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lunes 12 de mayo de 2008

ESTA FOTOGRAFÍA TIENE MÁS DE 50 AÑOS...

Aunque parezca un páramo desértico, encierra una historia de lo más rocambolesca, que modificó este paisaje para siempre, formándose un ecosistema lacustre como por arte de magia.

Mañana, en Alicante Vivo, conocerás algo más sobre un mítico paraje alicantino.

EL ESTACAZO DEL TÍO FOLLAJES

Actualmente las almazaras no trabajan como antaño, cuando la mayoría de los pueblos alicantinos contaban con infinidad de estos artilugios de indudable valor etnográfico. Eran, todas, de tracción animal y las caballerías solían dar vueltas y vueltas en torno, como en las norias, sacando el jugo a la oliva.

En Busot, pequeño pueblo situado al pie del Cabeçó d´Or, montaña que ofrece en sus entrañas las afamadas y bellísimas cuevas de Canelobre, colmadas de estalagmitas y estalactitas, había tres almazaras. Una de estas antiguallas, pertenecía al tío Follajes, hombre enjuto, parco y trabajador, un tanto avaro quizá, al decir de las gentes.
En su vieja almazara, los más se conformaban con el menguado jornal diario: otros, en cambio, refunfuñaban, descontentos, llevándose por contra, a escondidas, con mucha cautela, alguna que otra botella de aceite para su hogar, aunque el almazarero, temiéndolo, daba tantas vueltas por el local, como las mismas caballerías.
A su pesar, tal era el fárrago habido que, de vez en cuando, sin poder explicárselo, desaparecían algunas cantidades de la preciada grasa líquida, en vista de lo cual al buen hombre no le quedó otra solución que montar la guardia en torno al cobertizo, con la esperanza de sorprender al noctámbulo.

Justo a la tercera noche de vigilia, el guardián pudo comprobar cómo por el camino se iba acercando a su hacienda un espantajo muy alto, blanco, llevando en un costado un cirio encendido. Era la temible "muserota", que tantas tropelías tenía en su haber.

La verdad es que el tío Follajes no era hombre que digamos de agallas y el enfrentamiento con esta aparición diabólica, por lo que de ella había oído, no le seducía. Por otra parte, no sabía si el fantasma era el ladrón, aunque lo presumía de antemano.
Por estos motivos, sin salir de su escondite, consideró prudente esperar a que aquél se manifestara, al tiempo que su corazón latía desacompasadamente, más, quizá, que el del intruso.
Llegada a la fábrica, segura de hallarse sola en el lugar de los hechos, la "musserota" se acercó a una ventana y la abrió sin dificultad. Este comportamiento vino a atestiguar al viejo que el pillastre era de la casa, habiendo dejado exprofeso la tranca fuera del lugar que le correspondía, para así facilitar la entrada, cosa que realizó con desenfado.

Tras un buen rato de paciente espera, una figura con una gran joroba bajo la blanca cubierta, salió del molino, pasando muy cerca del lugar en que el dueño estaba escondido, encaminándose en dirección al pueblo, por la misma vereda que había venido.

Fantasma y seguidor fueron caminando entonces en la misma dirección, por caminos poco frecuentados a aquellas horas de la noche, pues el tío Follajes, desarmado, no deseaba un enfrentamiento con el ladrón, conformándose con comprobar a dónde se encaminaba, para, de este modo, descubrir quién era el pillastre. Mas, en un recodo del camino, el aprovechado apagó el cirio y el buen hombre le perdió de vista, al haberse desviado por un atajo, entre bancales colmados de almendros.
Ante ello, el viejo regresó a la almazara y una vez en su interior revisó el número de cántaros habidos que, precavido, había contado aquella misma tarde. Grande fue su sorpresa al hallarlos todos en sus respectivos lugares, viniendo a caer en la cuenta que la astuta aparición nocturna había traído su propia vasija, llenándola de todas las demás, pra que no se echara en falta lo hurtado.

En días sucesivos, el buen hombre comenzó a hacer cábalas en cómo descubrir al ladrón, pensando que escudriñar en el rostro de los demás era tarea vana. Así que optó por callar y vigilar todos los días la tranca de la ventana por donde había penetrado la figura fantasmal. El resultado fue positivo. Una tarde, al pasar ante una ventana, observó la falacia, presumiendo que había llegado la hora de descubrir al ladrón. Aquella noche, el tío Follajes cogió la escopeta y se dirigió al molino, pero conforme se acercaba al lugar del encuentro comenzó a cavilar, razonando si, a fin de cuentas, un cántaro de aceite valía una muerte. Todos los que trabajaban en la almazara eran vecinos y amigos suyos, que le habían incluso ayudado a criar su prole. De todas formas, descerrajarle un tiro no, pero un escarmiento no le vendría mal al intruso. Si volvía aquella noche, allí terminarían sus escarceos nocturnos.

Después de un buen rato de espera, la blanca aparición, como la vez anterior, con el cirio encendido y cubierto con un manto blanco, fue acercándose a la almazara. El viejo sintió entonces que algo le agarrotaba la garganta, sabedor de que estos trasgos iban casi siempre armados, debiendo obrar con cautela y mucha rapidez para evitar un grave contratiempo. Si al menos supiera de quién se trataba, podría adivinar la reacción. Ignorándolo, si se revolvía contra él, teniendo que emplear el arma, era lo que más le preocupaba.

Pensando así, dejó entrar en la fábrica al estatermo, barruntando la sorpresa que se llevaría el cuitado, cuando al aparecer cargando sobre sus espaldas el untuoso producto del olivo, embarazado con el recipiente, se encontrara con el dueño.
Mientras aquél fue llenando su cántaro, el tío Follajes, con muy buen criterio, dejó la escopeta en el suelo y buscó una estaca, sujetándola fuertemente entre sus manos.

Poco después, a través de la ventana apareció primeramente el cirio y, detrás, quien lo portaba, cuidando de cerrar convenientemente la ventana, instante en el que cayó sobre sus espaldas un estacazo que retumbó en la noche, rompiéndose la vasija en mil pedazos. El fantasma cayó de bruces y el aceite se desparramó sobre él, empapando sus ropas, así como el suelo.
Sorprendido así el ladrón, de manera tan inesperada y brutal, se levantó raudo, emprendiendo una rápida huida, dejanod tras de sí un reguero oleoso, perdiéndose en la oscuridad.

