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LA ERMITA DEL SOCORRO DEL RAVAL ROIG


El Raval Roig a finales del siglo XIX. 
Se está reconstruyendo el pretil de cantería

El primer documento que encontramos de la desaparecida Ermita del Socorro es de fecha 1 de Marzo de 1586 y dice textualmente: 

El frare Crexensio de Urrea Sindith del Convent y Monestir de nuestra Señora del Socos del orde Sant Agosti, construhit fora los murs de la ciutat de Alacant no estat referit que los Justitia , Jurats y Consell de esta ciutat Vista la necessitat que los frares de dit monestir patexen a causa de la carestía del temps han determinat en Consell de fer caritat a lo dit convent y Monestir de una arrova de farina cada semana fins a la dia de pascua de sperit sant.

Llevaban los padres Agustinos poco tiempo en dicha Ermita, ya que se establecieron en ese lugar el 28 de junio de 158.

Vicente Bendicho en su crónica dice que la Ermita está muy cerca del pozo de agua llamado comúnmente del Drac, de quien se refieren viejas fabulas. Dicho pozo distaba solo seis o siete pasos de la orilla del mar 

La Ermita a principios del siglo XX

Fueron fundadores de la Ermita fray Miguel Salort, catedrático de Teología de la Universidad de Valencia y el padre fray antonio Bernat, prior del convento de San Agustín de Orihuela. Su primer prelado fue fray Balthasar Llopis, que tomó posesión el 10 de junio de 1.585. 

Juan Bautista Maltés Y Lorenzo López indican en su crónica que con anterioridad a esta fecha la Ermita tenía el titulo de la Virgen del San Lucas y que en otros tiempos fue casa de recreo de los Caballeros Templarios como la manifestaban los vestigios que allí se habían encontrado. 

A pesar de que los padres Agustinos fueron los que pusieron el título de Nuestra Señora del Socorro, durante algún tiempo permaneció su primitiva invocación en lengua materna de la Mare de Deu del LLuc por la imagen que allí se veneraba, que traía su nombre del Santuario de Nuestra Señora del Lluc de Mallorca. Se dice así mismo en la crónica,  

que era grande la devoción que avia á este Santuario de la Virgen y mucho gentío que concurría, especialmente los martes para hacer sus depuraciones á Nuestra Señora, y impretar el alivio a sus ahogos

Otro cronista como Viraevns dice que primitivamente la Ermita fue dedicada a San Sebastián Copatrón de la ciudad para posteriormente, pero ante la devoción pública que se tenía por la Virgen del Lluc, cambió su nombre. 

La Virgen del Lluc

En la actualidad todavía se conserva la imagen de la Virgen del Lluc, que está pintada al oleo en un lienzo de 50,5 por 40,5 centímetros6 de ancho y dentro de un relicario de bronce. Viste una túnica blanca con rayas oscuras, adornando su cuello con una gorguera, la cabeza está ceñida por una corona y tiene en sus brazos a un Niño-Dios. Este cuadro fue restaurado en el 2006 por el Instituto Valenciano de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de la Generalitat Valenciana. 

La primera Virgen del Socorro fue una talla que trajeron los Agustinos, vestía túnica blanca y capa azul, coronada con una diadema. En su brazo izquierdo mostraba un Niño-Jesús y en el derecho una flecha que apuntaba a un monstruo que se retorcía a sus pies y que dirigía sus garras a otro niño que la Virgen cobijaba bajo su manto. 

 
 La Virgen del Socorro. A la izquierda el Puto  
(Foto: Sánchez. AMA)

Los frailes Agustinos al pasar el tiempo y comprobar lo desierto del lugar, que estaba fuera de los muros de la ciudad y que además por estar a la orilla del mar era algo peligroso, se adentraron en la ciudad, y construyeron un convento dejando allí solo un religioso. 

Se fomentó la devoción a Nuestra Señora del Socorro y posteriormente fue la Parroquia de Santa María la que se hizo cargo del culto de la Ermita. 

En 1.744 se construyó un retablo que adornaba el altar mayor, tenía un lienzo de San Patricio y otro de San Gerlasio, en su parte central la imagen de la Virgen del Socorro y en su parte más alta una talla de San Agustin. En dicho retablo aparece por primera vez la figura de un extraño animal en forma de demonio, que ataca al niño-marinero que la Virgen protege bajos u manto. Popularmente en el Raval Roig es conocido como el Puto del Socós y es utilizado para denominar a las personas poco favorecidas en su aspecto físico, aquello de que “eres més lleig que el puto del socós”.

