14 abril 2014

ALICANTE VIVO EN ALACANTÍ TV (7): LA GRIPE DE 1918 Y LOS CEMENTERIOS DE ALICANTE (24/02/2014)

21 marzo 2014

EL ABSOLUTISMO INVIABLE, ALICANTE EN 1825 (PARTE 2)




El temor al control de los prohombres.

El Fernando VII de la Década Ominosa no confió en los poderosos locales, demasiado independientes de las directrices gubernamentales pese a sus inclinaciones tradicionalistas. No se mostraron complacientes a la hora de aplicar nuevos impuestos municipales, pendientes de no perder el ascendiente sobre sus vecinos. Por añadidura no pocos eran sospechosos de liberalismo, ansiosos de rentabilizar su patrimonio. Don Rafael Viravens, cronista de inclinaciones liberales moderadas, apuntó la persecución de algunos prohombres alicantinos por el Gobernador militar Iriberry.

Las Reales Chancillerías y las Audiencias se entrometieron en la designación de los munícipes de aquellos ayuntamientos que podían renovar anualmente sus oficios, caso de Requena. En Alicante la derogación del concejo constitucional dio paso a la restauración del ayuntamiento real y perpetuo, que fue obligado a duplicar todos sus documentos para mayor seguridad. Ante el temor a levantamientos de signo liberal e incluso ultrarrealistas, la Real Audiencia de Valencia exigió a Iriberri que extremara las prevenciones y las comunicaciones el 29 de julio. El concejo alicantino, como otros, quedó reducido a la triste condición de registrador de las órdenes reales emanadas de su burocracia togada.

La influencia de los poderosos locales quedaba muy diluída en el entramado de las Juntas Protectoras y de las Comisiones de los Voluntarios. En las huestes o milicias municipales de los siglos XIII al XVII el mando había correspondido a los prohombres locales, que en Alicante tenían que acreditar la posesión efectiva de un corcel de guerra si querían acceder a los más encumbrados oficios como el de Justicia. La Guerra de la Independencia y las luchas de la Milicia Nacional del Trienio Liberal renovaron su experiencia combativa, y los Voluntarios inicialmente no cerraron tal puerta. El 26 de octubre se propuso como Capitán Comandante a Francisco Puigmoltó, de renombrado linaje alicantino, como Sargento 1º. a Luis Barroso, y como Subteniente a Juan Benítez Camacho. Sin embargo, el rey rechazó el 14 de noviembre el nombramiento de don Francisco de Paula Soler, regidor decano, como 2º. Comandante del Batallón. No se quiso alentar un punto de autoridad militar y municipal alternativa al del Gobernador Iriberry. 

A veces el compromiso se antojó pesado, con demasiados intereses cruzados. El 11 de noviembre Agustín Pastor logró zafarse del ofrecimiento municipal como Teniente de la 5ª. Compañía de Fusileros aduciendo su admisión en el 1er. Escuadrón de las Guardias Reales. Otros caminos se mostraban más seductores a la hora de promocionar.

¿Riesgos de infiltración liberal?

En teoría ningún sospechoso de liberalismo podía ingresar en las filas de los Voluntarios, abiertos a todos los leales al rey absoluto de los 18 a los 50 años. Curiosamente en Alicante sólo se admitieron a los mayores de 30, los nacidos antes de 1795 y que hicieran armas todavía bajo los principios tradicionales contra Napoleón. Un voluntario como Salvador Martínez recibió el primero de noviembre la licencia del Gobernador por inutilidad absoluta. Los mozos, más vigorosos para tales menesteres, fueron descartados por el miedo a su exposición a las ideas liberales.