El tío Follajes entró entonces en la almazara y cogió un farol, siguiendo a continuación el rastro que aquél había dejado. Terrenos y matojos, todo estaba impregnado de aceite, llegando el reguero hasta la misma puerta del hogar del vivales, que no lo fue tanto debido al atolondramiento que sufrió cuando el dueño de la almazara dejó caer sobre sus espaldas el estacazo.

El almazarero, creyendo que el escarmiento era castigo suficiente, no denunció el hecho a las autoridades competentes. El chasqueado, sabiéndose descubierto, a la mañana siguiente no se presentó al trabajo y pocos días después embarcaba en el puerto de Alicante con destino a Argel, dejando a los suyos a cargo de unos familiares allegados. Pasados años, los reclamó a su lado, y nunca más volvieron al pueblo.

A partir de aquel lamentable episodio, el tío Follajes no volvió a notar merma en sus vasijas, mas no por eso dejó de vigilar todos los días si las trancas estaban debidamente colocadas en las ventanas, por si a alguien se le ocurría la misma idea del taimado exiliado, haciendo fantasmadas en la noche a costa de la hacienda del vecino.


Texto de la serie "Cosas de fantasmas, duendes y brujas" publicada en el Diario Información durante 1986, con dibujos de Remigio Soler y textos de Francisco G. Seijo Alonso.

domingo 11 de mayo de 2008

FOTOGRAFÍAS INÉDITAS DE LA HISTORIA DE ALICANTE (I)

Los primeros datos de fotógrafos asentados en Alicante nos llegan de 1850. Allí encontramos a Francisco Plà "especialista óptico que reparaba aparatos en desuso y vendía vistas y aparatos de poliorama".

Tras él, llegaron otros muchos como Farach y Baroja (asentados en 1862 en la Plaza de la Constitución), Augusto Guyot, Manuel Cantos (el más admirado y respetado de los fotógrafos) y Bernat Pla.
Nos resultaría imposible nombrar a todos...
Sin embargo, queríamos dar las gracias a todos ellos, nombrados o no en estas lineas, porque nos legaron fotografías de incalculable valor.
Algunas de esas fotos, no habían sido publicadas nunca en esta web.
Son, por tanto, imagenes inéditas de nuestra historia; documentos que hablan de un tiempo que, si no fue mejor, al menos sí fue MUY diferente.
Espero que os gusten... incluída la fotografía panorámica final, una auténtica joya en la que podemos ver los logros conseguidos por las obras del ensanche de la ciudad.
Los documentos gráficos que os enseñamos a continuación y los que veremos en próximos artículos, han sido extraídos íntegramente de un libro: "ALICANTE en Blanco y Negro". Así pues, todos los méritos son de su autor y editorial.
Muchas gracias a todos ellos y......
¡Adelante con el espectáculo!
JUAN JOSÉ AMORES y RUBÉN BODEWIG

Vista parcial del Barrio de San Antón, en 1918. ¿Curioso montículo a mano derecha, verdad? Si ampliamos la foto y agudizamos la vista, sólo vemos por las calles de Alicante un carro de caballos y un pastor con un pequeño rebaño de cabras. ¡¡Qué tranquilidad!! Esta imágen no se va a repetir nunca más.

Fachada de la Estación de Madrid a principios del siglo XX. No os perdáis el detalle del hombre meando. ¡Para que luego digan de la gente joven de hoy en día!

Fotografía del Paseo de los Mártires en 1928. La imágen del carrito de bebé y la anciana de luto no tiene desperdicio. Una maravilla

Calle de la Aduana (Cervantes) en 1930.

La Calle Princesa en dirección al Portal de Elche. Fue la primera fotografía de la historia de Alicante en la que podemos ver un ovni. Era febrero de 1914

Antigua entrada al Paseo de Campoamor desde la carretera de San Vicente. Finales del siglo XIX

Calle de San Vicente... ¿Será posible que este venerable anciano se esté tocando "las bolas" mientras lo fotografían?

Alfonso X El Sabio (lo siento) en 1954. ¿A que parece más ancha, limpia y cómoda?

La avenida de Zorrilla (después llamada de la Constitución) desde Alfonso X El Sabio (lo siento) hasta la Plaza Chapí. Nunca antes había visto el edificio del Banco Central y el Cine Ideal tan limpio

El Teatro Principal, en 1915. A la derecha, camuflados entre los árboles, podemos ver los famosos urinarios que había en nuestras calles. ¡Mira que éramos meones los alicantinos!

Plaza de Castelar. A la izquierda vemos uno de los edificios que derribaron en 1940 para llevar la avenida de Méndez Núñez hasta la Explanada. Esta foto es de 1918

Edificio de Correos, construido entre 1916 y 1920. Recordemos que se levantó sobre una antigua cárcel, construída a su vez sobre el solar del Alfolí de la Sal. 1922

Mi foto favorita de hoy. Fachada posterior del antiguo Mercado de Abastos, en la calle San Fernando, lugar en que se edificó la Casa Carbonell. 1915

Alicante, 1915

Y, ahora, "la mascletá" final, como se ha dicho por aquí.
Como ocurrió con la única fotografía conocida de Alicante amurallado, que descubrimos en ESTE enlace, hoy publicamos otra impresionante panorámica en fragmentos.
Se trata de una vista general de la ciudad, captada en 1915. Vemos la extensión que tenía Alicante, con una población cercana a los 60.000 habitantes. Las obras del ensanche, después de varios proyectos, comenzadas en 1897, regularon el crecimiento urbano de la ciudad en el primer tercio del siglo XX.
Podríamos hacer hecho un amplio artículo con todos los detalles que hemos descubierto... pero preferimos que la sorpresa final sea íntegra para vosotros.
Os esperamos en los comentarios para escuchar vuestras palabras.

(pinchad en la fotogarfía para ampliar)
El montaje final no nos permite mostrar una visualización más grande de la imagen. Pero una vez ampliada, podréis descubir cientos de detalles. Los analizamos a continuación


Nuestro corazoncito se lo lleva aquí el Torreón Defensivo de la Muntanyeta, ubicado en el centro de la imagen. Pero también aparece al fondo la cúpula de la Casa Alberola o la fábrica de gas de la Plaza de Galicia. Por cierto, al ampliar la fotografía hemos descubierto por la calle Pablo Iglesias a... ¡¡¡¡ 2 personas paseando!!!!!

San Nicolás, Ayuntamiento, Santa María.... Sus techados y cúpulas se levantan en el skyline de la época, mirando al cielo y cobijados en la ladera del Benacantill

El Panteón de Quijano a la izquierda, el Hospital Militar (imponente para la época), San Antón y, sobre todo, el inmenso solar en el que más tarde se levantaría el Colegio Franciscano.