Al mismo tiempo que se construyó el retablo, se hicieron obras para reparar los desperfectos que con el paso del tiempo se iban produciendo. 

 Interior de la Ermita del Socorro en 1971 (Foto: Goyo)

Ante los problemas que en 1.776 presenta en su cubierta, se encarga al maestro de Obras Manuel Martínez que realice un reconocimiento “del entabacado del Hospicio de la Iglesia de Nuestra Señora del Socorro de nuestro Padre San Agustín” que dictamina las obras que hay que realizar cuyo importe aproximado se fija entre cuarenta y cuarenta y cinco libras. 

Así mismo en 1.867 se hicieron obras de reparación por suscripción popular que iniciaron D. Ramón Samper y D. Joaquín García Baillo, curas de Santa María. Más adelante en 1.872 D. Rafael Thous colectó otras limosnas de los vecinos de la ciudad, con las cuales se atendió la restauración de la mesa del Altar mayor y otras mejoras en el edifico de la Ermita. 

En mayo de 1.931 muchos establecimientos religiosos de la ciudad sufrieron los desmanes de grupos incontrolados que llegaron a quemar y saquear, algunos de ellos.  Uno de estos grupos intentó quemar la Ermita, pero unos vecinos del Raval Roig en su mayoría republicanos lo impidieron de una forma enérgica y decidida. 

Pero en los años setenta, lo que intentaron en su día otros con acciones violentas, lo consiguieron los intereses inmobiliarios de la promotora YORACO, con la docilidad de las corporaciones Municipales, la aprobación de la iglesia y la desidia de los responsables culturales, ya que la Ermita fue derruida para construir un garaje. 

En una sesión de fecha 11 de agosto de 1.966 el Ayuntamiento de Alicante, presidido por D. Fernando Flores Arroyo aprueba por unanimidad la opción C del Plan de reforma interior del barrio, que significaba el comienzo de la remodelación de la zona que posteriormente conllevaría la destrucción no solo de la Ermita sino también de la Plaza de Topete. 

La opción A que conllevaba el conservar las características del Raval Roig, imponiendo unas normas rígidas para evitar la construcción de elementos que desdijeran de su aspecto externo tradicional, quedó en el olvido. 
 
La ermita, poco antes de ser derribada. Año 1973

El proceso de desaparición de la Ermita se puso en marcha, culminando en agosto de 1.973 fecha en que fue derruida. 

A finales de septiembre de 1.971 el párroco de Santa María comunica a los feligreses que asisten a Misa que esa era la última vez que se reunían y que la Ermita iba a desaparecer. 

Al mes siguiente, un grupo de 38 vecinos y vecinas elevan un escrito con sus firmas, dirigido al Ministerio de Educación y Ciencia donde estaba Bellas Artes de quien dependía el patrimonio cultural y religioso como la Ermita del Socorro. 

En el mismo solicitaban que se paralizaran los trabajos de demolición de toda la zona por no ajustarse al Plan General de Ordenación Urbana de Alicante, en lo referente a la “zona histórica artística “. 

En su tardía contestación en septiembre de 1973, el Ministerio no solo se limitó a pedir a la promotora Yoraco a que le remitiera un proyecto de nueva Ermita “cuya traza y característica deberán de ser análogas a las de la destruida“ sino que contestaba a los vecinos, acusándolos de que su interés por la Ermita, nada tenía que ver con el patrimonio, sino que lo que a ellos lo que les interesaba de verdad eran las fiestas del barrio.

 La desaparición de la Ermita no tuvo mucho eco en la Prensa local, no obstante, recogemos una parte de un artículo de Nicolás Verdegás de noviembre de 1.974 que con una gran dosis de ironía reflexiona sobre este hecho. Y que dice textualmente: 

Desapareció, pues la venerable Ermita sin mayores penas que la de los alicantinos. Pero el “entorno” ha sido mejorado al parecer. Fijémonos si no en la maravillosa estampa de la Casa de Cultura, tana acorde ella con el paisaje levantino, tan entonada con sus grises y sus negros, con un conjunto tan agradable y armónico, de tan deslumbradora belleza que los alicantinos y forasteros que en ella reparan han de apartar la vista de la misma lo más rápidamente posible, aún a costa de tener que ver el Meliá. 

Las ciudades que suelen ser generosas a la hora de rotular sus calles y avenidas con nombres de sus munícipes, deberían de recordar de alguna forma a quienes fueron responsables de desaguisados tales como la destrucción de la Ermita y otros ejemplos que hemos padecido en nuestro Alicante. 

ÓSCAR LLOPIS 
BARRAGÁN

 
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