parque arqueológico submarino, ya que con las prospecciones para instalar el nuevo emisario submarino, se han hallado restos fechados entre el siglo IV a. C. y el V d. C.
Las sospechas sobre la riqueza arqueológica que esconden las aguas de la bahía de la Albufereta se subestimaron, y con los últimos estudios subacuáticos desarrollado por la Consellería en 2005, se probó que el puerto de Lucentum fue el más importante que existió en Alicante desde el siglo II antes de Cristo hasta el final del Imperio Romano.
Tras las excavaciones que se hicieron en 2002 en el pecio "El Guanche", y los muelles portuarios de Lucentum que aparecieron tras las obras de acondicionamiento del barranco en 2005, se sabía que en las profundidades de estas aguas podía encontrarse más material portuario. Pero en ninguna de las cábalas que se hicieron, se esperaba un tesoro submarino como el hallado.
Según el arqueólogo que dirigió los trabajos de prospección, Carlos de Juan, "todas las rutas comerciales de la antigüedad hicieron parada en el puerto que se situaba en la Albufereta". El yacimiento submarino que posee más de 40 hectáreas y en el que se han hallado piezas fechadas desde el siglo IV antes de Cristo hasta el V d. C. En definitiva, un total de nueve siglos de historia portuaria.

Entre los centenares de piezas (que está catalogando el MARQ y la Consellería) se encuentra un fragmento de vasija griega inscrita del siglo IV antes de Cristo, prueba fehaciente de que en época del comercio griego este puerto alicantino tenía mucha importancia. También se han hallado ánforas grecoitálicas, provenientes de la zona sur de Italia (siglo III antes de Cristo); fragmentos de ánforas de la Roma republicana, denominadas Dressel Uno, y otras del Alto Imperio. A esto se le unen restos de vajillas de cocina tanto de Italia como del África Romana (Túnez).

Asimismo, según el arqueólogo alicantino, existen indicios de nuevos naufragios que se deducen por el encuentro de clavos de hierro. Esto se debe a que cuando la madera no queda protegida bajo tierra, la madera la devoraban los xilófagos, dejando sólo los clavos como testigos. Además se hallaron restos de la comida de los barcos que atracaban en la Albufereta, que permiten arrojar datos sobre las dietas del momento.
Todos estos hallazgos, fruto de 150 catas de sondeo, prueban que la Albufereta era un puerto donde se comerciaba, se reparaba, se abastecía y se realizaban paradas de descanso.
Muchas naves buscaron en la playa alicantina refugio por las buenas condiciones del mar que ofrecía el lugar, aunque algunas, llegaban demasiado dañadas y antes de arribar, se hundían en las proximidades.

En la zona se han hallado más de 80 monedas de plata y vellón, y una posible de oro, con la impresión IMP CONTANTINI AUG, con la efigie del empereador laureado, y varios modelos de reversos, siendo el de mayor abundancia el de Genio Populi Romani (Genio con patera haciendo una libación)

Incluso siglos después, en la misma zona se produjeron hundimientos en los barcos que partían desde Alicante o se dirigían hacia su puerto. En el mismo 2005, se hallaron dos nuevos pecios (de los siglos XV y XIX) en la costa del Cabo de las Huertas (uno de ellos el primer barco lapidario hundido del que se tiene constancia hasta el momento en toda la Comunidad Valenciana).

Esto es una evidencia más de que los fondos marinos de la bahía de la Albufereta, son un gran yacimiento arqueológico que debería protegerse y vigilarse de un modo especial ante la posibilidad del expolio.

El descubridor de los dos navíos (lo que le da el derecho de ponerles nombre) fue Jorge Mora, un profesor asociado de la UA y aficionado al buceo. Fue el pasado abril cuando en el transcurso de una sesión de submarinismo en la zona se topó con los restos de ambos naufragios, que no se encuentran a mucha distancia entre sí, según explicaron a este diario los miembros del equipo multidisciplinar encargado de la excavación subacuática.
Mora dio rápidamente parte del hallazgo a la Guardia Civil, cuyo grupo de buzos se desplazó al lugar y balizó la zona, y también lo comunicó a la Conselleria de Cultura, quien a su vez se puso en contacto con el MARQ ofreciéndole tomar las riendas de la investigación. Los responsables del museo pensaron enseguida en el Taller de Imagen de la UA para el trabajo de reconstrucción virtual del barco.

El pecio del Siglo XIX transportaba láminas de pizarra, y el del Siglo X, transportaba sillares de piedra. Ambos estarían vinculados con la construcción.

En el barco medieval se encontraron diversos fragmentos de cerámica, como una perolita de cocina de pasta rojiza y con esmalte interno, aunque la carga principal del barco, y probablemente la clave del naufragio, son dieciséis grandes piedras sillares de formas no homogéneas (una mala colocación de la carga, exceso de peso, corrimiento de las piedras, o quizás por un temporal...).
El yacimiento se encuentra a unos ocho metros de profundidad, muy cercano al litoral y justo enfrente de lo que siglos atrás fue una cantera en la que todavía hoy quedan huellas de aquella actividad. Tras la investigación, se propuso la realización de un trabajo de investigación urbana para conocer qué edificio histórico de Alicante presenta en su construcción la misma técnica de piedra labrada y que fue, por lo tanto, el frustrado destinatario de esa carga hundida.

La antigua cantera del Cabo de las Huertas, de la que se extraían las rocas calizas y se cargaban directamente en los barcos que fondeaban en cerca, para transportarlas a las ciudades cercanas. Probablemente utilizarían los actuales salientes de roca a modo de muelles. Puedes localizarla en nuestro Mapa de Panoramio.

El barco, de 14 metros de eslora y un peso cercano a las 20 toneladas, transportaba un cargamento que no era para una gran travesía sino para una zona próxima.

Para poder acceder al maderamen del barco y excavarlo (está enterrado en un 90%), los buzos utilizaron grandes globos hinchables de 500 kg cada uno para desplazar los sillares unos centímetros, con una operación muy delicada (pues pueden hacer efecto ventosa con lo que esté debajo de los mismos.