Y para terminar, la Plaza de Toros, majestuosa, la Cerámica de Ramón Borja, el Paseo de Campoamor, el Observatorio Sismológico y, al fondo, el lugar en el que más tarde se instalaría el triste "Campo de los Almendros"

Fotografías: ALICANTE EN BLANCO Y NEGRO
Jerónimo Guilabert Requena
ED: TÍVOLI

sábado 10 de mayo de 2008

REFLEXIÓN SOBRE EL 70 ANIVERSARIO DEL BOMBARDEO DEL MERCADO CENTRAL

Portada del libro "Alicante: Tiempos de Guerra". Luis Martínez Mira

Trescientos muertos son muchos muertos.
Entre ellos los había de ambos sexos, de todas las edades y, seguramente, de todos los colores políticos.
Todos los alicantinos, absolutamente todos (incluidos los que quieren que olvidemos), se podrían identificar con alguno de ellos.
Así pues, nos representan a todos, son los muertos de todos, nuestros muertos.
Y no comprendo por qué desidia, por qué lamentable menfotismo, o por qué indignante mala fe, después de treinta años de Democracia, esa plaza todavía no se llama Plaza del 25 de Mayo, ni tiene en su centro un monumento digno y solemne en su memoria.
Me entristece mucho pensar en todos esos supervivientes del bombardeo y deudos de las víctimas que se han ido muriendo de viejos sin tener la satisfacción de ver honrados a sus muertos.
Siento mucho que este año, setenta aniversario de la tragedia, todavía no se haya corregido esta vergonzosa falta, y que Alicante todavía no pueda al fin recuperar su dignidad.
Para ello, además de erigir este ansiado monumento, nuestra ciudad debería también honrar al capitán Dickson, del Stambrook, y a los últimos republicanos del puerto y el Campo de los Almendros, y a tantos encarcelados, fusilados y humillados a los que todavía no se les ha resarcido.
Y tendrá que reponerse el monumento a los Mártires de la Libertad.
Sólo entonces ser alicantino nos podrá llenar de sereno orgullo.
Pero hay gente en esta ciudad, gente que ostenta puestos de alta responsabilidad política, que cree, o quiere hacernos creer, que “Per a ser bon alacantí, deus de ser herculá, foguerer y en Santa Faz, peregrí”, como dijo no sé quien…
Y asistir a regatas y demás jolgorios, y pasear por un Alicante donde la mayoría de los monumentos no conmemoran nada, ni significan nada, como no sean homenajes al mal gusto, mientras cerramos los ojos a los desaguisados urbanísticos y a la destrucción de nuestras ya escasas señas de identidad.
¿Por qué no quieren recuperar la memoria histórica?
¿Qué clase de mala conciencia se lo impide?
Nosotros lo sabemos y ellos también.

Miguel Ángel Pérez Oca

CRÓNICAS TABARQUINAS (X)

Sobre la Reserva Marina de Nueva Tabarca

Los primeros intentos para dotar de una cierta protección a las aguas de la Isla Plana o Nueva Tabarca fueron realizados por el Ayuntamiento de Alicante, que en 1972 efectuó gestiones dirigidas a declararla parque nacional submarino, aunque no fructificaron. Posteriormente, en el Plan Especial de Ordenación de la Isla de Tabarca, se adelantó la conveniencia y necesidad de crear una reserva marina.

En 1983, el Ayuntamiento encargó un estudio ecológico del medio marino de la isla, concluyéndose de éste la conveniencia de establecer una reserva marina en ella, a fin de preservar la faun
a y flora marina de la zona y servir de base de repoblación en beneficio de la riqueza ecológica de las aguas colindantes. Como resultado de todo ello, en 1986 se estableció la Reserva Marina de Tabarca, que ocupa una superficie rectangular de 1.400 hectáreas y comprende aguas interiores, competencia de la Generalidad Valenciana, y aguas exteriores, cuya gestión compete a la Administración General del Estado. De ahí que para su creación fuera necesario dictar dos Órdenes complementarias: O.M. de 4 de Abril de 1986, B.O.E. nº112 y la Orden de 4 de Abril de 1986 de la Consellería de Agricultura y Pesca, D.O.G.V. nº 397

La acumulación de la experiencia durante los años siguientes aconsejaron modificar
el artículo 4 de la Orden de 4 de Abril de 1986 mediante O.M. de 15 de Junio de 1988, B.O.E. 8/7/88, en el sentido de autorizar a la Cofradía de Pescadores de la isla a calar dos morunas gruesas. En esta misma Orden, se crea una Comisión de Gestión y Seguimiento en la que están representadas las Administraciones Central, Autonómica y Local, en igual número, para coordinar las propuestas y evaluar los rendimientos de la reserva. Así, la reserva marina cuenta con un servicio de guardapescas jurados que ejercen las labores de vigilancia con embarcaciones de apoyo, y para proteger los fondos de la reserva se instalaron arrecifes artificiales formados por módulos de hormigón y algunos cascos de barcos pesqueros de madera limpios y preparados.


La Reserva Marina de la Isla Plana o Nueva Tabarca, cuya creación el 4 de abril de 1986 fue iniciativa conjunta de la Universidad de Alicante y el Ayuntamiento de Alicante, se encuentra gestionada actualmente por el Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino, la Consellería de Agricultura, Pesca y Alimentación de la Generalitat Valenciana y el Ayuntamiento. Dependiente del Ministerio, funciona su servicio de mantenimiento y conservación, que realiza la empresa pública TRAGSA (Empresa de Transformaciones Agrarias, S. A.)

La escasa población de la isla durante su historia ha permitido a lo largo de la misma la conservación de sus aguas y fondos, que no han sufrido graves impactos de contaminación o de extracción pesquera, siendo uno de los factores que propiciaron su declaración como reserva marina. La pesca artesanal realizada por sus habitantes ha impedido la sobreexplotación de sus recursos pesqueros. La creación de la reserva marina fue el instrumento legal que está permitiendo el incremento del fruto pesquero que aporta el espacio marino a la población de los alrededores, y su óptima conservación, para el disfrute de un turismo ecológico, ante posibles perturbaciones menos consecuentes con el medio, como es la pesca submarina, la pesca profesional no artesanal incontrolada o abusiva, y la presión turística a la que se ve sometido nuestro litoral en general.

