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28 marzo 2016

PROYECTO «TABARCA ISLAND»


El 11 de enero de 1962, D. Federico Trías de Bes Recolóns, en nombre y representación de la Compañía Mercantil «Tabarca Island, S. A.», que estaba domiciliada en Madrid, en la calle de Serrano n.º 77, en su calidad de Secretario del Consejo de Administración, exponía ante el Excmo. Ayuntamiento de Alicante:

1º. Que la Compañía Mercantil citada tiene suscrito con fecha 4 de Mayo de 1961 contrato de opción de compra para la adquisición de una parte de la Isla conocida con el nombre de Plana de Nueva Tabarca, integrada en el municipio de Alicante. La descripción de la parte que se adquiere es la siguiente: "un campo de tierra secana, de veintitrés hectáreas, ochenta y dos áreas y siete centiáreas, situada en la Isla de Tabarca del término de Alicante, lindante por el Norte, Este y Sur con orilla del mar; y por el Oeste, con el cementerio de dicha isla de Tabarca y con tierras del Ayuntamiento de Alicante".
También es objeto de esta opción una finca sita dentro del núcleo urbano, cuya descripción es la siguiente: "un trozo de tierra inculto comprensivo de dos mil setecientos setenta metros cuadrados, situados en la isla de Tabarca, término de esta Ciudad, lindante por el Norte, con casa de D. Constantino Bañón, D. Guillermo López y D. José Papí; por el Sur, Este y Oeste, con murallas".
2º. Que las escrituras y de­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­más documentos pertinentes para que "Tabarca Island, S. A." sea plena y públicamente titular del derecho de dominio sobre tales fincas, se otorgarán de acuerdo con la vendedora Doña Josefa Manzanaro Cardona, en la primera quincena del próximo mes de Febrero.
[…] 4º. Que la Sociedad que representa tiene la finalidad de llevar a cabo un planeamiento urbanístico total de la Isla, para dotarla no solamente de las necesarias instalaciones (tales como agua, electricidad, etc.) que la vida moderna exige para un normal y adecuado régimen de vida y saneamiento de la población, sino también restaurar y conservar los elementos de interés artístico e histórico existentes, reconstruyendo y realizando el proyecto existente de fecha mil setecientos setenta obra del Ingeniero Militar D. Fernando Méndez, […].

Se adjuntaba al escrito un plano de carácter general y provisional para complementar gráficamente el objeto del planeamiento urbanístico que se pretendía llevar a cabo.

Expediente «Tabarca Island» (Archivo Municipal de Alicante)
El 8 de febrero, el Arquitecto Municipal, «examinada la instancia presentada y el plano de Plan Parcial de Ordenación de la Isla Alicantina de "Nueva Tabarca", considera que no hay inconveniente alguno en que el Excmo. Ayuntamiento de Alicante, pueda otorgar a la Entidad Mercantil referida, la autorización previa».

Del mismo modo, el 28 de febrero, el Letrado Consistorial, evaluando el informe que por el Alcalde le había sido interesado, «nada puede oponerse en sentir del informante a que por S.E. sea concedida a la mercantil de referencia la autorización previa por la misma solicitada […] a fin de que por los Organismos públicos le sean facilitados cuantos elementos informativos precisare para llevar a cabo la redacción del correspondiente Plan y Proyecto».

La Comisión de Urbanismo, reunida en el día 14 de marzo, previa convocatoria, «se permite proponer a V.E. la adopción de los acuerdos siguentes:
  1. Autorizar a la Mercantil "Tabarca Island S.A." para que estudie la formación de un Plan municipal o comarcal para la urbanización de la Isla de Tabarca, como autorización previa […], pero concediendo a dicha Empresa un plazo máximo de cuatro meses para presentar el referido Plan y proyecto.
  2. Ordenar a los Servicios Técnicos Municipales que faciliten a "Tabarca Island S.A." cuantos elementos informativos precisare para llevar a cabo la redacción del correspondiente Plan y Proyecto, que deberá contener los extremos, documentos, planos, memorias, datos, esquemas, Ordenanzas, garantías, compromisos y medios económicos […].
  3. […] suspensión por un año del otorgamiento de licencias de parcelación de terrenos y edificación, en los sectores comprendidos en el perímetro de la Isla de Tabarca, con el fin de estudiar el Plan de Ordenación de la misma que ha sido solicitado, […]».

Mapa adjunto al Expediente «Tabarca Island» (AMA)
<= Clic para ampliar =>

Por todo ello, el día 2 de abril, D. Santiago Peña Carrascosa, Abogado y Secretario General del Excmo. Ayuntamiento de Alicante, certificaba que, según resultaba del Borrador del Acta correspondiente a la sesión ordinaria celebrada el día 31 de marzo, «el Excmo. Ayuntamiento Pleno constituido en la presente sesión por la mayoría absoluta del número de miembros que con el señor Alcalde lo integran de hecho y de derecho en la actualidad, previa la consiguiente deliberación y conformándose en lo sustancial con lo dictaminado y propuesto por la Comisión Municipal de Urbanismo, adoptó por unanimidad los acuerdos siguientes:

Primero.- Conceder a la Mercantil "Tabarca Island S.A." la previa autorización que solicita para el estudio y formación de un Plan Municipal y Proyecto de Urbanización de la total superficie de la Isla de Tabarca, […].
Segundo.- […] ordenar a los Servicios Técnicos Municipales faciliten a la Mercantil "Tabarca Island S.A.", cuantos elementos informativos precise […]».

A lo que siguió, con fecha 24 de abril, el correspondiente Decreto, al que se sucedieron varios recursos, solicitando los firmantes poder realizar el mismo tipo de ordenamiento urbanístico desde la vigente propiedad de terrenos anexos, como particulares.

Leyenda del mapa adjunto al Expediente «Tabarca Island» (AMA)
El documento fechado 13 de junio de 1962, echaba atrás las pretensiones de los particulares firmantes sin que, a tenor de que el asunto quedaría en vía muerta a partir de entonces, supusiera nada definitivo al respecto, ya que, en definitiva, nunca se ejecutaría tal proyecto, a pesar de las resoluciones en contra de los particulares y a favor de la mercantil, que emitiría el Ayuntamiento de Alicante.

Expediente instado por Don Federico Trías de Bes Recolóns, en nombre de "Tabarca Island, S.A." solicitando autorización previa para llevar a cabo los estudios necesarios al planteamiento urbanístico en la Isla de Tabarca, en trámite de resolver los recursos de reposición interpuestos por Doña Salud Aldeguer Manzanaro, Don Tomás Aldeguer Lloret, Don Ricardo Bonmatí Abad en nombre de Don Alejandro Mahíquez Sánchez, Don Vicente Blasco Tortosa y Don Germán Schlüter Darés, contra acuerdo del Excmo. Ayuntamiento Pleno de fecha 31 de Marzo último.
[…] La Comisión Municipal Permanente constituida en la presente sesión, […] por unanimidad, acuerdan desestimar por improcedentes los recursos de reposición deducidos […], toda vez que tanto la resolución como todo lo actuado administrativamente en el expediente de donde ella dimana, está perfectamente ajustado a derecho, sin que por tal motivo haya sido cometida infracción alguna de los preceptos legales que rigen la materia, ni pueda hablarse tampoco de que la Excma. Corporación Municipal ha ejercido de la potestad administrativa para fines distintos de los fijados por el Ordenamiento Jurídico, que es lo que constituye la supuesta derivación de poder a que se alude por los recurrentes.