Independientemente de si los restos podrán exponerse o no, la reconstrucción virtual sí que fue posible gracias al excelente trabajo del Taller de Imagen de la Universidad de Alicante, que montó una animación a partir de 400 fotografías digitales.

El proceso de excavación comienza con la delimitación y montaje del yacimiento. Primero, limpiando la arena que cubre los restos mediante unos tubos que, gracias a una motobomba, actúan a modo de aspiradora. Esta tarea se tiene que repetir al inicio de cada jornada de trabajo si la noche anterior ha habido viento. El siguiente paso es la fijación de un bastidor rectangular que, en su parte superior, posee unas cuadrículas que dividen visualmente los restos por cada metro cuadrado. De este modo se puede configurar un fotomosaico digital que da una visión completa del aspecto del yacimiento, ya que bajo el mar no se tiene la misma perspectiva de conjunto.

Hoy en día, en las aguas de la costa española, se calcula que hay más de 3000 barcos naufragados de todas las épocas. Este tesoro sumergido es de un incalculable valor, y se encuentra ante el peligro del expolio de los coleccionistas y de las empresas caza-tesoros, que buscan hacer negocio con el patrimonio de todos. Si pudiéramos lograr que se invirtiera en la recuperación de estos restos, podríamos escribir mucho mejor nuestra historia, y admirar los restos de estos navíos en museos de arqueología naval.

Fuentes:
Bajo el Agua
Ancient Ships: the ships of antiquity
Galleria Navale
Commentariola Hispaniae

Artículos relacionados:
La Albufereta
La Playa de la Albufereta
Lucentum: El Tossal de Manises
El puerto romano de La Albufereta

Otros hundimientos en la provincia:
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El hundimiento del Sirio
Los hundimientos y los alemanes
El hundimiento del Siena
El Faro de Tabarca y los hundimientos

domingo 17 de febrero de 2008

SI LAS ROCAS HABLASEN... (I)

Buenas!
Antes de nada, me presento: a día de hoy me llaman “El moro”, aunque en otras épocas me llamaron cara del viejo con capucha” (-old nolls head- Esta denominación aparece en un mapa inglés de 1650. Fuente: Daniel Moya).

También me llamáis Monte Benacantil, algo que según he oído (yo no puedo acordarme, son ya muchos mis años…) viene de los tiempos en los que tanto a mis pies como sobre mi vivían los Musulmanes. Según he escuchado “Bena” es la trascripción al árabe de “pinna”, peña en Latín, y “Laqanti” proviene de “Laqant”, el nombre que pusieron los árabes a los habitantes situados en mis faldas. Podéis llamarme como queráis…
Por lo que he oído a las gentes que han paseado sobre mí, me encuentro en la parte oriental de la Cordillera Bética y estoy formado por materiales terciarios intensamente fracturados de edades pertenecientes al Mioceno Inferior y Medio. Mis estratos de calcarenitas (que tienen abundantes restos fósiles) tienen una dirección media de N50ºE y un buzamiento de unos 20º hacia el SE. Hubo un señor (Montenat) en 1973 que tras verme comentó que estaba formado por tres partes muy distintas.
Una primera parte inferior compuesta por margas con yeso de color gris, una segunda de calcarenitas bioclásticas, y una tercera, discordante con las dos anteriores compuesta por unos 150 m de calcarenitas bioclásticas con abundante glaucomita. Sobre todas estas rocas del Mioceno afloran, en ocasiones, depósitos coluviales muy desorganizados de gran heterometria, según lo cual parece que han sufrido poco transporte.
Para terminar os comento que estoy muy fracturada por diaclasas y microfallas, algo muy relacionado con la actividad de la falla de Crevillente así como de otras más pequeñas de dirección NO-SE (Gambín R.; Vaello, J.; Valero, M.: El Monte Benacantil y la Serra Grossa).

Debido a mi actual estado voy a “pasar por quirófano” a ver si me arreglan un poco, de hecho ya me están poniendo una “sabana” sobre mi cara…
Los primeros que habitaron junto a mi fueron una serie de poblaciones que años más tarde se han llamado “del Bronce”, momento en el que las gentes aprendieron a realizar aleaciones de cobre y estaño junto con una mayor complejidad social; algunos de ellos los tenia bajo mi barbilla. La siguiente vez que volví a ver a gentes con cierta entidad junto a mí fue en la que habéis denominado “época tardoromana”. Los arqueólogos me han ayudado a refrescar mi memoria: han encontrado asentamientos sobre mí fechados entre los siglos V y VII, y testimonios a mis pies de esta presencia, en calles como la Calle Lonja de Caballeros y Balseta. Además han hallado enterramientos en la Rambla Méndez Núñez y en la intersección de las Calles Labradores y San Isidro, junto con interesante necrópolis bajo el Palacio de Llorca (s.VI-VII) preislámica del Palacio Llorca, datada entre los siglos VI y VII.
Si no recuerdo mal en estos momentos finales había otros núcleos cercanos con población, como en Benalúa (Els Antigons), que creo que estaba relacionado con el fondeadero de El Baver. Pero al estar algo mas lejos y no lo veía con claridad…

Trabajos de altura que se están realizando en el Castillo de Santa Bárbara (fotos: Diario Información)

JUAN QUILES

EL MORTERO

Fuentes:
Rosser Limiñana, P. (1995): Nace una Ciudad. Origen y Evolución de las murallas de Alicante. Ayto. Alicante – Concejalia de Cultura. Alicante.
Seijo Alonso, F.G. (2004): Alicante Ilustrado.1154-1672. Historia, Arte, Monumentos. Diputación de Alicante, Alicante.
VV.AA. (1989): Historia de Alicante. Ayto Alicante, Patronato para la conmemoración del Quinto Centenario de la Ciudad de Alicante, Diario Información. Alicante.
VV.AA. (2000): Atlas Histórico de España. Istmo. Madrid.



lunes 4 de febrero de 2008

JAIME POMARES: LA LUCHA POR ALICANTE

Don Jaime Pomares i Bernat es un alicantino ejemplar. Esta es la primera frase con la que una entrevista como esta debe iniciarse, sobre todo para ubicar al lector en que en este momento debe activar su capacidad de aprendizaje para tratar de absorber al máximo el espíritu que se desprende de cada uno de los actos y palabras de Jaime.
La grandeza de este abogado alicantino reside en sus actos, pero también en su constante regreso a sus orígenes. Nació tras unas de las primeras Hogueras de San Juan, en la madrugada del 29 al 30 de Junio de 1927. Estudió el bachillerato e incluso realizó su servicio militar en Alicante, y supo ser capaz de marcharse al extranjero a encontrar un lugar donde poder desarrollar al máximo sus capacidades, y no olvidar su tierra. Desde la distancia, siendo buen conocedor de los defectos y carencias de Alicante, (más aún décadas atrás…), siguió amándola a diario en la distancia, como a un primer amor adolescente que nunca se olvida, sin que los años hicieran mella en este sentimiento y le hicieran distanciarse.