La superficie marina de la zona protegida forma un rectángulo cuyas dimensiones son 6.650 metros de lado mayor y 2.200 metros de lado menor, suponiendo esto la superficie protegida antes mencionada de 1.400 hectáreas. Existen dentro de la misma varias zonas con distintos grados de protección, sobre todo a nivel pesquero, y en líneas generales sólo se permite la pesca con artes de anzuelo desde tierra o desde embarcación, en parte de la superficie, a excepción del arte de la Moruna Grossa y Moruna Xirretera, para especies pelágicas y pejerrey, respectivamente, existiendo una zona permitida a la pesca de anzuelo, exclusivamente para los pesqueros profesionales de las Cofradías de Tabarca y Santa Pola, son las embarcaciones llamadas “busas”, que se dedican al trasmallo, palangrillo, etc. fuera de las aguas de la reserva, y al curricán dentro de la misma, en la zona autorizada para ello. De esta forma se posibilita la continuidad de la gran tradición pesquera de este pueblo, de forma que la existencia de la reserva marina es mejor aceptada.

La actividad subacuática se concreta en el buceo en apnea en todas las aguas excepto la zona de máxima protección, y el buceo autónomo mediante preliminar autorización por parte del organismo autonómico si es dentro de aguas interiores y por parte del Ministerio si es en aguas exteriores (la línea de base que divide las aguas estatales y autonómicas del territorio español pasa por el extremo oriental de la isla (punta “Falcó”), dividiendo la superficie marina de la reserva en dos. Existen cinco zonas de práctica de buceo autónomo dentro de las aguas interiores de la reserva: Scull Roig, Galera, Scull Negre, arrecife artificial y zona de aguas libres; y dos en las aguas exteriores: Nao y Sur de la Llosa. Cada una de ellas presentan sus correspondientes cupos diarios de inmersiones, quedando todo ello reflejado en la Ley creada al efecto, la Orden de 24 de Julio de 2000, por la que se modificaba la Orden de 4 de Abril de 1986. La reserva integral o zona de máxima protección posee una superficie aproximada de 100 hectáreas, y en ella no está permitida ninguna actividad pesquera ni subacuática, a excepción de labores científicas o de control.

La Isla de Tabarca posee un accidentado relieve de costa, con numerosos escollos o “Sculls” y bajos, y a su vez un relieve submarino complejo, que hace las delicias de los buceadores. Sin embargo, la suavidad general de sus fondos, con pendientes poco acentuadas le confieren a su vez otro gran atractivo para el buceo en apnea, siendo uno de los atractivos más importantes para su visita, unido a la gran transparencia de sus aguas.

El servicio de mantenimiento y protección se efectúa durante los 365 días del año, en razón de la actividad pesquera tanto profesional como deportiva, la afluencia de visitantes a la isla y la incidencia de buceadores. El equipo humano lo constituyen 4 personas (6 en el período estival) con un biólogo que coordina el servicio, dotados de dos embarcaciones con todo el material técnico necesario para la navegación (radar, sonda, radios, etc.). El plan de trabajo diario del servicio se basa en la protección mediante “presencia disuasoria”. La experiencia ha demostrado cómo el “dejarse ver” durante el máximo tiempo posible proporciona los mejores resultados de protección, llegándose a las 16 horas de servicio durante el verano. Además, los horarios se modifican según circunstancias especiales, lo que evita que el potencial infractor planifique y opere con tranquilidad.

Los cometidos principales del servicio son: la vigilancia ante posibles infractores en relación con la pesca, ya sea deportiva desde tierra o desde embarcación, ya sea profesional; el control de la actividad de buceo autónomo dentro de sus aguas; seguimiento del campo de boyas perimetrales de la reserva, provistas con equipo lumínico que se activa durante la noche para evitar posibles accidentes, e infraestructuras en general; seguimiento, en la medida de lo posible, de la evolución biológica de los fondos; y colaboración con pescadores y visitantes en general, efectuando en numerosas ocasiones labores de ayuda y colaboración en accidentes y averías.

El mayor o menor número de denuncias depende en gran medida de la presión pesquera, que no se ve claramente influida por la estacionalidad, aunque sí influida en gran medida por la llegada de pescado pelágico en determinadas épocas migratorias, como llampuga, lechola, túnidos, etc. a aguas de la reserva, que provoca gran afluencia de pescadores desde embarcación en los límites de la misma. Sin embargo, aunque es evidente el mayor esfuerzo pesquero de los profesionales en sus zonas autorizadas durante dichas épocas, son los deportivos los que requieren una mayor atención por parte de los guardapescas.

Otra de las labores que el servicio lleva a cabo es la realización de inmersiones de control del estado general del medio marino de la reserva, que tienen como objetivo tanto la obtención de datos científicos, como la evaluación de forma general y a primera vista del “grado de salud” de los ecosistemas marinos de la misma. Las principales zonas submarinas que el servicio reconoce habitualmente a lo largo del año son:

- Zona de los “Circos de piedra” (zona de máxima protección), situada dentro de la llamada reserva integral o zona de máxima protección, es una de las mejor conservadas de todo el área protegida, por la inexistencia desde hace años de buceo en la misma, a excepción del científico o de control y sobre todo por la nula presión pesquera que soporta. La Posidonia oceanica aparece cubriendo la superficie de rocas y fondo, contrastando el verde de sus frondes con el colorido de la fauna de los recovecos rocosos, ocupando aproximadamente el 80 % de la superficie de la misma, y siendo objeto de gran protección. Hay gran cantidad de ejemplares del crustáceo cigarra de mar, “espardenya” o “zapatilla”. Se observan también un buen número de morenas y meros, responsables de la escasa población de pulpos y otros moluscos.

- Zona del bajo de la Llosa, continuación submarina de los Farallones, quedando a unos 3 metros de superficie, marca el centro del área de máxima protección. Su carácter de pequeña isla submarina bañada por aguas abiertas, le confiere el privilegio de poseer siempre una elevada densidad ictiológica, que encuentran en ella refugio. En su superficie más expuesta, encontramos un escaso recubrimiento algal, producto del elevado hidrodinamismo que se concentra en este punto. Unos metros más abajo, el recubrimiento es superior. En estos fondos se encuentran los restos de un antiguo naufragio de un buque moderno, alguno de cuyos componentes metálicos perduran, totalmente recubiertos de algas y fauna, creando una serie de recovecos y pequeños refugios que provocan que cuando se inspecciona la zona se observen densidades elevadas, tanto de mero como de falso abadejo de talla mediana.