A pesar de ello, la noticia seguiría coleando durante meses, tal como se comprueba en la página completa que le dedicaba el Diario Información de 3 de febrero de 1963, con fotografía de pésima calidad incluida, en las «Páginas alicantinas del domingo»:


En enero del pasado año —ya lo dijo Información en una de sus reseñas municipales—, se presentó al Ayuntamiento una instancia por la que se solicitaba autorización para hacer un estudio completo de la isla de Tabarca y llevar a cabo un planeamiento urbanístico total en el que respetándose las características que presidieron el proyecto formulado en 1763 por el ingeniero don Fernando Méndez por encargo especial del rey Carlos III y cuya ejecución parcial permitió alojar a las 590 familias rescatadas del Bey de Túnez aquel año, se completara el citado proyecto, se dotara a la isla de los modernos adelantos que nos permiten a todos vivir con mayores comodidades en cualquier ciudad y a la vez se crease una zona turística y deportiva al margen del recinto urbano que pudiera constituir un centro de atracción del turismo, de primera categoría.
Como base operatoria, se alegaba en aquel escrito por la empresa que presentaba la instancia, que desde el año anterior tenía suscrita con determinado propietario una opción de compra de terrenos que representaban una extensión superficial equivalente a más de las dos terceras partes de la de la totalidad de la isla.
El Ayuntamiento, lo dijimos también, estimó que no comprometiéndose a nada no había inconveniente en que se hicieran cuantos estudios se desearan, y bajo ese concepto concedió la autorización deseada.
Desde entonces, las cosas que parecían tan llanas se han fruncido un poco. Aunque el dinero no huele, se huele a la legua y la opción de compra parece que perdió virtud ante ofertas más enjundiosas; nuevos elementos se hicieron visibles en el asunto hasta el extremo de llevar al Ayuntamiento a lo Contencioso por haber permitido el solicitado estudio. Pequeño mar de fondo en el que los intereses juegan sus estrategias, mientras la isla contempla cómo tras tantos años de vivir como un modesto remanso, se va convirtiendo en objeto de deseos y aspiraciones.
EL PROYECTO, ULTIMADO
Así las cosas, la empresa que solicitó la autorización terminó sus estudios, formuló un plan y lo tiene presentado en el Ayuntamiento con el deseo expuesto por escrito de que este lo apruebe para comenzar su rápida realización.
En él se trata de la inversión de más de 240 millones de pesetas en poner la isla al día, completando el plan de edificaciones de dos siglos, reparando la muralla, pavimentando las calles poco más o menos como en el Alicante peninsular, pero sin baches, construyendo una red de saneamiento, llevando agua, luz eléctrica, teléfono, etcétera, estableciendo modernos medios de contacto con la ciudad en cuyo municipio está incluida y creando una zona deportivo-recreativa de gran estilo pero sin edificios neoyorquinescos que rompan la perspectiva de un lugar hecho para el descanso y goce del clima fuera del mundanal ruido.
EL VECINDARIO TABARQUINO
Con independencia de lo bello y sugestivo que pueda tener tanto en el orden urbanístico como en el económico y de captación del gran turismo, al informador le interesa más que nada, saber en qué condiciones iba a quedar el vecindario tabarquino. Las poblaciones que han nacido al turismo, Benidorm por ejemplo, han creado sus zonas turísticas al margen del primitivo poblado y han sido sus habitantes los que ante la alegría dineraria de que daba muestras la ciudad residencial que llevaba su propio nombre, se decidieron a poner sus viviendas en orden de recibir el maná crematístico veraniego. Pero es que a fuerza de litoral, Benidorm sigue, con distintos nombres, hasta la frontera francesa dentro de España y al turismo no le era imprescindible el poblado.
Tabarca, por el contrario, no puede crecer y dentro de su recinto se ha de desarrollar todo. De ahí la preocupación por un vecindario cuyos derechos a seguir viviendo en la isla nacieron en el momento en que Carlos III alojó a sus tatarabuelos dándoles casa, que es lo único que se daba entonces.
NO INTERESA QUE SE VAYA
Aprovechando la presencia en Alicante, de personas vinculadas a la empresa que ha formulado el plan de urbanización de la isla, nos hemos entrevistado con una de ellas, que amablemente se ha brindado a ser nuestro «cicerone» en el recorrido por los planos y a la que nuestra primera pregunta ha sido esta:
—¿Qué le va a pasar al vecindario con esa urbanización? ¿Va a tener que irse?
—Todo lo contrario. Va a tener que quedarse. Al menos, ese es el propósito, el deseo y hasta la conveniencia de la empresa.
—Si me lo explica usted, lo entenderé mejor.
—Bien sencillo. En el orden personal, el vecindario ha de encontrarse más a gusto, porque se le dota de todos los adelantos y comodidades de que hasta ahora ha venido careciendo. En el económico, se le brinda la oportunidad de sacar un producto a sus viviendas, mejorándolas. En el profesional, exclusivamente centrada hoy día en la pesca, tiene al consumidor al alcance de la mano; y finalmente puede beneficiarse incluso, prestando su colaboración en los servicios que se establezcan.
Nuestros intereses, le hablo como empresa —sigue diciendo—, coinciden con los de los tabarquinos especialmente en las tres últimas características, tanto por lo que supone mayor capacidad de clientela, como por las mayores facilidades de abastecimiento, como por no tener que llevar a la isla todo el personal necesario para atender a las instalaciones, hecho que se produciría irremisiblemente si los vecinos se marcharan de Tabarca. Hay otra razón de orden psicológico, que tiene también su importancia; al turista le encanta departir con la gente del país, enterarse de sus costumbres y conocer esas mil pequeñas cosas que caracterizan el tipismo local. Si se marcharan los tabarquinos, tendríamos que hacer otros de artesanía, a los que en seguida se les vería el plumero.
Fotografía publicada en el Diario Información del 3 de febrero de 1963 (AMA)
SUFICIENTE ESPACIO
—Pero la isla no puede ser más grande de lo que es.
—Efectivamente. Pero si lo que usted quiere decir es que nos pueden molestar las edificaciones existentes en su condición de no nuestras, no es conflicto. En la zona de poblado de la isla (la parte más cercana a Santa Pola), queda terreno suficiente para edificar las viviendas necesarias para alojamiento del número de turistas sobre el que se ha hecho el estudio económico. Para nosotros, lo ideal sería que los propietarios de ellos se decidieran a construirlas; pero, en el caso de que no lo hicieran, naturalmente habría que ir a su adquisición por los medios legales establecidos, para suplir esa no colaboración.
INSTALACIONES
Estamos ya recorriendo la isla en el plano. En él se señalan los solares que pese a los propósitos de Carlos III quedaron mondos y lirondos y que aún siguen tomando el sol. Sobre ellos hay que construir las viviendas para los 800 turistas que alternativamente han de constituir la población flotante. Y en esa zona residencial se señalan, en la parte que mira a Alicante, dos playas, un club de yates y una zona para estos; en la que no vemos desde aquí, una piscina natural y una playa que se extiende por la franja estrecha que une las dos partes de la isla. En esta franja, la del puerto, se instalará lo que se llama el centro cívico, complementario de los servicios de las comunicaciones marítimas y demás correspondientes al aspecto comercial y de abastecimiento.
Y en la zona deportivo-recreativa, se acumulan todos los alicientes que, a más del buen clima, se ofrecen al turismo: Pesca submarina, palmeral, restaurante, boleras, frontón, baloncesto, tenis, jardín exótico, cuadras, mini-golf, esquí acuático y otras diversas instalaciones, entre las que figura un helipuerto, ya que la vía aérea cuenta en los proyectos de comunicaciones con tierra firme.
SERVICIOS
Una tubería submarina conectada con la conducción general de aguas del Taibilla, es la solución que figura en el plan para terminar de una con la ausencia total de agua potable en la isla. La instalación de alumbrado eléctrico, tanto público como particular, será alimentada por grupos generadores, por cable conectado con la red general alicantina, o por ambos medios a la vez, compensándose así las eventualidades que pudieran entorpecer la continuidad de un suministro que tiene tan destacada importancia.
El contacto marítimo con el puerto alicantino, sería establecido por una flotilla de embarcaciones adecuadas. Y a los anteriores servicios, se une la instalación de teléfonos, Correos, sucursales bancarias y demás que constituyan la continuación de la vida ciudadana en un trozo aislado de ella.
Y, como característica importante del plan presentado, nuestro interlocutor nos señala el hecho de que la máxima altura de las edificaciones no ha de rebasar los diez metros y que por lo tanto las instalaciones de cualquier clase, incluso las que puedan tener el carácter de hoteleras, se han de desarrollar en sentido horizontal.
Lo que no deja de ser un alarde.