Gracias a esta pasión, Jaime Pomares ha sido héroe alicantino en el anonimato. Sin necesidad de ruedas de prensa, sin galardones ni actos de homenaje o reconocimiento. Él ha ayudado a esta ciudad por el amor que le profesa, sin desear que nadie le diera las gracias o le recompensara. Su labor fue desconocida, pero intensa, ardua y dificultosa.

Jaime Pomares, de niño, bañándose en la playa. Año 1930.

Jaime estudió su carrera en Murcia, y obtuvo la licenciatura en Granada. Tuvo una primera gran oportunidad al poco tiempo de salir de la universidad, pues un día le llamó el presidente del Colegio de Veterinarios, y le comunicó que le nombraban asesor jurídico por sus condiciones profesionales y porque sabía valenciano (en Alicante entonces no había casi ningún abogado que tuviera estas condiciones), este requisito era esencial, porque desde Alicante hacia el Norte, todos los veterinarios y clientes hablaban en valenciano, y era esencial que pudiera dominar este idioma.
Sin embargo, una semana después le llamaron, y sorprendentemente se contradijeron, y le comunicaron que no se le contrataría. Tiempo después, indagó y descubrió que al Gobernador Civil no le había hecho ninguna gracia que no se le consultara esta decisión, porque este puesto iba a estar destinado al sobrino de su mujer, y amenazó al presidente del colegio con que la junta entera se iría a la calle, con él a la cabeza si no se aceptaban sus imposiciones.
A Jaime se le cerraron las puertas, y le quedó bien claro cómo eran las oportunidades en España y cómo funcionaban las cosas. El cansancio de intentar conseguir algo, y encontrarse siempre el mismo sistema, le llevó a probar el extranjero, y en cuanto salió, no volvió.

Cuando llegó a Suecia, sin tener idea del idioma, tuvo que comenzar desde abajo. Consiguió un puesto como obrero del metal en los talleres de la compañía Ericsson, y por las noches se ganaba algo impartiendo clases de castellano a aquellos alumnos suecos que ya conocían el idioma pero querían perfeccionarlo. Así fue como, preparándose las lecciones en sueco, comenzó a aprender su nueva lengua. 5 años después, por méritos propios, consiguió trabajo en un banco comercial, y comenzó a ocuparse de todo lo vinculado con las relaciones internacionales con países de hablas latinas (Francia, Italia, España…). Así se pasó 17 años sin volver a Alicante.
En la actualidad, compagina su vida en Estocolmo con los inviernos que viene a disfrutarlos a Alicante. A pesar de la distancia, y aunque hoy en día exista internet y las modernas comunicaciones para estar al día de todo, desde el momento en que Jaime se marchó, se llevó consigo una suscripción al Diario Información, teniendo noticias a diario de todo cuanto sucedía en su ciudad natal.

Supimos de Jaime Pomares a través de nuestra admirada Solveig Nordström, que nos habló de él como su gran amigo y luchador ejemplar por la salvación del yacimiento arqueológico del Tossal de Manises. Y fue gracias a Antonio Garrigós, un entusiasta abogado alicantino, gran amigo del blog y de la ciudad de Alicante, por el que pudimos acceder a conocerle.
Jaime nos recibió en su casa del Raval Roig, donde viene a pasar largas temporadas, pues tiene su residencia en Estocolmo. Sin embargo, como hemos dicho, la tierra tiene un poder de atracción enorme, y Jaime viene cada año junto a su mujer, a descansar y llenarse de energía, de vida, de luz y del azul del mar, a los pies del Postiguet y del Castillo de Santa Bárbara.

Una vez hechas las presentaciones, Jaime nos invitó al mejor Fondillón que hayamos probado nunca (y del que como gran amante de los vinos, ha difundido sus bondades por todo el mundo), acompañado de unos rollitos de vino, como manda la tradición de la terreta.
Allí, la conversación comenzó por Solveig, pero como veréis, fue enlazándose con multitud de temas inesperados.

Él la recordaba como aquella jovencita sueca que había llegado a Alicante sin hacer el doctorado, y que encontró en esta ciudad el sitio ideal para hacer su doctorado de la mano de José Lafuente (que estaba entonces expedientado) y de Figueras Pacheco (que "era gente liberal, republicano"). Aquí Solveig se encontró un problema: al doctorarse en Estocolmo, tenía que defender su tesis, pero ella la había realizado en castellano, y estuvo obligada a hacerlo en francés para poder llevarla a cabo.
Junto a ella, defendió la Albufereta, que comenzaba a ser el primer bocado jugoso de las fauces del desarrollismo que acechaba esta ciudad. El gobierno había decidido que la solución a todos los problemas económicos vendría en forma de turismo, y que por tanto, había que reconvertir el país y arrancar una industria de sol y playa que en Alicante tendría su meca. Para ello, era necesario comenzar arrasando la Albufereta, que entonces era un paraje donde apenas había unas casetas de pescadores, y el conocido yacimiento romano.

En esta vida cada uno se defiende y lucha con sus manos, sus instrumentos y sus capacidades, pero la herramienta no es indicador de la fortaleza. Lo es el espíritu.
Si a una panadería entra un maleante y sale el panadero con el rulo de amasar, y si fuera en un taller, saldría el mecánico en cuestión con una llave inglesa. El carpintero, se defendería con un martillo, y el barrendero con la escoba… Ante una injusticia, el pintor utilizaría sus “armas” para dejarla reflejada en un cuadro, y el poeta, escribiría los versos más emotivos.