- Zona del islote de la Nao y Farallones o “Farallons”, posee también grandes valores biológicos y paisajísticos, con entornos fabulosos “a poco agua”, presentando arcos naturales rocosos, túneles y formaciones rocosas de atractivas formas a escasa profundidad, los cuales presentan un recubrimiento muy bien conservado de bonito colorido en los techos de los túneles. Se pueden observar especies coralinas, muy frágiles al contacto, y gran cantidad de ejemplares inmaduros, de pequeña talla, de mero y falso abadejo, así como sargos comunes, mojarras o vidriadas, dobladas, sargos reales, sargos picudos, raspallones, que se concentran al resguardo de los arcos y túneles.

- Piedras de los “28 metros”, pertenecientes también en parte a la zona de máxima protección, poseen gran valor, ya que la mayor profundidad les confiere coloridos todavía más abundantes, y la presencia de especies que no podemos observar en otras áreas de la reserva marina. También elevadas densidades de mero, así como los ejemplares que poseen mayores tallas, y un buen número de moluscos. En zonas como esta, de mayores profundidades dentro de la reserva, es habitual encontrar cobijados en los recovecos a peces como tres colas o papagayo, congrios, brótolas de roca, etc.

- Zona de “la Roca”, en el margen del lado Este de la reserva, lindando con ella, aunque fuera de la misma. Son los fondos de mayores profundidades que se reconocen, mostrando por ello especies no habituales. Posee un valor ecológico indudable, porque sus afloramientos rocosos presentan formaciones de gorgonias amarillas y “mano de muerto”. En este espacio se observan abundantes signos de actividad pesquera, como restos de cabos de curricán, sedales, trozos de paños de red, etc., motivo de deterioro de las formaciones y especies mencionadas, por lo que es un claro ejemplo de riqueza aledaña a un espacio protegido, siendo un posible objetivo de ampliación, con unos muy probables beneficios a sus ecosistemas.

- Zona del scull Negre e islote de la Galera. El scull Negre, ya en las aguas interiores, es el islote más visitado por los buceadores autónomos deportivos con autorización, y también por buceadores en apnea, debido a la corta distancia que le separa de la isla y que posee una indudable riqueza faunística y paisajística. Presenta numerosos túneles y cuevas, y un relieve muy abrupto, observándose fácilmente meros en sus oquedades, y gran cantidad de fauna. Los recubrimientos bentónicos son buenos, sobre todo de algas. Muy cerca se encuentra el islote de la Galera, de similares fondos y riquezas, también frecuentemente visitado por los buceadores.

- Zona de la “Barra norte” o de “la Barbá”, con gran potencialidad de alcanzar un elevado grado de conservación, ya que, aunque situada fuera del espacio protegido, lindando con uno de sus márgenes, posee un relieve rocoso complejo, y se beneficia de alguna manera de la exportación de especies procedentes de la reserva. Es evidente, aquí también, la actividad pesquera que soporta la zona, por los numerosos restos de artes que se encuentran por sus fondos y por la concentración de esta actividad que suponen en muchas ocasiones los límites del espacio protegido, incluida la pesca submarina, actividad de comprobada nocividad.

El arrecife artificial se encuentra ubicado frente a la playa principal de la isla, en aproximadamente 20 metros de profundidad, en una zona donde la pradera de Posidonia oceanica se encontraba en fase de recuperación debido al deterioro sufrido por los lances de pesca de arrastre que sufría el área antes de su protección. Fue ideado como arrecife de atracción-concentración a la vez que como disuasorio de la pesca de arrastre (para ello se acompañó de pequeños módulos antiarrastre), y consta de cuatro estructuras piramidales formadas por seis cubos huecos de hormigón apilados, creando gran cantidad de huecos e intersticios, separadas unos 50 metros cada una. Ha alcanzado un recubrimiento vegetal y animal elevado, con amplio desarrollo de poríferos comunes e incluso gorgonias, y encontrándose siempre visitado por gran cantidad de fauna en el interior de los módulos, a modo de refugio, como corvas y serranas, posados en ellos, como cabrachos o “gallinas”, y en su entorno y alrededores espetones o barracudas mediterráneas, lecholas o pez limón.

La pradera de Posidonia oceanica se encuentra así protegida de posibles agresiones en las zonas donde mayor riesgo latente existe, ya que es la comunidad con mayor interés científico de nuestro litoral, por la complejidad y diversidad de sus poblamientos, su defensa y estabilización de la línea de cos
ta, el mantenimiento de poblaciones pesqueras de interés comercial y su aumento de la capacidad de autodepuración del medio marino. El gran bivalvo nacra, especie protegida, es muy fácil de observar en los fondos de la reserva, parcialmente enterrado entre los sedimentos y rizomas de la posidonia, siendo favorecido a su vez por este tipo de estructuras, que lo protegen.

Otra utilidad que va adquiriendo el arrecife es el atractivo que supone para los buceadores deportivos, que encuentran en él otra zona con grandes posibilidades para la práctica del buceo, más si en sus cercanías se encuentran cascos de pesqueros hundidos, que hacen la inmersión más sugerente todavía. El arrecife es una de las cinco zonas de buceo deportivo en las aguas interiores de la reserva.

Estos cascos de pesqueros en desuso, a modo de arrecifes de atracción-concentración y disuasorios, numerosos en la reserva, son previamente desprovistos de partes metálicas y hundidos en determinados puntos, con el propósito de evitar la pesca ilegal, así como posibles lugares adicionales con cierto atractivo para el buceo deportivo. En ellos se observa siempre mucha fauna, sobre todo después de un tiempo, cuando su madera comienza a ser colonizada por organismos incrustantes como poríferos, tubícolas y algas, base alimenticia para la atracción de otras especies. La vida media de estos cascos no supera los diez años, dependiendo de la profundidad a la que sean fondeados y las corrientes dominantes de la zona. Frecuentemente son observados ejemplares de mero, falsos abadejos y gitanos refugiados en las bodegas de estos barcos, ya que al añadirles en muchas ocasiones lastre de piedras, se consigue así que posen en posición correcta en el fondo.