A veces la opinión política nada tenía que ver con cuestiones generacionales (o de pertenencia social), sino con otras no menos persuasivas. No hace tantos años nuestro admirado Pere Anguera, que Dios tenga en la Gloria, planteó con cierta sorpresa de algunos que no pocos de los combatientes carlistas de las tierras catalanas y valencianas en 1833-41 lucharon por razones pecuniarias, obligados por la más extrema de las necesidades, la del hambre. En el Alicante de 1825 la miseria de las clases populares era un triste hecho, y formar parte de los Voluntarios podía aportar unos ingresos nada menospreciables. José Cepeda Adán rescató la solicitud de ingreso del joven Larra en los Voluntarios por razones descarnadas de paga. En suma, no resulta nada extraño que se quisiera evitar en octubre la infiltración de antiguos milicianos nacionales, algo que no siempre se consiguió. 

 Los roces con los poderosos.

 El despliegue de los Voluntarios no tuvo parangón en los sistemas de control policial del absolutismo del siglo XVIII. Las huestes concejiles de raigambre medieval habían pasado a la Historia, y en los municipios castellanos un reducido cuerpo de guardias, de nombres distintos, era escogido anualmente. En el reino de Valencia el acuartelamiento de tropas bajo el régimen de los capitanes generales tampoco resolvía satisfactoriamente el problema del orden público.

En cierto modo la movilización de los Voluntarios quiso contrarrestar la de la Milicia de los liberales, especialmente activa durante el Trienio de 1820-23. Se nutrieron las filas de los Voluntarios de hombres de condición media y modesta, no siempre cómodos para los prohombres locales. En Alicante no protagonizaron una insurrección contra las autoridades como en Requena en mayo de 1824, pero sí crearon problemas sensibles.

El de su mantenimiento astilló el apoyo de personas acaudaladas al absolutismo. Al hombre de negocios de Alcoy José Guijarro y Aracil se le exigió el 24 de abril desde Alicante lo que debía por el vestuario de los Voluntarios. Su cuñado y socio Manuel Gisbert se había ausentado, dificultando el problema, y el 28 de mayo se quejó por carta del trato recibido. Recordó los préstamos de dinero hechos a la causa del rey en los momentos más complicados, pese a los riesgos de faltar a la palabra con sus corresponsales mercantiles. Don José subió el tono: se consideró ofendido y engañado al carecer de valor las garantías personales que se le ofrecieron. Paladinamente dijo no querer acudir a medios no amistosos. La escasa efectividad de las reclamaciones y de los tribunales de lo contencioso-administrativo era más que evidente en 1825, pero el malestar destilado por hombres como él germinaría en 1833, cuando a la muerte de Fernando VII muchos prohombres apostarían por el liberalismo moderado postergando al absolutismo.

La prolongación de los males de la postguerra.

Al final el absolutismo fernandino no pudo prescindir del apoyo, por mínimo que fuere, de las unidades regladas del Ejército, con tendencia a la reducción por los problemas económicos y políticos apuntados.

 Alicante en el siglo XVIII

Los alojamientos ocasionaron una vez más espinosos problemas. La carencia de los oportunos cuarteles de guarnición impuso el hospedaje de oficiales y tropa en las casas del vecindario. La disciplina militar se resintió de la dispersión de los soldados y de sus responsables por el casco urbano al anularse la cohesión de hábitos del régimen cuartelario castrense. El comandante de ingenieros inspeccionó los cuarteles y los principales edificios públicos alicantinos para solventar tal problema.

Por otra parte, los oficiales estaban exentos de pagar las odiadas contribuciones indirectas sobre los productos de consumo gracias al Fuero Militar. Cuando compraban una mercancía gravada, tenían derecho a la compensación del impuesto o refacción, práctica muy propia de las sociedades del Antiguo Régimen que también benefició a grupos como los del clero. Este ejemplo era fatal en tiempos de evasión fiscal e insolvencia presupuestaria. El 20 de enero el ayuntamiento solicitó sin éxito la exención de los alojamientos de oficiales a cambio de aprobar las detestadas refacciones. En vano pidió el 25 de noviembre el cese de los alojamientos perpetuos.