Será casualidad o no, pero, en Santa Pola, en estas fechas y según este mismo diario, se barajaba la posibilidad de instalar un teleférico desde el cabo de Santa Pola hasta la isla. Pero el asunto quedó, igualmente, en agua de borrajas. «Tabarca Island», afortunadamente, pasó a ser un proyecto fallido.

(Artículo original del blog «La Foguera de Tabarca»)

14 marzo 2016

EDIFICIOS "SINGULARES" REVISIÓN DETALLADA (2) COOPERATIVA SINDICAL "LA BENALUENSE"

¿Qué son los "Edificios singulares" ? pues lo expliqué con detalle en ESTE ARTÍCULO pero lo voy a resumir mucho: en los primeros años 60 y con los más variados pretextos, se hicieron una serie de edificios en la ciudad de Alicante con muchos más pisos de los que se debía y al margen de las normas urbanísticas de entonces. Se les legalizó en 1969 (aprox) declarándolos eso: "Singulares".
Y entre ellos están los de la Cooperativa Sindical de viviendas La Benaluense, que sobre un solar de 2.008 m2, edificó 119 viviendas, locales y plazas de garaje repartidos en 3 edificios, entre la Avda Catedrático Soler y las calles Dr. Just, Pérez Medina y Quintiliano. En esta ocasión no solo se cometió la irregularidad de edificar alturas de más (excepto en el bloque de Quintiliano) sino que se rizó el rizo, porque todos ellos fueron levantados en zona industrial, no apta para viviendas. Y el asunto se solventó dando la licencia, pero advirtiendo que las obras no se podían empezar hasta que no se cambiara la calificación del suelo, una forma de actuar muy curiosa.
El resultado es el que hay: los bloques con 12 alturas son visibles desde muchísima distancia cuando accedes por las carreteras del sur, estropeando el paisaje no solo por su altura que queda disimulada entre otros similares, pero sí porque precisamente la parte más visible es la que tiene los patios de luces y que el arquitecto Sr Fajardo, no tuvo al menos el detalle de dar tratamiento también de fachada. Yo me imagino que tendrían la pretensión de hacer también 12 alturas en la C/Quintiliano y así quedaría el patio en el interior, pero eso es solo una presunción mía no contrastada.


Los edificios hace unos meses: por parte de la Comunidad del 21, se ha procedido a 
pintar la fachada del patio con el mismo color que las de las calles, así queda 
disimulado un poco el "efecto patio" de esa fachada.

Enormes patios para dar luz a tanta altura. Planos de Cat. Soler/Dr Just,
 aunque luego hubo alguna variación.
Lo del edificio de Catedrático Soler/Pérez Medina fue curioso: 
primero se pidió licencia para un edificio con la altura de las normas 
y luego (por lo visto cuando les dijeron que no había problema) 
pidieron para otro edificio de 12 viviendas a edificar sobre el anterior.

Fachada lateral del edificio de la C/Quintiliano 18 y 20. 
La única parte legal en cuanto a sus alturas.
Advertencia que se mecanografió en todos los planos: se daba licencia pero no. 
Estaban en zona industrial. Estos edificios fueron doblemente ilegales.

 Cronología gráfica de la construcción de los 3 edificios.

Recreación hecha para la legalización en 1969. En esta foto señalo los otros 
dos edificios singulares de Benalúa de los que ya nos ocuparemos más adelante.
Vista de una locomotora de vapor en la Estación de Murcia (o de Benalúa). Al fondo, tras la palmera, los edificios. A la izquierda, la parte trasera de la iglesia, aún visible entonces.
 Vista de la C/Doctor Just sin urbanizar en 2008. Foto extraída de este artículo.
Hoy en día y gracias a la construcción del C.P. Benalúa 
ya está urbanizada la calle.

En la actualidad con las dos fachadas rehabilitadas.
Por si no lo sabíais, Benalúa proviene del Marquesado de Benalúa, población cercana a Guadix (Granada) y por eso, la canción va a ser la popular "Granada" compuesta por el mexicano Agustín Lara en 1932 y que ha dado la vuelta al mundo una y mil veces con cientos de versiones y yo voy a poner la más, como podríamos decir..."especial" jaja, la de Baccara en una actuación que hicieron para el programa ¡300 millones!

Mis agradecimientos al Archivo Municipal del Ayuntamiento de Alicante.

Publicado conjuntamente con  
Alacantí de profit




03 julio 2015

ALICANTE VIVO EN ALACANTÍ TV (48): 90 AÑOS DE LA RAMBLA DE SANT JOAN (20/04/2015)

Nuestro compañero Alfredo en solitario nos cuenta la historia de la Rambla de Sant Joan en su 90 cumpleaños. Presenta María González.


16 febrero 2014

LA LÁPIDA FUNDACIONAL DEL BARRIO DE BENALÚA


Cuando se fundó oficialmente el Barrio de Benalúa en Alicante, a las seis de la tarde del 7 de Julio de 1884, se colocó una placa conmemorativa en la zanja medianera de las casas 14 y 16 de Pérez Medina. Tras haberse reconocido las excavaciones por los facultativos señores Guardiola, Miró, Pardo y Foglietti, el señor Dr. José Soler, como presidente de la sociedad fundadora del barrio de Benalúa, "Los Diez Amigos", colocó la primera piedra depositando debajo de ella una moneda de cobre del sistema centesimal, que había sido adoptado recientemente. La lápida fundacional, también llamada popularmente la "placa de la placeta", permaneció en esa ubicación hasta el 11 de mayo de 1936, fecha en la que fue arrancada; no se supo nada de esta placa hasta que Rafael Establier decidió ponerse a escribir, cuarenta años más tarde, un libro capital de la bibliografía benaluense.