Pues bien, una arqueóloga como Solveig, utilizó su dignidad y su coraje para permanecer estoica frente a las excavadoras; y un abogado como Jaime, utilizó sus mejores recursos legales y su arduo trabajo investigando entre papeles y leyes para dar con la clave que detuviera aquello. Fue su labor la que consiguió que, a finales de los años 50, no se destruyera la valiosa historia de Lucentum, y por tanto, la de Alicante.

Decreto del Yacimiento de la Albufereta:
“En el año 1951 ya se había solicitado al ministerio la declaración de Monumento Nacional”, sin embargo, la tramitación estaba paralizada, quizá por el tráfico de influencias e intereses inmobiliarios del “boom” de la construcción que estaba preparándose. No sería hasta la publicación del Decreto del 22 de Septiembre de 1961 cuando se declaró como Monumento Histórico-Artístico al Tossal de Manises.

“Fue una declaración muy importante: establecía como zona de yacimiento la colina y un área delimitada por la carretera de Alicante, la línea del trenet y la vaguada limitada por terrenos de cultivo (lo que posteriormente sería un Camping) según figuraba en el plano unido al expediente."
Existe la sospecha de que alguno de los edificios que se levantaron pegados al yacimiento actualmente vallado, se levantara sobre restos arqueológicos de gran valor sin ningún miramiento. Jaime afirma que “Debajo de los edificios que bordean hay una necrópolis ibero-púnica y el puerto-factoría griega. Arriba (en el Tossal de Manises) solamente empezaba en el siglo 3 A.C.”

Las primeras pistas fueron clave para arrancar su proceso de investigación. Jaime Pomares ató cabos gracias a su permanente estudio e investigación: “Habían aparecido en el museo (el Arqueológico Provincial, en los bajos de la Diputación hasta que se creó el MARQ) dos estelas bizantinas”, que pusieron sobre la pista a Jaime de que ahí existía algo realmente importante y de mayor antigüedad que los restos romanos.

Alguien que tiene una gran cultura sabe que desde el inicio de las civilizaciones, los asentamientos humanos no se producían por casualidad, y siempre se realizaban en lugares que facilitaran la vida o aportaran algo especial. Desde que el hombre abandona el nomadismo y se asienta de manera permanente en el territorio, busca lugares que le aseguren el abastecimiento de recursos básicos: alimentos y agua, así como lugares que garanticen una buena protección, y una posición estratégica para desarrollarse, vinculada a las vías principales de transporte y comunicación (grandes rutas y puertos).


Pues bien, a los pies de la Serra Grossa, se tenía el cobijo deseado para establecer un asentamiento óptimo. Y prueba de ello es que, civilización tras civilización, mantuvieron este lugar como su asentamiento. Existía un pequeño manantial que afloraba de las entrañas de la roca de la Serra Grossa, y que era suficiente para una pequeña población. Asímismo, la fértil huerta alicantina (que hasta su destrucción en el Siglo XX seguía en funcionamiento) les aseguraba los víveres, y la laguna o “albufera” que existía junto a la hoy conocida como playa de la Albufereta, era un magnífico puerto natural con calado suficiente para que los barcos atracaran y desembarcaran sus mercancías. Conociendo estos factores, aunque en los años 50 este lugar fuera muy diferente (la laguna se desecó artificialmente a inicios del Siglo XX), la Albufereta desprendía para Jaime Pomares y los arqueólogos todos los ingredientes esenciales para ser el caldo de cultivo perfecto de un asentamiento de gran interés. Además, los frecuentes hallazgos de vasijas cerámicas no hacían sino confirmarlo.

Mapa del Siglo XIX de la Albufereta, donde podemos ver a la derecha el Cabo de las Huertas y a la izquierda la Serra Grossa. En el centro, la albufera natural que se desecó al iniciarse el Siglo XX, y que sirvió de puerto natural para los barcos mercantes romanos. Los restos de los muelles primitivos se encontraron en las obras del encauzamiento del Barranco de la Albufereta hace pocos años.

Hoy bien sabemos que la Albufereta fue cuna de civilizaciones en Alicante desde tiempos inmemoriales, y antes que los romanos, ya existieron poblados de íberos, e incluso neolíticos. Este lugar era el terreno ideal: pero no sólo la colina del Tossal de Manises, sino también la ribera del barranco de Orgegia - Juncaret que desembocaba con sus aguas pluviales en la laguna; y también la planicie que llegaba hasta los pies de la Serra Grossa era un lugar idóneo.

Pero esto no estaba tan claro en los años 50 (o no se quería tener tan claro) y los gobernantes estaban más atentos al negocio que a estos factores, porque Jaime Pomares dio con un plan que desembocaría en la destrucción de todo aquel paraje natural, así como de todos los restos que se pudieran encontrar bajo el suelo. Se iban a esfumar cientos de datos, hallazgos y páginas de nuestra historia esenciales… Los restos arqueológicos del Tossal de Manises se lograron salvar por la presión internacional, que sin saberlo el Régimen, se estaba coordinando desde dentro.

Como bien nos cuenta Pablo Rosser, Pomares sabía que el padre de Nordström trabajaba en el periódico sueco de mayor tirada (el diario Dagens Nyheter, de tendencia liberal). Desde el año 55, se fueron publicando numerosos artículos alertando de la posible destrucción de aquellos fantásticos restos situados a miles de kilómetros, en aquél país anclado en el pasado, que trataba de crecer a ritmo de destrucción, llamado España. En aquellos artículos estaba implicada nuestra “conexión sueca”: Solveig y Jaime, pero los artículos se publicaban bajo seudónimos o nombres de supuestos turistas escandalizados, para evitar un expediente a Pomares o la expulsión de Nordström.
En España las oficinas del Ministerio de Información y Turismo recibían traducido todo cuanto sus embajadores les notificaban que se contaba sobre España en las agencias de noticias extranjeras. Se debía velar por guardar una imagen positiva del país, porque interesaba mucho el aperturismo, tanto por hacer méritos para ingresar en la ONU, como para ser un destino atractivo para recibir el turismo extranjero, con cuyas divisas se pensaba recuperar la economía.
La imagen de un país que destruía un importante yacimiento de una ciudad romana para levantar rascacielos y hoteles no era nada positiva, y esta historia tan poco reconocida del Alicante de los años 50 fue vital para salvar Lucentum: el Estado se vio obligado a claudicar ante la presión internacional y optar por proteger la ciudad romana y su área de influencia con tal de que las rubias suecas vinieran a lucir palmito en nuestras playas.