Un aspecto digno de mencionar es la colaboración del servicio con los pescadores profesionales. Con el paso de los años se ha consolidado en ellos el sentimiento de que la reserva marina es provechosa para la pesca, y en numerosas ocasiones son los profesionales de la mar los que colaboran con el personal de protección a la hora de alertar de posibles intentos de infracciones en los momentos de ausencia de vigilancia. Es por ello que el servicio procura echarles una mano cuando es necesario, y algunas ocasiones para ello se dan cuando la Cofradía de Tabarca cala la moruna grossa en aguas de la reserva, arte permitido de calamento por la Orden del 27 de Abril, durante el período del 15 de abril al 15 de julio, junto con la Moruna Xirretera o “Moixonera”, de malla más fina, también arte fijo que se cala perpendicular a la costa, en el sector Oeste de la isla, de octubre a diciembre, y que tiene por objetivo principal el pejerrey o “moixó”. Es la moruna grossa un arte de malla fijo, a modo de trampa, como una pequeña almadraba, calado perpendicularmente a la costa, al Norte o Sur del islote de la Nao, que conduce el pescado de paso, como lecholas o serviola, palometas, túnidos como el bonito, espetones o barracudas mediterráneas y otros, a un copo, donde el pescado permanece vivo hasta su levantamiento. Sin embargo, algunos peces quedan enmallados en la red que dirige el paso (rabera) o las que forman la espiral que conduce al copo (caragols), y deben ser recogidos pronto para evitar su desaprovechamiento, ya que con poco tiempo que permanezcan enredados comienzan su descomposición.

El servicio de vigilancia controla que el arte calado posea el correspondiente marchamo de homologación, así como procura estar presente en los levantamientos del copo para tener un control del tipo y cantidad de capturas del arte; ya que a parte de las especies pelágicas objetivo, son capturadas otras distintas, como peces ballesta, peces luna y otros muchos, aunque esporádicamente.

A modo de resumen, los dos factores básicos que condicionan las comunidades vegetales marinas del litoral, son la intensidad luminosa (transparencia del agua) y el tipo de sustrato. En Tabarca las aguas son muy transparentes, con un espesor efectivamente iluminado entre 22,5 y 47,5 metros de profundidad, esto permite que las plantas puedan vivir a mayores profundidades y por lo tanto que las comunidades biológicas sean especialmente ricas. La zona es un importante área de cría de numerosas especies pelágicas de interés pesquero. En función del tipo de sustrato podemos distinguir básicamente dos comunidades:

  • Las de sustrato blando, dominadas por la pradera de Posidonia oceanica, especie muy importante pues, además de producir gran cantidad de oxígeno y ser la base de las cadenas alimentarias, estabiliza los fondos arenosos y evita consecuentemente la erosión; tiene un papel comparable al de los bosques en el medio terrestre.
  • Las de sustrato duro o rocoso, donde viven diversas especies de algas, adaptadas en función de la cantidad de luz que reciben, las más superficiales son las algas verdes, ricas en clorofila, y las más profundas son las algas rojas, que poseen otros pigmentos más eficaces para captar la menor intensidad luminosa.

Los animales, en muchos casos, dependen en su alimentación directa o indirectamente de las plantas y viven asociados a una determinada comunidad vegetal, en otros casos dependen más del tipo de sustrato, por ejemplo los filtradores (como los corales, actinias y ascidias), que se alimentan de la materia orgánica en suspensión y que al vivir fijos sobre el sustrato compiten con los vegetales por el espacio.

Los fondos marinos de Tabarca presentan, debido a su protección desde 1986 y su escasa o nula contaminación por aguas residuales, un excelente enclave para el desarrollo de comunidades y especies dignas de protección. Es por ello que, tras la última revisión de la normativa, las actividades que requieren autorización son, en aguas exteriores:

  • La pesca profesional al curricán de superficie para embarcaciones de 3ª lista en el sector I de la reserva.
  • El calamento de 2 morunas gruesas desde abril a septiembre en el sector II.
  • El buceo autónomo en los sectores I y II, previa autorización de la Dirección Provincial del Ministerio en Alicante.
  • La realización de muestreos científicos que deberán ser autorizados por la Dirección General de Estructuras Pesqueras de la Secretaría General de Pesca Marítima del Ministerio.

En aguas interiores:

  • La pesca profesional con anzuelo (chambel, caña, curricán), excepto palangre y sus variantes en el sector III b.
  • La pesca deportiva desde tierra o desde embarcación con anzuelo (chambel, caña, curricán), en el sector III b.
  • El calamento de máximo de 10 morunas xirreteras de octubre a diciembre en el sector III b.
  • El buceo autónomo, en el sector III previa autorización de la Dirección General de Desarrollo Forestal y Pesquero de la Consellería de Agricultura y Medio Ambiente de la Generalidad Valenciana.

Y son actividades prohibidas:

  • La pesca submarina en toda la reserva marina.
  • Las pescas deportivas en las zonas de aguas exteriores.
  • Cualquier extracción de organismos marinos animales o vegetales y de materiales minerales, salvo las autorizadas expresamente.
Fotos:
Felio Lozano y J.A. Moya -Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino

Fuentes:
Ayuntamiento de Alicante. Medio Ambiente.
Red Iberoamericana de Reservas Marinas.
La Reserva Marina de la Isla Plana o Nueva Tabarca. Ayuntamiento de Alicante. Universidad de Alicante. 1985.
Estudios sobre la Reserva Marina de la Isla de Tabarca. MAPA, Secretaría General de Pesca Marítima. 1991.
Experiencia en la protección de la Reserva Marina de la Isla de Tabarca. TRAGSA. 2001.











ARMANDO PARODI

viernes 9 de mayo de 2008

LA MUJER EN ALICANTE (II)

Con el despegue económico producido durante la Regencia de María Cristina, la sociedad española fue incorporándose poco a poco a la llamada “revolución industrial”, que se extendía por los principales países europeos.
En Alicante y su provincia, se observó un hecho decisivo: el aumento de la población femenina con relación a la masculina. Las guerras coloniales y la emigración eran la causa principal de este desequilibrio que afectaba a numerosas familias donde las mujeres tenían que asumir nuevos roles incorporándose al trabajo para aportar sustento a sus hogares.

Fábrica de hilados de San Vicente (Cercle Sequet Pero Sanet)

En la comarca de l´Alacantí, el principal trabajo de las campesinas y jornaleras era la manufactura de enseres para las labores agrícolas y domésticas, que realizaban con fibras vegetales.
Pero la necesidad de un mejor salario las empujaba hacia los pueblos y ciudades más importantes de la provincia, donde se iban instalando nuevos talleres e industrias que, poco a poco, aceptaron la mano de obra femenina. Al mismo tiempo las mujeres más jóvenes iniciaron con este tipo de trabajos una tímida independencia del medio familiar.

Operarias de la Fábrica de Cortés, en Alicante, en 1912 (Foto Reus, BGM)

En el sector secundario, y desde principios del siglo XIX, la Real Fábrica de Tabacos de Alicante era el principal núcleo industrial de la ciudad, por lo que el oficio de cigarrera era uno de los predominantes y mejor considerado.
Otras industrias se establecieron en la ciudad y provincia: fábricas textiles, de conservas vegetales, de elaboración de turrón, etc…; siempre aprovechando las materias primas de la agricultura alicantina.
A todas ellas se fue incorporando la mujer.