Lápida fundacional original de la placeta
Imagen: Rafael Establier, Añoranzas y recuerdos benaluenses. 
"Como te he dicho, nací en Benalúa, en la calle de Pérez Medina nº 13, y delante de mi casa, entre las casas numeros 14 y 16, existía en la pared, una lápida fundacional de mármol blanco, en la que se narrabam los hechos y nombres de los "Diez Amigos" y entre estos nombres, el del Doctor Soler, tu antepasado. Me han dicho, que al construir nuevas casas, sobre los solares que ocupaban las antiguas casas 14 y 16 esta lápida fue quitada o destruida. ¿No podrías averiguar por el Cronista de la Ciudad, o por cualquier otro conducto, la redacción completa o lo que decía esta lápida?
Este mármol era grandísimo, y según calculo yo, a ojo, era de unos dos metros de alto por un metro de ancho y estaba sujeto por cuatro clavos de cabeza de cobre.
Me interesan grandemente estos datos, y tu colaboración será muy agradecida"


Ésta es la carta que Rafael Establier envió al Ex-batlle d'Alacant i boticari del carrer major Agatángelo Soler Llorca en los primeros años 70. Don Rafael sólo buscaba la información sobre el texto de la placa para lo que después fue su libro de 1976 Añoranzas y recuerdos benaluenses, ya que daba por perdida cualquier posibilidad de volver a verla, pero sabiamente instaba a un descendiente directo de uno de los Diez Amigos a que averiguara el texto en el que aparecía el nombre de Don José Soler y Sánchez.

Agatángelo Soler contestó la misiva y le relató a Establier que la placa fue arrancada de su lugar exactamente el 11 de mayo de 1936, según él, solamente por el hecho de ir encabezada por "en el nombre de Dios Padre y del Hijo y del Espíritu Santo". 

Detalle del texto que conocía bien D. Agatángelo Soler.
Pero lo que nadie suponía es que después de casi cuarenta años de silencio sin la placa fundacional, y entre tantas incógnitas por la redacción de un libro, iba a emerger la figura del cura del barrio, la persona idónea para iniciar la recuperación de una lápida que ¡estaba escondida en el barrio de Benalúa desde entonces!

"La placa de Benalúa, en que mi abuelo, junto con los DIEZ AMIGOS fundó el barrio, existe y la tiene guardada alguien en el barrio, no sé quién, pero el cura, Don Liberato Rovira, lo averiguará"


Y ésta fue la clara respuesta del farmacéutico, la que propició que comenzaran las investigaciones y pesquisas de Don Liberato Rovira. Imaginamos al carismático sacerdote indagando e involucrando a todos los vecinos, preguntando uno por uno cuidadosamente después de misa, en los encuentros con los jóvenes, en cada rincón y esquina; en definitiva, movilizando a todo el barrio. Y de nuevo el mágico barrio de Benalúa mostró que podía volcarse en la búsqueda de su propia historia y patrimonio, porque así llegó la información sobre la lápida. No había sido destruida, sino solamente arrancada de su emplazamiento y, recogida por unos vecinos, estaba en un patio de una de las casas del barrio, puesta del revés sobre unos caballetes, haciendo de mesa de mármol. 

Agatángelo, tras conocer la noticia, llamó por teléfono a Rafael Establier (que vivía en Sevilla) y le comunicó que los benaluenses la habían rescatado, restaurado y fijado junto a una fuente luminosa, costeada por el vecindario en la plaza de Navarro Rodrigo. Sin embargo, esa lápida ya sufría una mutilación en su parte superior.

En la porción que falta se podía leer:

"Sociedad Anónima Los Diez Amigos, constructora del..."

Y como gran colofón a la primera parte de esta historia,  el martes 9 de julio de 1974, noventa años después de su colocación (recordemos, el 7 de julio de 1884), el Diario Información reprodujo la imagen y el texto de la lápida, con una reseña especial sobre los 90 años del barrio Benalúa de Vidal Masanet. Afortunadamente, la lápida nunca se fue del barrio 



HACE NOVENTA AÑOS
Diez amigos fundaron la populosa barriada de Benalúa.
El domingo 7 de julio fueron encendidas noventa velitas montadas sobre la espléndida tarta simbólica de la coquetona barriada de Benalúa. Sí; noventa, que son los años del populoso sector urbano y cuya efemérides tiene su testimonio con la piedra de mármol que Benalúa exhibe en su cuidadísima plaza.
BARRIO DE BENALÚA Se inauguraron las obras de este barrio el día 7 de julio de 1884, colocando en el nombre de Dios Padre y del Hijo y del Espíritu Santa la primera piedra en el centro de la zanja medianera de estas dos casas, el presidente Dr. don José Soler y Sánchez, siendo honorario el Exmo. Sr. Marqués de Benalúa; vicepresidente, don Juan Foglietti y Piquer; contador, don Amando Alberola y Martínez; tesorero, don José Carratalá y Cernuda. Iniciadores de la construcción de este barrio. Encargado de las obras, don Pascual Pardo y Gimeno; secretario, don Francisco Pérez Medina; y vocales, don José Guardiola y Picó, arquitecto, don Pedro García Andreu y el doctor don Arcadio Just y Ferrandiz.
Luces, fuente luminosa, júbilo, y sobre todo, el recuerdo entrañable de los benaluenses a los DIEZ AMIGOS, que proyectaron el Benalúa de hoy. Ahí queda el mármol caliente -la gratitud que rompe el frío- y el vecindario dando ejemplo en una fecha que no pasa inadvertida.
Noventa años, Benalúa. Felicidades, Benalúa...


Postal de los años 70, con la lápida fundacional recuperada.

Diez años más tarde, con motivo del centenario, el Ayuntamiento planeó la instalación de una nueva placa conmemorativa de esta efeméride, que acompañara a la placa fundacional, justo el día 7 de julio de 1984, pero por alguna razón no se llevó a cabo y nunca más se supo de esta "placa del Centenario".

Noticia de la NO INSTALACIÓN de la "Placa del Centenario"
Podríamos pensar que la lápida fundacional continuó en Benalúa desde sus orígenes, y que, tras un lapso de cuarenta años, volvió a lucir en el sur de la plaza Navarro Rodrigo. Sin embargo, esta historia no tiene un final tan dulce como parece, pues todavía quedan detalles que investigar, ya que la placa de la placeta actual no es la misma que la original.

Lápida fundacional original
Lápida fundacional actual




















La placa de la placeta actual difiere de la original, en un primer vistazo, en la fuente del grabado del texto, porque ni la tipografía ni las versales son las mismas que en 1884. Se puede comprobar fácilmente si analizamos, por ejemplo, textos de ambas imágenes:


Observamos la tipografía distinta en ambas, mirad las versales de Padre, Hijo y Espíritu Santo en la original, que han desaparecido en la lápida actual.

Comparativa entre la lápida original y la actual. Ahora no sólo cambia la tipografía, sino también la abreviatura en el tratamiento de cortesía: "Exmo. Sor." y "Exmo. Sr." / "Vice-Presidente" y "Vicepresidente".


Este hecho hace que surjan múltiples preguntas que podríamos resumir en "¿Conservaron el mármol original y, tras una pulimentación volvieron a grabar las letras para una mayor longevidad?" No tenemos ningún documento que nos lo aclare, y es poco probable, pero sería la opción más deseable para todos los alicantinos, porque es más que posible que en la placeta haya otra placa diferente, llamémosla copia (tal vez incluso sea la del Centenario), y la original se encuentre (o no) en otro lugar. Un misterio benaluense más sin resolver.

Pero, ojo, ¡no es la única placa que hay en placeta!
Junto a esta placa, aparece otra, menos conocida, que conmemora la reurbanización y embellecimiento de la plaza en 1966, en la que se reorganizaron los parterres, se sustituyó la jardinería, se ubicó la fuente reemplazando al icónico templete, y la plaza perdió parte de sus aires originales, tan familiares y agradables para el paseo y el juego de los niños, como demostró el embellecimiento posterior en 2012. Curiosamente, en la redacción del texto de esa placa, confundieron "embellecimiento" con "embelleccimienteo" (sic.) Y así lleva desde 1966.