El abogado motorizado
Titulamos así este apartado por el frenético ir y venir de Jaime, que iba de un lado a otro de la ciudad, hablando, gestionando, indagando… Todo comenzó cuando un cliente le dijo que le habían comprado unos terrenos para hacer un camping. Se trataba del centro de la Albufereta, el lugar donde antaño estuvo la laguna y la desembocadura de la rambla.

“Fui a documentarme al catastro, a ver las escrituras… y cogí al procurador como testigo de una gestión privada previa. Cuando llegamos al lugar, salió un señor que decía que era suizo, y nos dijo “O se van en 5 minutos o llamo a la Guardia Civil”. Yo le respondí que estaría “encantado” de que lo hiciera, puesto que sabía que no podía ocupar aquellos terrenos, y que la Guardia Civil tendría algo que decir. Cuando vio mi actitud, ya se detuvo.
En ese momento aún no estaban moviendo tierras.
Aquél hombre había comprado los dos laterales: el de la carretera y el del ferrocarril. Era una franja de 20 o 10m de ancha a lo largo de todo el cauce.”

Como Jaime nos decía, según las leyes urbanísticas del momento, se especificaba que esa distancia de servidumbre mínima sería válida sólo si se trataba de un barranco, pero si el accidente orográfico era un fondo de lacustre no se podía admitir. Como buen conocedor de la historia de Alicante, Jaime sabía que aquello había sido un lago, y he aquí que el amor a la tierra le aportó un conocimiento esencial para abrir las puertas a la salvación de aquél lugar.

“Como aquello era un lago, empecé a ver qué pretendían hacer, y vi que el tipo quería hacerse con toda la Albufereta. Como alicantino no lo podía permitir.
Hablé con un abogado del Estado. Y me dio un consejo: “tú empiezas ahora a moverte, y no sabes quién está detrás de esto, no te puedes crear enemigos…” El hombre era republicano, ya estaba expedientado, y me recomendó que me olvidara de ello (sí, aquello me lo dijo el abogado del Estado).
En el catastro de rústica estaba un amigo mío, y me aportó toda la documentación que necesité, pero nadie se mojaba el culo. Me fui al registro de la propiedad (que nos representa a todos alicantinos) y les dije “Quieren robarnos la Albufereta”. Su contestación fue tajante: “Aquí que vengan a inscribir lo que quieran que le daremos carpetazo, que se perderá el expediente… y ya quedará aquí parado.” Y cuando los empleados no quieren, ya se sabe…”


Por suerte, no todos los funcionarios tenían miedo, y Jaime comenzó a sumar ayudas de diferentes lugares, cada uno aportando lo que podía.
“Cuando ya tuvimos el registro, fui a por más al Catastro de Rústica: ¡Aquello tenía dos hectáreas y pico! ¡más de veinte mil metros! Pero el comprador podía hacer una hipoteca... Les dije lo del lecho del lago. Lo denuncié en la Confederación Hidrográfica del Júcar, al Instituto Geográfico y Catastral…”
Jaime nos explicó que según un procedimiento legal establecido por el artículo 205 de la Ley Hipotecaria, se permitía que un propietario de una serie de terrenos pudiera inscribir tierras circundantes en los lindes si no eran propiedad de nadie. Éste era el procedimiento que estaba empleando el comprador desconocido, al hacerse con los bordes del cauce, para después tener una opción de compra sobre el espacio que quedaba dentro. Pero era necesario demostrar que se tenía posesión, y lo demostró poniendo un camping.
Algo que hoy consideraríamos una barbaridad, por construir en medio de un barranco, parece que en aquél entonces no importaba lo más mínimo si producía pingües beneficios.

“Hice una denuncia, y envié una copia a la Dirección General de Patrimonio del Estado. Nunca supe quién estaba detrás de aquello tan gordo. Hablando con un alicantino que había participado en la División Azul, supe que el tal “Suizo” no era suizo: era un Teniente Intérprete de la División Azul. ¡Ya me cuadraba todo! El otro, supe que era don Agatángelo Soler, el Alcalde de Alicante en ese momento.”
En aquella operación estaban implicados alicantinos de pro, e incluso algún alemán que se había refugiado en la España de Franco para huir de los juicios de Nürnberg por sus responsabilidades en el partido Nazi.

"En 1961 el camping estaba hecho, y estando yo en Suecia, vino la riada… Agatángelo estaba en una visita oficial en Zaragoza. Salió de Zaragoza y cuando llegó a alicante ya no era Alcalde. Lo cesaron a raíz de la denuncia en Patrimonio, porque Agatángelo lo permitió siendo total conocedor.”

La sabiduría popular con la que se bautiza a los lugares, trasciende muchas veces a las características del propio lugar y es heredada siglos después. Fue entonces cuando alguien abrió los ojos y se dio cuenta de que aquél nombre de “Albufereta” se debía precisamente a eso: a una albufera, y si no, se habría llamado “el Barranco” o algo parecido.

A miles de kilómetros, en Suecia, Jaime Pomares pudo respirar con tranquilidad al ver que por fin, se había salvado la Albufereta.



La Albufereta en 1956 y en 2007.

Hoy en día se permite edificar en el perímetro del área arqueológica, pero eso sí, con licencia previamente condicionada a que se haga una excavación arqueológica seria. Y según lo que se encuentre, se edifica o no. De haber continuado este Camping, el siguiente paso habría sido la total edificación de aquél lugar, con lo que se habrían destruido los yacimientos del Cerro de las Balsas, que hoy están arrojando tantísimos y descubrimientos, y probablemente, hubiera ocurrido alguna desgracia con una de nuestras frecuentes “riadas”.