Plantilla de empleados de la fábrica de conservas "Las Palmas", de Alicante (AMA)

El servicio en el hogar era una oferta que atraía a muchas jóvenes. Niñas, lavanderas, costureras, planchadoras y amas de cría realizaban su trabajo para las familias de la nueva burguesía.
Con la introducción en el mercado de la máquina de coser, fueron muy populares los talleres de costura y bordados donde se ofrecía la posibilidad de que las mujeres aprendieran un oficio muy solicitado y de futuro. Este tipo de academias o talleres se extendieron por toda la provincia.

Mujeres en la empresa de toquillas de J. Amorós, en San Vicente (Cercle Sequet Pero Sanet)

Desde 1859, en que se crea en Alicante la Escuela de Maestras, las jóvenes alfabetizadas tendrán oportunidad de acceder a unos estudios que en el futuro pasarían a ser profesión muy difundida entre la clase media.
A pesar de que al principio el número de alumnas era escaso, el interés de las jóvenes por la nueva profesión fue en constante aumento. Desde su creación, la Escuela fue dirigida por mujeres, lo que animó al establecimiento en la capital de colegios privados para niñas, tanto religiosos como laicos.

La máquina de coser revolucionó el mundo de las labores. Vemos un taller de costura en El Campello, a principios del siglo XX (Foto cedida por Carmina Ordoñez)

A pesar de que el Código de Comercio negaba a la mujer la posibilidad de regentar un establecimiento sin permiso o autorización marital o paterna, fueron muchas las mujeres que se independizaron después de cumplir los 21 años, como marcaba la ley, colaborando al desarrollo de sus pueblos y ciudades con pequeñas tiendas dedicadas a la alimentación, mercería, corsetería y ropa.

Empleada doméstica (AMA)

La sanidad también ofrecía a la mujer la oportunidad de servir a la sociedad. Desde el oficio de partera, de gran ayuda en momentos tan difíciles para la población rural, a la creación de Escuelas de Enfermería, esta profesión se fue desarrollando al compás de las necesidades de la sociedad y de la Administración, siempre con gran participación femenina, hasta conseguir ser una alicantina la primera licenciada en farmacia, en 1923, y otra en Medicina, en 1933.

Maestra en los años 20 (AMA)

Con la consecución del derecho al voto femenino en 1932, se abre una nueva etapa de mayor reconocimiento de la mujer en niveles sociales, culturales y laborales.
Los sucesivos cambios sociopolíticos ocurridos en el presente siglo han hecho que la definitiva incorporación de la mujer a todos los niveles de la sociedad no se haya producido con rapidez, sino con altibajos y vaivenes que ha sufrido la misma sociedad.

Los colegios religiosos se vieron desbordados ante la demanda de educación para las niñas. Alumnas carmelitas, Alicante, 1930 (AMA)

Religiosas ejerciendo su labor benéfica entre lo más necesitados, después de la guerra. Alicante, años 40 (AMA)

Los talleres de costura se extendieron por toda la comarca. Todas querían aprender las nuevas técnicas de confección. Taller de costura en San Vicente del Raspeig (Cercle Sequet Pero Sanet)

Preparando una comida para las fiestas. Aigües (Foto cedida por Jose Ramón Giner)

Propietaria y empleadas de la Confitería Casa, en Alicante. Años 50 (Foto cedida por Maria Dolores Papí)

Trabajadoras del tomate en mutxamel, 1961 (Foto cedida por Maria Dolores Forner)

Taller de costura en San Vicente del Raspeig, a finales de los años 50 (Cercle Sequet Pero Sanet)

Escuela y guardería en San Vicente del Raspeig (Cercle Sequet Pero Sanet)

Nuevas instalaciones para nuevos empleados. Moderna peluquería en Alicante, años 60 (AMA)

Lección práctica a cargo del Dr. Manero, en la escuela de enfermeras del Hospital Provincial. Años 40 (Foto cedida por Pepa Sierra. AMA)

Cursillo de enfermeras en los años 50 (Eugenio Bañón, AMA)

Clases de secretariado en las que se incluían el manejo de las nuevas calculadoras. Administrativas y secretarias en el Instituto Social de la Mujer. Años 60 (AMA)

Maruja Pastor, directora de la Escuela de Magisterio, como conferenciante en los años 60. Entre los asistentes, Antonio García Miralles, Rafael Bas Tordera, José Sánchez Laliga y el Padre Ángel de Carcagente (AMA)

info: María José Ramón-Borja
Memoria Gráfica de Alicante y Comarca

LAS FALTAS DE ROSETA

Torremanzanas, pueblo diminuto y típico, colmado de tradiciones está situado en el mismísimo corazón de la montaña alicantina, entre los términos de Jijona, Relleu y Benifallin. Un callejón que corre por la parte más alta de la loma en donde se asienta el núcleo urbano, se denomina "del castillo", aunque el baluarte que en ella se levanta, y que sirvió como refugio en tiempos azarosos, no sea más que una torre desmochada que corona la loma. Otras calles paralelas, muy estrechas, van desde una masía señorial, que aún conserva bellos garitones en los angulares, hasta la era comunal en la que se realizaban las faenas del "batre" o trilla de los cereales. A pocos metros, muy cerca del "Morret de la Forca", donde en tiempos ajusticiaban a los malhechores, se halla el diminuto cementerio, flanqueado por el árbol de la paz.

Desde Torremanzanas se contempla la extensa panorámica de un amplísimo valle que baja escalonado hacia la hoya de Jijona, por cuyo centro, en busca del río Verde, corre aún un regato de menguado caudal que antiguamente alimentaba los molinos de grano de la partida de Serratella, artilugios hoy en desuso.
El campanario de la iglesia es muy alto y esbelto, y la parroquial la preside San Gregori, santo maligrero, entre otras cualidades -también es justiciero-, que libró en tiempos pasados a los campos del término de la plaga de la langosta. Por este motivo, todos los años tiene lugar en "La Torre de les Maçanes", sus afamadas fiestas patronales, en las que las torruanas salen en procesión por las calles del pueblo, portando sobre sus cabezas unos panes de descomunal tamaño -el "pa beneít" o bendito- costumbre ancestral de mucho colorido.