La "otra placa de la placeta"
NUESTRA GRATITUD A:
EXMO. SR. D.
FELIPE ARCHE HERMOSA
GOBERNADOR CIVIL DE LA PROVINCIA
ILTMO. SR. D.
FERNANDO FLORES ARROYO
ALCALDE DE ALICANTE
Y A CUANTOS HAN COLABORADO
AL "EMBELLECCIMIENTEO" DE ESTA PLAZA
AÑO 1966

No podíamos finalizar este artículo sin reproducir, literalmente, el texto íntegro de la lápida fundacional del barrio de Benalúa, en un sincero homenaje a los Diez Amigos, sus fundadores, herederos del "sueño" de D. Pascual Pardo Gimeno, y a todos los que hicieron posible la construcción de un barrio modélico en su origen y planificación.

BARRIO DE BENALÚA
SE INAUGURARON LAS OBRAS DE ESTE BARRIO
EL DÍA 7 DE JULIO DE 1884.
COLOCANDO EN EL NOMBRE DE DIOS PADRE 
Y DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO 
LA PRIMERA PIEDRA EN EL CENTRO DE LA
ZANJA MEDIANERA DE ESTAS DOS CASAS
EL SEÑOR PRESIDENTE 
DR. D. JOSÉ SOLER Y SÁNCHEZ
SIÉNDOLO HONORARIO EL
EXMO. SR. MARQUÉS DE BENALÚA
VICEPRESIDENTE D. JUAN FOGLIETTI Y PIQUER
CONTADOR D. AMANDO ALBEROLA Y MARTÍNEZ
TESORERO D. JOSÉ CARRATALÁ Y CERNUDA
INICIADOR DE LA CONSTRUCCIÓN DE ESTE BARRIO
Y EL ENCARGADO DE LAS OBRAS 
D. PASCUAL PARDO GIMENO
SECRETARIO D. FRANCISCO PÉREZ MEDINA
Y VOCALES 
D. JOSÉ GUARDIOLA Y PICÓ ARQUITECTO 
D. PEDRO GARCÍA ANDREU
Y EL DR. D. ARCADIO JUST Y FERRANDO

Si quieres localizar la Placa fundacional del barrio en 1884 o la conmemorativa del embellecimiento en 1966, puedes hacerlo en estos enlaces a nuestro Mapa de Panoramio.

BIBLIOGRAFÍA:

Hemeroteca del diario Información
ARTÍCULOS de Ernesto Martín Martínez y Rubén Bodewig Belmonte  en www.barriodebenalua.es:

AAVV, I Centenario del Barrio de Benalúa, Certamen Literario, Banco de Alicante, 1985.
COLLÍA ROVIRA, Joaquín, "Benalúa. Odisea de su Construcción (1882-1896)", en I Centenario del Barrio de Benalúa, Certamen Literario, Banco de Alicante, 1985.
ESTABLIER COSTA, Rafael, Añoranzas y Recuerdos Benaluenses, C.A.P., Alicante, 1976.
MARTÍNEZ MENA, Miguel, "Centenario, pincelada cultural. Benalúa en Alicante, Alicante en Benalúa", en I Centenario del Barrio de Benalúa, Certamen Literario, Banco de Alicante, 1985.
PASTOR LIZA, José, “Oda a los fundadores de Benalúa”, Rev. Hoguera de Benalúa, Alicante, 1984.
SOLER, Gabriel, “Benalúa en su I Centenario”, Rev. Hoguera de Benalúa, Alicante, 1984.

ERNESTO MARTÍN MARTÍNEZ

13 diciembre 2013

LA LUZ LLEGÓ A TABARCA EN NOCHEBUENA


El día de Nochebuena de 2013 se cumplen 50 años de la llegada de la luz eléctrica a Nueva Tabarca, pues el 24 de diciembre de 1963 se puso en funcionamiento el primer grupo electrógeno de la isla. El acontecimiento, tan importante para la población y tan deseado por los isleños, unido a la especial fecha en que se hizo realidad, fue motivo de que la prensa, en especial el Diario La Verdad, en las páginas 15 y 16 de la sección de Alicante del día 5 de enero de 1964, hiciera amplio eco de la noticia, dedicándole el citado diario un extenso artículo, de la mano del periodista José Luis Blanco Zamora, así como unas páginas en su suplemento dominical, con un considerable reportaje gráfico de Ángel García Nieto, logrando entre ambos una magnífica y completa semblanza de la isla, de las alegrías y tristezas de sus habitantes, de sus deseos e ilusiones, haciéndonos vivir una entrañable Nochebuena en Nueva Tabarca.

Ambos artículos quedan transcritos a continuación, texto y fotografías, con algún que otro comentario que intercalo [entre corchetes], y unas anotaciones finales de la posterior evolución de la electrificación de la isla. El ejemplar del Diario La Verdad consultado y reproducido, consta en la amplia hemeroteca del Archivo Municipal de Alicante.

* * *


El periodista había pensado una y otra vez que las Nochebuenas se debían pasar en casa. Era algo que había oído tantas veces de pequeño que había llegado a defenderlo casi como un pequeño dogma. Sin embargo, por esta vez las convicciones se quedarían sin poderlas llevar a la práctica. Porque, al fin y al cabo una noche buena se pasa en cualquier parte, con más razón si es la Nochebuena. Y en la misma bocana de la imaginación quedó varado el lugar exacto donde mis huesos del norte irían a pasar la Nochebuena: en Tabarca; una isla tranquila, una especie de pequeño imperio romano donde la paz se dormiría con monótono arrullo de olas y donde uno podría moverse como una figura más de un belén original, un belén que estaría rodeado de agua por todas partes, sin lagos y sin majadas, pero con cura y guardias civiles.

Tabarca: una tentación luminosa

Desde Santa Pola se ve la isla. Es una tentación luminosa que invita a echarse a nado para ganarla en un santiamén y dejarse de embarques en botes o gasolineras. Sin embargo, las autoridades marineras, debido a su profesión y a desengaños dolorosos, han perdido bastante fe en las aparentes tranquilidades de la mar y ordenaron que embarcáramos en un bote de motor cuyo patrón no conservaba de las grandes virtudes del mar nada más que su destreza en el oficio. Pero de esto vale más no hablar. A nuestro bote subieron un matrimonio joven, una señora mayor y un viejo que deshilaba el valenciano a través de sus diezmados y destruidos dientes. En popa iba sentado un pescador aparentemente joven —¡qué difícil es saber la edad de estos hombres de la mar!— que venía a pasar las Navidades con la familia desde Canarias, donde estaba embarcado con la pesca de la gamba. Todos llevaban consigo las provisiones compradas en Santa Pola para estas fiestas. Emprendimos, pues, la marcha. En el muelle quedaban dos pequeñas embarcaciones más que habían de cargarse con más avituallamiento, porque durante estas fiestas, nadie se mueve de la isla. Garrafas de vino, carnes, pescados y huevos, servirían, dentro de unas horas, como pitanza navideña.

A las pocas millas ya se observan los detalles de Tabarca. Quien la bautizara merece los mayores respetos por nuestra parte, porque el nombre no puede ser ni más marinero, ni más bonito, ni más exacto. La isla es o una gran barca o muchas barcas apiñadas junto a otra mayor, quizá una barcaza —la iglesia— que ofrecen un perfecto trazado geométrico de rectas. Claro, que la isla tiene tantos modos de verla... En un viejo mapa marítimo de la Ayudantía de Marina de Santa Pola la vimos como una gran tortuga con el cuello y rabo estirados y espatarrada nadando hacia la costa levantina. Salvador Rueda la vio como una guitarra. Pero no hay que apresurarse porque sobre el poeta y la isla hablaremos más adelante.