El pelotazo del Gran Sol:
Jaime nos fue amenizando la tertulia con algunas de las muchas otras historias curiosas en la que participó en aquél Alicante de los 60 y 70, que decidió a golpe de ladrillo transformarse para siempre. Aquí nos cuenta las sombras y sospechas de favoritismo del concurso manipulado para la adjudicación de la parcela de este hotel, donde se presentó una oferta que claramente sabía con antelación que se les permitiría levantar muchísimas más alturas de las permitidas en el momento.
“Alicante tenía unas normas urbanísticas adecuadas a lo que era esta ciudad, que era lo que debía ser. En zonas como la rambla, el máximo permitido era Planta Baja + Entresuelo + 7 pisos + ático. Prueba de ello es la casa de La Unión y el Fénix.”
Sin embargo, apareció el “Gran Sol”: “Ese solar, con la reforma interior de grandes poblaciones, quedó en propiedad del Ayuntamiento, que lo sacó a subasta pública. Yo tenía un cliente que quería edificar ahí, que vino con el arquitecto Luis Martínez Feduchi. Era el arquitecto del Ministerio de Asuntos Exteriores y de la cadena hotelera Hilton, y salvó el patrimonio del Museo del Prado de la guerra. Vino, levantó el plano, y el cliente dijo: “quiero quedármelo”. A él le dijeron el máximo permitido que se podía construir, y que podía llegar hasta ahí sólo, por lo que realizó el proyecto acorde con este límite. Lo metieron en sobre de subasta, se abrió, y se lo llevó Alonso (recordemos que el edificio Gran Sol realmente se llama “Edificio Alonso”).
Esa misma noche llamé a Luis Martínez, y le dije que no nos lo habían dado. Le dije cuánto habían ofrecido pagar los ganadores, y me dijo: “imposible”. Pero claro, no sabía qué licencia de construcción se les iba a conceder. Ahí comenzó la destrucción de alicante.”



La pérdida de patrimonio:
Jaime recuerda dolorosamente cómo en aquellos años 50, eran algunas personalidades las que con sus decisiones transformaron para siempre (y para mal, en muchos casos), Alicante.
Fue el Obispo quien decidió que desapareciera el cementerio de San Blas: “Era romántico y precioso. Allí estaban enterrados todos los alicantinos históricos”.

“Y para darle más capacidad a la iglesia: se carga el coro de San Nicolás.
Hablé con “Miguel López el Gitano” para que no diera la licencia (el gran arquitecto alicantino era entonces el arquitecto municipal). El hombre estaba asustado, pues se enfrentaría a “su ilustrísima…”. Era un coro de piedra tallada, con rejería, paso procesional… Claro, tras esta decisión no todos sabían que había comprado la finca “Les Reixes” y aprovechó todo lo que le venía bien para embellecerla. Pero todo el coro no está ahí, porque el abad se quedó doce sillares y los vendió.”

El Castillo de Santa Bárbara:
Jaime Pomares es sobrino de Don Aureliano Ibarra Manzoni, político liberal nacido de padres ilicitanos en Alicante en 1834, y hermano por parte de su padre (Antonino Ibarra Vidasol), de Pedro Ibarra Ruiz, arqueólogo y figura muy importante para Elche. Fue figura del pensamiento ilustrado del Siglo XIX en Alicante y España. Como nos dice Enrique Cerdán Tato en sus “Gateras”, era un apasionado, estudioso y subversivo. Sus artículos periodísticos molestaban mucho a los conservadores monárquicos, que lo persiguieron hasta encerrarlo en la cárcel en 1867: las mazmorras del Castillo de Santa Bárbara, con un grupo de compañeros republicanos, un año antes de la revolución del 68.
Don Eleuterio Maisonnave lo puso al frente de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Alicante, siendo su primer presidente, y hacia 1884, administró los bienes del Conde de Casas Rojas. Murió hacia 1890, tras una vida llena de vicisitudes.

Jaime Pomares conoce, gracias a su diario donde describió su celda, cómo fue aquél año del cautiverio de esta figura que sufrió la prisión por sus ideas liberales.
Pues bien, el concejal Pedro Romero, le impidió poner una placa en homenaje a su figura como uno de los primeros demócratas argumentando que el Castillo de Santa Bárbara es un Bien de Interés Cultural. Sin embargo, nos señala muy dolido cómo sí que se ha permitido ubicar unos horrorosos aseos en plena fortaleza.

Este es el peso de la historia en Alicante.

Anecdotario de un alicantino en Suecia:
Las siguientes páginas corresponden al llibret de la Barraca El Cabasset de 1998 (premio de aquel año al mejor llibret de barracas). Se trata de un artículo de Jaime Pomares, caligrafiado de un modo espléndido por Adolfo Belló, el presidente de la barraca.
En ellas podemos leer cómo Jaime recuerda Alicante desde la distancia. Las Hogueras de San Juan son parte de ese imán que tira cada año a Jaime Pomares desde Estocolmo hasta Alicante, para revivir esos momentos únicos que sólo se producen en Alicante.
Os invitamos a leer y disfrutar sus palabras y anécdotas, como por ejemplo, que encontró una "Santa Faz" en una iglesia sueca, a miles de kilómetros de nuestro famoso convento:

(click sobre las imágenes para ampliarlas)



Instinto de sabueso:
Existen dos maneras de detener la injusticia: tirarse a las ruinas a parar las excavadoras, o usar la cabeza para sumergirse entre documentos. Jaime es un luchador en la sombra, movido por su alicantinismo, de esos a los que nadie levanta monumentos porque sus hazañas no son de epopeya, pero cuyos resultados son tanto o más importantes, como hemos podido ver.