Pues bien, en una casita situada en la parte más alta de este pintoresco pueblo, habitaba en un tiempo una "fadrina" de rostro poco agraciado, lo cual no influía para que casi todas las noches tuviera un altercado con su prometido.
La madre de la muchacha, ante el cariz que, a veces, tomaban las trifulcas, vigilaba muy de cerca el comportamiento de la pareja y ante el saldo negativo en las entrevistas o festeo, barruntaba que un día ocurriría una tragedia, verbigracia la ruptura de las relaciones, aconsejando a su hija que, al menos hasta el casorio, tratara más cortésmente al muchacho, pues de levantar el vuelo no hallaría otro en toda la contornada. A pesar de los sabios consejos de su madre, la fémina, por cualquier trivialidad, se liaba a trompicones con su novio, quien, a pesar de todo ello, más feo y más lerdo que la ninfa, acudía a diario desde la partida de Teix, montado en una caballería.
Parte del sumiso comportamiento del hoombre, es atribuible a que la muchacha, a pesar de ser poco agraciada de rostro, era dueña, en cambio, de un cuerpo muy bien formado. Esto deslumbraba al galán, quien, en sus soledades rurales, pensaba a la par en el goce sensual y en la sana fortaleza de la joven, intuyendo que daría buenos frutos lo mismo en el lecho como en los bancales colmados de almendros y manzanos, disponiendo así, a la vez, de hembra y esclava. Además, le gustaban mucho los críos y seguro que le daría un buen racimo.

Pero, aquella noche, la doncella estaba imposible. El desdichado, tras una rabotada, se puso en pie y el compromiso matrimonial comenzó a tambalearse como un "catxerulo" pendiendo de un hilo. Llegó al cénit cuando Roseta afirmó que como pareja para las próximas fiestas en que sería "clavariesa", le acompañaría otro muchacho del pueblo, determinación que el labriego se negó a aceptar, amenazando con partir raudo para su feudo, si aquélla no desistía del propósito.


Ante ello, la madre, que escuchaba atenta la trifulca, tomó entonces la única solución que podría salvar del desastre a su hija: vestirse de "musserota". Saliendo de la cocina con mucho sigilo, entró en la habitación contigua, y, de un tirón, levantó las mantas de la cama, echando mano de una sábana de lienzo blanco que enrolló en su cuerpo, cubriéndola con su falda. Después, por la ventana, saltó a la calle y tras asegurarse de que ésta se hallaba solitaria, fue a situarse al cantón de la iglesia, en la costanera que baja al centro del pueblo, camino obligado de Pepet, barruntando que el mozo no tardaría en abandonar la casa.

Mientras, en el interior de la vivienda, el muchacho, todo acalorado por el comportamiento de Roseta, volvió a levantarse y dando un bufido de toro embolado, salió a la calle. La novia, sin ceder, se quedó junto al fuego, acostumbrada a las salidas de tono del adonis.
Como hacía frío, el joven subió las solapas de su chaqueta de pana y metiendo las manos en los bolsillos se fue calle abajo, caminando a grandes zancadas, en busca de la caballería que había dejado amarrada a un chopo, en las afueras del pueblo.
De pronto, se detuvo y ensanchó sus pupilas, intentado descifrar si aquel bulto blanco que se le venía encima, era humano o sobrenatural. Al escuchar una risa sardónica, dió un paso atrás y volviendo las espaldas al fantasma, que ya iba a alcanzarle, corrió hacia la causante de sus infortunios, llegando a la puerta en el instante en que la muchacha, al ver que el enfado iba en serio, se asomaba a la puerta. El cuerpo de Pepet botó como un proyectil contra la joven. Ambos, por la fuerza del impulso, rodaron sobre las baldosas deslustradas de la casa y Pepet, aunque atolondrado y jadeante, aún tuvo luces para aprovechar de la coyuntura, abrazando fuertemente a la joven, a la vez que exclamaba:
- ¡La musserota, la musserota!

Al tiempo, ya desembarazada de la sábana y de la calabaza, apareció la vieja, enmarcada en el quicio de la puerta, espantándose de lo que presenciaba, mascullando un rosario de sentencias mortales en lengua vernácula.
Luego, Pepet, balbuciente, trémulo aún por las dispares emociones acaecidas en tan corto espacio de tiempo, se sentó junto al fuego, explicando detalladamente, aunque con cierta fantasía, la trágica aparición. Era un fantasma alto, muy alto, con fuego en los ojos y ademanes amenazadores, rugiendo como un "gambosins" en la oscuridad, intentando atraparle entre los amplísimos pliegues de un sudario.

Indudablemente, el hecho así narrado, con emoción y temor, era muy grave. Por eso, las dos mujeres, previniendo males mayores, estuvieron de acuerdo en que no podían permitir que el joven se expusiera de nuevo a los peligros de aquel ser malévolo que campaba a sus anchas por el término de La Torre. Así, aquella noche, el muchacho se quedaría en casa, acostándose en un lugar de la cambra que la joven adecentó convenientemente.
No obstante, ocurrió un hecho curioso: ninguno de los protagonistas de este relato se percató, en un principio, que lo mismo la cambra como la habitación de la joven, carecían de puerta, pues allí nunca fue menester tal lujo. De esta forma, una vez que la vieja se durmió, Pepet, armándose de valor, pasó a la habitación de Roseta, terminando de relatarle, con todo detalle, lo sucedido.

Como todo estaba a oscuras, no se sabe lo que ocurrió después, pero el caso es que a los tres meses siguientes a tales hechos, debido a unas faltas en las funciones fisiológicas de la muchacha, en la parroquial de San Gregori se celebró una boda un tanto precipitada, al decir de las gentes.


Texto de la serie "Cosas de fantasmas, duendes y brujas" publicada en el Diario Información durante 1986, con dibujos de Remigio Soler y textos de Francisco G. Seijo Alonso.

25 ANIVERSARIO DE LA PRIMERA EXPEDICIÓN ALICANTINA AL HIMALAYA. 3ªparte.

Como colofón a los relatos emprendidos el día en que se cumplían los 25 años (10 de abril) del ascenso a la cumbre del Imja Tse (Island Peak) de 6165 m., paso a relatar alguno de los hechos que vivimos o que incluso relacionan Alicante y las montañas del mundo.
Espero que os guste

EL VUELO
Avión en Katmandú. Al lado el charco de keroseno

Un charco de queroseno se aprecia bajo el ala de la avioneta Twin Otter de 18 plazas que nos llevará a Lukcla. El ayudante del piloto sonreía y nos señalaba el charco: "No smokin, smokin no fly" y hacía señal de explosión. Era enternecedor ver como un poco de inglés, un poco de mimica y una evidencia, pueden dejar algo tan claro.
Luckla tenía cuando llegamos un aeropuerto de tierra pisada. Hoy esta pista está perfectamente a