Barca vetusta del Moncho 

En mi cabeza bullía una intranquilidad; una especie como de recuerdo olvidado que trataba de emerger y sacar la cabeza en cuanto un impulso feliz, como un milagro, le abriese las vidriosas aguas de la imprecisión. Al fin surgió y fue en forma de unos versos que, de niño, el padre nos hizo aprender cuando él era más joven, y estaba menos cansado y tenía más ocios en la vida. Del poeta no me acuerdo [se trata igualmente de Salvador Rueda], de los versos creo que sí:

Barca vetusta del Moncho
que vas de Pola a Tabarca.
¡Cuántos crujidos de guerra
dieron sobre el mar tus tablas!

Estos versos vivían dentro de mí sin interés ni relieve alguno. Nunca los entendí cuando los estaba aprendiendo de muy niño. Fue el día de Nochebuena cuando el bote, la vieja barca del Moncho, tenía una explicación. Yo había entrado en el viejo mundo del Moncho, del viejo Moncho, el barquero ordinario de la isla, que la conquistaba y la dejaba diariamente como un don Juan, sin petulancias y almadrabero por línea directa de familia. Don Pascual Russo [lo correcto es Ruso], viejo capitán de almadraba, ágil y esbelto de figura y con un rostro inteligente y distinguido identificaría más tarde al Moncho cuando le dijera estos versos. He aquí un personaje, el Moncho, que ha entrado y tiene su lugar en la historia; en la grande o en la pequeña historia —¿qué más da?— de Tabarca.

A media mañana puse los pies en el muelle de la isla y caminé cuesta arriba, en medio de pequeños barcos, hacia el pueblo. Las calles se abren al mar en todas direcciones; en una de ellas me encuentro al cura armado con la caña de pescar y un bote de carnada. Después del saludo y de estrecharnos la mano, me enteré de que no era el cura, sino un hermano de él, seminarista, que estaba pasando las vacaciones navideñas en su compañía. Murallas y viejos arcos de tiempos de Carlos III imponen su autoridad real al mar. No le asustan estos gestos al Mediterráneo que siempre ha vivido muy democráticamente con los reyes. ¡De algo le han de servir sus largas experiencias!


La Guardia Civil disfruta de paz

El próximo saludo es con la Guardia Civil. Un cabo primero, con gafas y con pipa, me acoge con una sonrisa abierta debajo de un bigote perfilado y empezamos a charlar sobre la isla. Más tarde pude comprobar que las conversaciones sobre Tabarca, si se hacen sobre el pasado, carecen de importancia para las gentes. Todo lo más que sale a relucir es Carlos III con sus bondades sociales de traer a la isla italianos. No hay que olvidar que en Sierra Morena levantó una colonia, La Carolina, con gentes de la Europa nórdica y que gozaron da los mismos privilegios de exención de impuestos que en la actualidad disfruta Tabarca. En Tabarca quedan muchos Chacopino, Russo, Manzanaro...

Si se intenta hablar sobre el presente de la isla, se saca en conclusión que todos sus habitantes la llevan dentro; la quieren como a uno más de la familia, pero los comentarios sobre su vida son un poco dolorosos.
—Mire Vd. —me decía un viejo entornando los ojos como si el reverbero marino le estuviera dando de continuo— aquí ve muchos hombres, sólo por estas épocas del año. Dentro de unos días vuelven a la mar y aquí se quedan unos cuantos jóvenes, todos los viejos, las mujeres y los niños.

¡Ah!, pero no habléis del futuro. Aunque no es necesario sacar el tema porque ellos se encargan de hacerlo. Los tabarqueños [lo correcto es tabarquinos] esperan muchas cosas. Tienen fe en su isla. Parece como si fuera un hijo bien dotado que sólo le hace falta que alguien se interese en cogerlo de la mano y ocuparlo. Esperan noticias; todas las informaciones son pocas para estos hombres, a quienes les duele, y mucho, el que los hijos de Tabarca, hermanos, tíos, primos, parientes lejanos —porque en la isla todos son parientes—, tengan que abandonarla porque la mar es cicatera y cobra con creces los regalos que hace. Les duele que Tabarca tenga emigrantes cuando hay tantas "posibilidades turísticas" que están ahí, sobre un terreno volcánico [el origen de la isla no es volcánico, sino básicamente arrecifal] y a lomos de unas aguas calientes y apacibles rizadas de brisas.

El silencio reside en Tabarca

La tarde es propicia para comentarios. Delante de la puerta del Pósito de pescadores, éstos, tumbados de costado o sentados cara a la mar, comentan suavemente —hablar alto en el pueblo ofende al silencio que como una gran vela marina se extiende sobre todo— los mil incidentes que cada uno haya protagonizado. Yo, en diálogo con don Pascual, el viejo capitán de almadraberos, con el alcalde y practicante al mismo tiempo de la isla —un hombre jovial, optimista y activo— me voy enterando de unas cuantas cosas.

—La isla —me dice el alcalde— tiene unos dos kilómetros de largo por uno de ancho. Los problemas actuales principales, son: deficiencias en los servicios higiénicos por falta de agua, y sobre todo, carencia de luz. Este último problema lo hemos solucionado con la instalación de un grupo electrógeno —motor de quince kilowatios— que surte de luz al pueblo. Precisamente esta noche se inaugurará. Todos abrigamos unas grandes esperanzas de que Tabarca llegue a ser un centro turístico importante que redima a la isla de todos los problemas que la abruman. Sabemos que una empresa, UTISA (Unión Turística Insular, S. A.), ha comprado unos 180.000 metros cuadrados. Esto quizá sea la solución de esta isla que tantas posibilidades tiene para el turismo.

Fue emocionante el momento en que el motor del grupo electrógeno se puso en acción. Cien casas se iluminaron y otras tantas familias —son 280 los habitantes actuales de la isla— lanzaron gritos de entusiasmo ante el acontecimiento. Tabarca se iluminó y los que estábamos dentro, recogiendo en la calle la repercusión del acontecimiento, nos daba la impresión de que íbamos a bordo de un gran barco iluminado en el que se celebraba una gran fiesta. Colaboraba a crear esta impresión el traqueteo incesante del motor que alimentaba de energía las bombillas. Tabarca, así la vimos la Nochebuena de 1963, comenzaba a navegar con esta inauguración oficial-local con el mejor de los aires: con el del optimismo y el de las realizaciones.

—Sabemos que el señor gobernador actual [en esas fechas era Felipe Arche Hermosa] —sigue el alcalde—, está muy interesado en ayudarnos y en montar algo grandioso en Tabarca. Estamos convencidos de que poco a poco surgirá una nueva Tabarca desconocida y todos encontraremos solución a los mil problemas actuales.

La isla de la esperanza

En la isla no se sabe si este caparazón de tortuga quieta es zona militar o civil. A estas gentes sencillas, niños grandes, prestas al saludo y a sonreír con la más ancha de las sonrisas, que se santiguan antes de echar la red al agua y que al sacarla se lo agradecen a Dios con estas palabras: "Sarsia calá, a Deu siga encomaná" [Red calada, a Dios sea encomendada], no les preocupan estas zarandajas. Ellos lo que quieren es que sus parientes y amigos no salgan de Tabarca y que la isla, la pequeña isla, recoja en sus murallas a todos; les dé de comer y no tengan que vivir de continuo con las inquietudes y temores del hijo, el hermano o el esposo que salieron —"Va ya para tres meses y no ha vuelto ni siquiera para esta Nochebuena"—. Hasta muy tarde han estado muchas madres y hermanos, alguna novia también, esperando el regreso de uno de estos pescadores.