Además, Jaime Pomares no cesa actualmente en sus indagaciones, y sigue arrojando pistas y promoviendo iniciativas para conseguir éxitos en la ciudad de Alicante.
Incluso está convencido de que en el Cerro de las Balsas debe haber una basílica:

“Yo siempre tenía instinto de “sabueso” y sabía que fuera había algo. Había un antecedente: el puerto, y la necrópolis donde ahora llevan excavados cerca de 1000 enterramientos. He hablado con Pablo (Rosser), y le he dicho que es una necrópolis muy tardía. En esos tiempos esto estaba cristalizado. Hay dos bases de altar bizantinas en el museo (Marq) que las trajeron de por aquí (Cerro de las Balsas). Aquí tiene que haber una basílica. Y está en las balsas, porque el bautismo primitivo se realizaba con un rito de inmersión. Y ahí siempre ha habido un nacimiento de agua, y aún nace hoy. Luego ahí está la basílica.
De momento no se han excavado, porque las balsas son propiedad de un campesino. Normalmente las zonas de enterramiento estaban en los caminos de entrada /salida a las ciudades. Y justo aquí, salía un camino que entraba hacia Vistahermosa…”


Un ejemplo de alicantinismo:
Jaime Pomares, es sin duda, un ejemplo de cómo todos podemos contribuir, con nuestras capacidades y dentro de nuestras posibilidades, a impedir que se siga destruyendo nuestra ciudad, y sobre todo, a ofrecer nuevas cosas positivas que la mejoren. Ha vivido cientos de casos en Alicante, con los que ha conocido cómo se mueve aquí cualquier iniciativa a partir de intereses particulares. Su trabajo le ha llevado hasta a descolgarse con arneses del macho del castillo para certificar el estado de la roca y la base de la fortaleza. Desde pequeño ha conocido el amor a la ciudad en su familia, y sirva como ejemplo que fue su bisabuelo quien regaló a la ciudad las emblemáticas palmeras de la Explanada.
Es alguien de quien deberíamos tomar ejemplo, por su constancia, su lucha y su amor a la tierra y a la justicia. Jaime Pomares, en la reciente actualidad, sigue aportando grandes cosas a Alicante. Su intervención en el comité que seleccionó a los museos para la red MedRus, que aglutina a un museo representativo de cada país del litoral del Mar Mediterráneo, la cuna más importante de las civilizaciones. Su aportación ayudó a que el Museo Arqueológico Provincial (MARQ) figurara en este selecto club desde 2002 siendo el único museo que representa a España, y permitiendo que por una vez, Alicante figurara en una lista de ciudades por alguna noticia positiva. Gracias a esto, este magnífico Museo se ha dado a conocer más allá de nuestras fronteras. Luego vendrían los reconocimientos, como el Mejor Museo del Año 2004 en Europa, y las colaboraciones con instituciones como el Museo Británico.

Le preguntamos qué diferencia existe entre el Alicante que dejó de joven, y el que se encuentra cada vez que viene desde Estocolmo, y nos dice:

“El alicante de entonces era penoso y el de ahora… es más penoso. Como ciudad, antes era más agradable. Echo de menos la limpieza de la ciudad. Antes baldeaban el centro con unas mangas de riego con 20 o 30 metros de agua a presión. No había polvo. Ahora es todo abandono y descuido…”


Cuando le pedimos que nos dijera cómo podíamos hoy seguir sus pasos, nos dijo:

“Hoy ya no se puede pelear así, porque tropezamos contra un tipo de gente que tiene detrás a unos partidos con los que no puedes luchar. Han transformado la política en un modus vivendi. Ahora no se alcanza la política por méritos y por lograr el bienestar del propio. Se hace carrera política (hijos de ministros que ya son ministros…). Parece que sólo nos queda el pataleo. Hoy haces, escribes, denuncias… y nada. A pesar de eso, yo no puedo permanecer parado e inactivo ante la justicia. Ni siquiera en las cosas más pequeñas, como la denuncia que hice al Seprona ante un señor que hace poco cazaba pajaritos con liga ilegalmente (cola untada en las ramas de los árboles) en las laderas del Benacantil.

Hablando una vez Olof Palme, en un momento dado le preguntaron sobre la opinión de la democracia, y dijo “Bueno, de todos los sistemas que hay es el menos malo, pero para mí tiene un defecto gravísimo: que siendo un sistema tan excelente, la gente acaba votando en contra de sus intereses. Y eso el que vota…”

Ante el panorama desolador, le preguntamos si no nos quedaba esperanza para luchar contra las decisiones que destruyen nuestra ciudad sin contemplación, y con una breve frase, nos resumió su mensaje:
“No os calléis Por lo menos no os calléis.”

Jaime Pomares, de niño, en el Paseo de la Explanada. La ciudad que sus ojos vieron nunca la volveremos a conocer. Noviembre de 1932.

Como os decíamos hablando del Cerro de las Balsas, desde que el hombre abandona el nomadismo y se asienta de manera permanente en el territorio, aparece el concepto del “lugar” y del “hogar”, y con él, surge un vínculo estrecho entre la tierra y las personas que viven en ella y se alimentan de sus productos. Eran los primeros pobladores los que la amaban tanto que le dedicaron divinidades y rituales, o los que luchaban por no ceder ante el invasor aquellos poblados que les habían visto nacer.
Aunque hoy pisemos asfalto en lugar de tierra, los árboles los contemplemos en alcorques encajados en las aceras, el aire no sea puro y el cielo cueste verlo, ese vínculo con la tierra que pisan nuestros pies y que nos ve nacer no ha desaparecido. Y la prueba de ello es Jaime Pomares.

Sirva este artículo de homenaje y reconocimiento, así como de ejemplo para todos los que queremos defender esta ciudad para lograr que mejore y no vuelvan a repetirse errores y destrucciones del pasado.
Gracias a Jaime y Antonio por una charla inolvidable. ¡Esperamos repetir pronto!

sábado 26 de enero de 2008

TROBEN UNA CRIPTA A L'ESGLÉSIA DE TIBI

L'interés d'un rector nouvingut a Tibi per datar l'antiguitat de l'església ha propiciat el descobriment de què podria ser un dels elements patrimonials més destacables del municipi, junt amb el pantà i el castell. La curiositat per la decoració barroca de la cúpula, junt amb el que pareixia una taca d'humitat, va portar al sacerdot Manuel Chouciño a preguntar als veïns si el temple havia sigut objecte d'alguna reforma significativa.

En efecte, en 1965 s'havia repintat tot l'interior, ocultant els frescos que fins llavors havien adornat el sostre.El testimoni dels obrers que havien realitzat eixa reforma també ha permés descobrir la cripta que ocupa tot el subsòl de la nau central, i que fa 43 anys es va reomplir de terra. Chouciño calcula que, segons les cates realitzats i la superfície existent, baix l'església podrien haver sigut soterrades unes 1.000 persones fins al segle XIX.