He asistido a uno de estos recibimientos. El hijo sonriente, espigado, camina hacia el pueblo, junto a la madre, viene de las costas de Agadir. Los saludos le siguieron a lo largo de las calles y al pasar junto a la Virgen, debajo del arco, se santigua, como todos los tabarqueños lo hacen. La familia, los amigos y parientes salieron a relucir en los diálogos entrecortados y en telegrama, iban comunicándose las primeras noticias sobre todos. Durante todos estos días han estado llegando marineros a Tabarca. Algunos, sin embargo, pasarán estas festividades navideñas enviando S. O. S. sentimentales con el recuerdo, a la casa paterna y a los amigos que en esta noche saldrán por las calles silenciosas de Tabarca asustando a los gatos y perros de la vecindad.

El cura nuevo, don Francisco, ha llegado a última hora a la isla. Viene de Alicante donde no le han podido entregar las cestas navideñas que estaban destinadas para Tabarca. En Santa Pola las esperó hasta última hora y no llegaron; menos mal que algunas familias distribuyeron sus provisiones a los que las esperaban con impaciencia, ya que no tenían preparado nada para la fiesta familiar. Don Francisco es un cura joven, con una sonrisa intemporal, de ademanes suaves, pero que a la hora de la verdad —en Tabarca es la tormenta— se remanga la sotana y tira de los chicotes [en términos marinos, es el nombre que recibe el extremo de un cabo de cuerda], por el barco, como los buenos.

En casa del cura terminamos de cenar a las nueve. Tres horas antes de comenzar la "misa de gallo". ¡Qué buena estaba la sopa, señor Roque! El señor Roque es el padre del cura nuevo, de don Francisco, y cocina de maravilla. En la sobremesa, compartida en diversos sitios, porque más que sobremesa fue una ronda por las casas vecinas, se habló de muchas cosas. Algunas tan entretenidas como los comentarios sobre Pepe.

Pepe, el "otro cura" de Tabarca

Que ¿quién es Pepe? Él dice que es cura de Tabarca. É1 se llama don José de Tabarca. Su madre, su bendita madre, le ha tenido que hacer una sotana igual que la de don Francisco. Un sacerdote anterior le regaló un breviario y su iglesia particular está muy cerca de la iglesia del pueblo; es una pequeña cueva en el interior del hueco de las murallas. Él se ha encargado de ponerle una puerta y de montar el altar. Una pequeña hornacina, a la entrada, encierra una esquila [campana pequeña con la que se convoca a eventos de la comunidad como reuniones o procesiones] que Pepe, perdón, don José de Tabarca, toca, llamando a sus fieles a las mismas horas que el señor cura. Tiene su altar y su nacimiento. Reza por el pueblo y por los pescadores de alta mar y a la letanía que él lee en el breviario —es analfabeto, pero esto no importa para que él recite su letanía— incluye junto a la invocación "Casa de Oro", las de casa del cura nuevo, casa de la tía Nicolasa y otras invocaciones más, y uno piense que el Dios bueno oirá las súplicas de un alma, que encerrada en una psicología rota, ha polarizado sus "manías" en pedir que los hombres sean buenos.

Tabarca: aquí también nació Dios, perdido en la soledad del mar; el periodista vino a verlo y a vivirlo

La Nochebuena en la isla

La gente espera el último toque para acudir a la "misa de gallo". Mientras tanto los mozos y mozas de Tabarca se han reunido, cada grupo por separado, para celebrar la cena de Nochebuena. Las chicas llenan la isla con panderos y villancicos mientras saltan y bailan. Hay huevos y pollo en el menú. Los chicos, más silenciosos, están alrededor de un gran plato de morena pescada por ellos, que un viejo cocinero de barco ha preparado a conciencia. De lo exquisito del plato podemos dar fe ya que con el bichero de los dedos ensartamos un hermoso trozo bien acompañado con su concienzudo trago de vino. Parece como si el periodista hubiera estado viviendo siempre con ellos. Tabarca, lo repetimos, es un inmenso hogar abierto a todos.

Entre los comentarios y risas salta el recuerdo para los que no han llegado. Bueno, otro año será.

La Guardia Civil, al frente de su cabo, llega bien abrigaba y torea a la brisa, que ha refrescado un mucho, con el largo capote verde claro. La campana de la iglesia —sirena de este barco amarrado al muelle de los acantilados y murallas— llama a los isleños a la misa. Viejas y viejos, jóvenes y chiquillos, van llegando poco a poco para celebrar el gran misterio cristiano: el Nacimiento de Dios. Los ramos de las palmeras se agitan a la puerta dándoles una especie de bienvenida.

Las chicas se encargan del coro y la misa resulta armonizada. La iglesia —robusta construcción con trazas de fortaleza— se llena de voces que reciben como contrapunto el rítmico compás del mar, que rompe contra los muros cercanos. En silencio y recogimiento se van acercando a adorar al Niño, los hombres primero, luego las mujeres y van saliendo con prisas para encerrarse en las casas. Es muy tarde ya para estos tabarqueños acostumbrados a irse a la cama cuando comienza a rizarse la luna sobre el agua marina.

Todavía nos damos una vuelta por el pueblo. El alcalde ha dado órdenes de que se pare el motor de la luz y al poco rato el pueblo se queda a oscuras y en completo silencio. Solamente las linternas de los guardias horadan la oscuridad en su ronda permanente y al rayar el día se irán para la vieja fortaleza de tiempos de Carlos III, que se ha convertido ahora en cuartel [se refiere a la Torre de San José, entonces destinado a cuartel de la benemérita]. Tabarca duerme después de este desacostumbrado ajetreo que la habrá sorprendido un tanto.

El poeta Salvador Rueda vivió en la isla y la cantó

El sol iba ya alto cuando sacamos el agua del aljibe para lavarnos. El agua de Tabarca es fina agua de lluvias que los isleños recogen cuidadosamente en aljibes llenos de años y de ecos [el agua corriente no había llegado todavía, y era una de las principales carencias de la isla].

Desde la Cantera, hacía el sur, popa de este gran trasatlántico que es Tabarca, nos trasladamos, bordeando la lengua de mar, hasta el cabo Falcón, en el otro extremo. Aquí está el cementerio: pequeñas cruces de madera clavadas en el suelo, y alguna lápida, señalan las sepulturas. Las paredes en mal estado —están tratando de repararlas— se abren al mar. Nos ha parecido estupendo que los pescadores puedan seguir teniendo vistas al mar aun después de este último trance. La espuma de la mar es la mejor mortaja para estos hombres marineros.
Es cierto, desde luego, que son contados en el año los muertos tabarqueños. Vienen a morir dos o tres octogenarios y nacen de cuatro a seis en el mismo período de tiempo. Antes de llegar al pueblo, donde un grupo de mujeres va por las puertas cantando y pidiendo limosna para celebrar misas en sufragio de las almas, pasamos delante del solar de la casa que construyó con sus propias manos y habitó el poeta Salvador Rueda. Está en un saliente en la parte media de la isla, entre el pueblo y los yermos terrenos que una sociedad anónima ha comprado en vistas de montar un gran complejo turístico. El poeta vivió mucho tiempo en la isla cuando los botes no llevaban motor y los viajes a Santa Pola había que hacerlos a remo. El mismo tenía su bote y él lo gobernaba.

Todavía la gente mayor lo recuerda y quedan "coplas" suyas aprendidas de memoria por los vecinos. Al periodista le han recitado una de estas "coplas" dedicada a la isla. Se trata de un soneto que transcribimos, a pesar de que su trabajo costó porque la mujer que lo sabía tenía que decirlo de "carrerilla", si no se le olvidaba:

Isla gentil que siempre te deseo,
de una guitarra tienes la figura,
donde se ata la larga encordadura
está la soledad de mi recreo.

Dibujada en mi espíritu te veo,
igual que un instrumento de hermosura,
orlada por la mar y la bravura
que te azota con verde balanceo.

Para vivir ¡qué sitio tan dichoso!
Para sonar, ¡qué mágico retiro!
Para morir, ¡qué campo soledoso!

Quién fuera el ancho mar, guitarra mía,
que retienes la caja de armonía
como un inmenso estuche de zafiro.

Los versos de Salvador Rueda siguen todavía válidos para esta afortunada isla del Mediterráneo que lleva varada tantos siglos esperando que una mano providencial venga a arrancar unas notas que resuenen a progreso y optimismo esperanzador.

Tabarca, trasatlántico sin rumbo, inmensa tortuga con un caparazón de tierra estéril, guitarra con cuerdas, pero sin sonido, espera. Los tabarqueños —me lo decía don Pascual— esperan también que esos rumores que corren de hacer de la isla un gran centro de alto turismo, sean realidad. Estas gentes sencillas como niños grandes, acostumbrados a vivir en vilo pendientes del tiempo, de la mar; llenos de esperanza por dentro que le sale por los ojos, carecen de casi todo y lo esperan todo.

En 1939 el censo de población arrojaba un número de habitantes de 1.400. En la actualidad viven en la isla 280. Los jóvenes emigran, pero con el recuerdo viven dentro de su isla. Carece de presupuestos la pedanía y no se pagan impuestos de ninguna clase. Este trozo de tierra volcánica española, que el Jefe del Estado recorrió el Domingo de Ramos de 1963 [7 de abril] y cuya visita recuerda emocionado el cabo de la Guardia Civil. Él ha visto con sus propios ojos, las necesidades y ha charlado con sus gentes. Tabarca con sus problemas y sus esperanzas, es conocida. Los tabarqueños creen que el montaje de un gran complejo turístico será su redención. Se ha hablado de la creación de un gran casino de juego, de un club de regatas, de un campo de golf y de muchas otras cosas. Y el periodista se pregunta con un ligero temor: ¿Será el turismo la salvación de los tabarqueños?

El sol ha cruzado el meridiano del día de Navidad y el periodista se despide en la sobremesa de don Francisco, el cura, del alcalde, en nombre de todo el pueblo, de don Pascual, acepta el ofrecimiento amistoso del viejo Santa Creus [¿Santa Claus?] y, con honda pena, se dispone a desembarcar de este enorme trasatlántico que se llama Tabarca para pasar a una canoa marinera e ir a "tierra firme", como dicen los tabarqueños. El periodista se ha encontrado en Tabarca como en un gran hogar y ha pasado una noche buena; de las mejores Nochebuenas que recuerda.

* * *


HOY ES DÍA GRANDE

Hay más hombres que de ordinario.

Vinieron de la mar a pasar la fiesta.
No todos.
Hay quien está a muchas millas y a años de lejanía.
Pero hay que celebrarlo como en cualquier rincón del mundo.
La barca se ha cargado de provisiones abundantes en Santa Pola.
El cura ha estado corriendo por tierra firme regateando la caridad para quienes aquí no tienen nada.
A última hora la caridad no llegó.
Tuvo que volverse con las manos vacías y el corazón en un puño.
Pero en Tabarca hay conciencia de hogar común —todos o casi todos son parientes—, y de estas sacas y cestas hubo para todos.
La gran noticia de esta Nochebuena.
Fuimos a pasar la noche mejor del año en un ambiente de soledad y pobreza, y también allí nos encontramos con el acontecimiento.
Por vez primera en su historia, en esta noche en que los cielos derraman luz, Tabarca va a tener iluminación.
En la hora mágica de la Nochebuena se inauguró el grupo electrógeno.
Y se hizo la luz.

La isla. Lejos de la tierra. Prisión, soledad de poetas o viviendas derruidas de gentes pobres. En 1939 tenía 1.400 habitantes. Hoy, 280. No hay comunicación regular con el mundo. Quien puede tener un bote, marcha cuando quiere y el mar lo permite. Los demás esperan que alguien pueda llevarles. Más ruinas que muros en pie. Sobresale la iglesia, firme recuerdo de tiempos mejores. Aquí vivió el periodista la inolvidable emoción de una Nochebuena entre las gentes sencillas, como las que eligió Cristo para vecinos de su nacimiento.
Poco después de la cena, y mientras se espera a la misa del gallo, júbilo en las calles semiderruidas de la isla. Villancicos y alegría. Los mozos están lejos. En la mar, pescando. Vienen algunos, pero cada tres o cuatro años. La espadaña [elemento arquitectónico de los campanarios] ha lanzado su llamada por toda la isla y hasta ha penetrado en la profundidad de la oscuridad marinera. Llegan a misa los fieles. Hace frío. Es medianoche. Una medianoche clara. Suena el mar a unos metros. Dios va a nacer.
La adoración del Niño Dios. Hombres y mujeres llegan con devoción hasta el altar. La Guardia Civil, que hace la vigilancia de la isla. Aquí, donde la convivencia tiene rasgos muy peculiares, donde no se pagan impuestos —ni hay donde pagarlos—, donde las ramas más íntimas de la familia se desgajan sangrantes por el vendaval de la necesidad, la fe en Dios, que acaba de nacer como hombre, es más robusta y necesaria. Y, por ello, el corazón más limpio. Lo último. El pobre cementerio de Tabarca. Dos o tres nuevos inquilinos tan sólo al año. Cada vez menos gente. Nacen aquí, pero se van a morir —y buscar la vida— lejos. El mar, el eterno compañero, rodea las tumbas. Dicen que todo esto se va a transformar. ¡Qué extrañeza de siglos si llega a realizarse!

* * *

Nueva Tabarca siguió dependiendo más de dos décadas de estos grupos electrógenos, para la electricidad que precisaban los isleños en su día a día, con un fuerte incremento de la demanda en época estival, gracias a ese turismo anunciado, aunque no resuelto como se pensaba, que habitualmente superaba las capacidades de estos generadores.

En 1988 se terminaba la construcción de una central solar fotovoltaica que fuera capaz, no ya de proporcionar la electricidad necesaria a los tabarquinos, sino de soportar los incrementos veraniegos que exigía el creciente turismo de la isla, complementando así el servicio que seguían dando los generadores. La planta fue financiada por la Unión Europea, instalada por AEG, dotada con 2.466 módulos fotovoltaicos y proyectada con una potencia eléctrica de 100 kilovatios.

Diez años más tarde, en 1998, el Ayuntamiento de Alicante, la Generalitat e Iberdrola alcanzaban un acuerdo para dotar a la isla de Tabarca de las instalaciones necesarias para recibir suministro eléctrico desde la península, mediante un cable submarino. Se paliaba así, con una inversión de 135 millones de pesetas, una de las viejas reivindicaciones de los habitantes de la isla, condenando, sin embargo, a la obsolescencia, a la central solar fotovoltaica, sin que nunca hubiera llegado a funcionar a pleno rendimiento. Tabarca tendría un servicio normal de energía, 24 horas al día, antes de fin de 1999, y llegaría a la isla por el mismo conducto que la abastece de agua potable, por lo que apenas implicaba impacto ambiental.

(Artículo publicado en el blog "La Foguera de Tabarca")

 
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