El rector estima que podria tractar-se de veïns de Tibi adscrits a la confraria de la Mare de Déu del Rosari, hui desapareguda però de gran popularitat en èpoques passades. Quant als frescos, podrien ser originals de la construcció del temple -finals del segle XVII- i, segons el parer de les cates i els testimonis, es creu que narren escenes de la vida d'Adam i Eva.La cripta i els frescos, explica el rector, van sucumbir en la reforma de 1965 per la pretesa "busca de la funcionalitat" que se seguia en l'època, i segons la qual cosa tot l'antic d'alguna manera destorbava. Ara, la intenció és escometre una rehabilitació en profunditat de tota l'església, que no sols traga de nou a la llum els elements descoberts, sinó que pose en valor l'edifici i tot l'art que alberga. L'objectiu final és, d'acord amb l'Ajuntament, fer que l'església siga seu de "un museu conjunt d'etnografia i religiositat", en el que s'exhibirien totes les peces artístiques que es conserven en la parròquia. Entre elles, Chouciño destaca un crucifix de plata amb motius gravats per ambdós cares, i que mostra als evangelistes en la cara anterior i a Santa Maria Magdalena en la posterior. Així mateix, es destaparien els frescos que també s'ha comprovat que hi ha en la capella. Tota l'actuació podria tindre un cost aproximat de 600.000 euros, el que requerirà de l'ajuda d'altres administracions. Per això, apel·la a "conscienciar a tots els estaments públics", amb tal d'aconseguir el suport necessari.

jueves 24 de enero de 2008

ALGO MÁS QUE UNA CRIPTA

La primera de las fotos corresponde a una cripta que apareció bajo la nave lateral, situada mas cerca del puerto. Para que nos hagamos una idea, la cripta está situada justo en Juan Bautista Lafora hacia Santa Maria, a pie de calle.

La segunda de las fotos pertenece a una celda de la torre de la derecha. Allí, entre otras cosas, se escondían los buscados por la justicia. Tanto en la celda (celda en este caso no es sinónimo de carcel, sino de habitación) como en las escaleras de subida, se pueden ver grafittis. En la segunda de las fotos hay un ejemplo: nombres propios y un barco, algo que se veria sin problemas desde la celda.

Para que nos hagamos una idea, la Basílica de Santa María de Alicante, en el casco antiguo de la ciudad, ha comenzado a hablar por boca de sus vestigios arqueológicos. Las excavaciones realizadas en el templo más anciano de la historia de Alicante han destapado hallazgos que presumiblemente revelarán datos de incalculable valor sobre la gestación del primer asentamiento urbano de Alicante.
Muchos siglos han pasado desde que dos cronistas musulmanes aludieran en sus escritos del siglo XII a la existencia de una mezquita musulmana en la ciudad. Durante años, los arqueólogos intentaron sin éxito descubrir algún rastro del templo de la civilización a la que se le atribuye el primer asentamiento urbano en la ciudad. Lo que nunca imaginaron es que los restos del edificio islámico y la muralla son los cimientos sobre los que se erigió el actual templo.
Las catas en la plaza de la Basílica de Santa María, en su interior y bajos, han destapado el hallazgo. Pablo Rosser, arqueólogo municipal y responsable de las excavaciones, señaló que muchos de los restos que han salido a la luz eran esperados; sin embargo, otros son insólitos y de excepcional interés histórico.
El solar que hoy ocupa la actual Basílica constituyó el epicentro de la civilización islámica, en torno al cual fue creciendo la urbe conocida en sus orígenes como Medina Laqant. Adoptada por los cristianos como su templo de fe a mediados del siglo XIII, Santa María fue derribada un siglo después para erigirse en el primer edificio cristiano de la ciudad.
Su construcción estuvo vinculada al sistema defensivo de la urbe. Así lo atestigua la muralla cristiana, de la que se han descubierto tramos de entre ocho y diez metros de altura. La construcción defensiva coincide con la pared de la Basílica, y su torre campanario fue empleada como atalaya de vigía. Pero las ampliaciones y variaciones del templo continuaron hasta conformar el edificio actual, fechado entre los siglos XV y XVI y perteneciente al estilo gótico. Durante las dos centurias posteriores, se construyeron dos capillas laterales: Inmaculada y Corpus.
Uno de los nuevos habitáculos, hoy coincidentes con los bajos de la Basílica, fue empleado como cripta en la que, sorpresivamente para los expertos, se ha descubierto centenares de cadáveres.
El hallazgo incumple el hábito de dar sepultura, exclusivamente, a personalidades. Sin embargo, la aparición de estos múltiples enterramientos deja en el aire la hipótesis de quiénes fueron y por qué de su inhumación en la iglesia.
Se han encontrado, además, piezas de ajuar y de indumentaria de la época. La data de la inhumación está todavía por establecer, aunque según el experto, apunta a los siglos XVII y XVIII. Por ello, está previsto que intervenga en el estudio el departamento de Patología de la Facultad de Medicina de la Miguel Hernández para conocer los motivos de la muerte. "Los datos a revelar pueden ser de gran interés, ya que nos permitirá conocer, incluso, la dieta de los alicantinos de aquella época", dice.
Son muchas las hipótesis que se barajan sobre la causa de estas muertes, desde que fueron víctimas de la invasión francesa de 1691, hasta que fallecieron en la Guerra de Sucesión, durante el XVIII.
Lo que sí queda claro es que las nuevas huellas arqueológicas convierten a Santa María en el principal hito para descifrar la génesis de Alicante.

JUAN QUILES

domingo 20 de enero de 2008

DESTAPEN UNA ENTRADA AL REFUGI ANTIAERI D'AGOST

Que a les escaletes del Raconet cap al Carrer Fora hi havia una entrada al refugi antiaeri no és cap secret. De fet, son molts els nostre majors que encara recorden l'entrada, que va ser tapada sobre l'any 1940. Els encarregats de fer esta reforma vàren ser els regidors i altres presoners polítics empresonats a l'ajuntament, segons testimonis de familiars amb els què he pogut parlar.