Los militares esgrimieron a su favor disposiciones que se remontaban hasta 1775. Alojamientos y refacciones prolongaron los problemas que ya atormentaron a los alicantinos desde 1808, los de un vecindario castigado y empobrecido carente de buenas infraestructuras sanitarias y habitacionales.

 El miedo a la subversión.

En semejantes circunstancias este absolutismo se mantuvo más por la inercia que por su vigor, y más por el temor a una reacción más radical que por ilusión. Los liberales más tibios temieron el ultrarrealismo y los absolutistas más morigerados a la exaltación liberal.

En el verano de 1825 el periplo del ultrarrealista Bessières fracasó, y el 6 de septiembre el ayuntamiento alicantino hizo votos de fidelidad a un monarca tildado de traidor por todos aquellos que deseaban un régimen más represivo y el restablecimiento de la Inquisición. Iriberry coartó todo movimiento ultra en la ciudad. Al año siguiente actuó contra la intentona liberal de los hermanos Bazán, desembarcados en Guardamar. La actuación del batallón alicantino de los Voluntarios fue objeto de controversia, tanto por su modesta disposición como por la pretensión de las autoridades de Orihuela de atribuirse ante el rey todo el éxito de la acción. Fueron días vividos con un miedo muy cercano a la paranoia.

Los fracasos del absolutismo.

 El Alicante de 1825 nos muestra el fracaso del absolutismo como alternativa viable desde distintos puntos de vista. La autoridad marcial unipersonal no mejoró la vida de los alicantinos, objeto de dura represión. La recuperación del sistema oligárquico municipal privó a la ciudad de la necesaria cooperación ciudadana. Tampoco se granjeó el absolutismo las simpatías y los consensos necesarios dentro de su bloque de partidarios. La formación del Batallón de Voluntarios sólo mostró las fragilidades de un sistema por el que pocos alicantinos llorarían en 1833.

VÍCTOR MANUEL
GALÁN TENDERO
Fotos: Alicante Vivo

Fuentes y bibliografía.

ARCHIVO MUNICIPAL DE ALICANTE.
            -Armario 9. Libros 115-117.
            -Legajo 1911-19-8/011/0.
            -Legajo 1911-19-16/0.

ANGUERA, Pere, Déu, Rei i Fam: el primer carlisme a Catalunya, Abadia de Montserrat, 1995.

CEPEDA, José, Madrid de villa a corte: un paseo sentimental por su historia, Madrid, 2001.

FONTANA, Josep, De en medio del tiempo. La segunda restauración española, 1823-34, Barcelona, 2006.

JOVER, Nicasio Camilo, Reseña histórica de la ciudad de Alicante, Alicante. Edición de 1978.

VIRAVENS, Rafael, Crónica de Alicante, Alicante, 1876.

12 marzo 2014

ALICANTE VIVO EN ALACANTÍ TV (5 y 6): FOTOGRAFÍAS DE ALICANTE (10 y 17/02/2014)


Así fue como empezó "Alicante en el recuerdo y en la actualidad", hoy "Alicante Vivo". Difundiendo y comentando fotografías de Alicante. Mucho ha llovido desde aquella fotografía del Hotel de los Arenales del Sol que inauguró nuestro blog. Pinchad AQUÍ y veréis nuestros comienzos allá por 2007. 


 

  


10 marzo 2014

EL ABSOLUTISMO INVIABLE, ALICANTE EN 1825 (PARTE 1)



El nuevo absolutismo de Fernando VII.

En 1823, tras distintos intentos, Fernando VII fue reintegrado en sus poderes absolutos con la ayuda de la Francia de Luis XVIII, una monarquía autoritaria que no había prescindido de cámaras consultivas, cierta representación de los prohombres locales y de la venta de bienes eclesiásticos llevada a cabo por los gobiernos revolucionarios. La contrarrevolución española superó en radicalidad al neoabsolutismo de la Europa de la Restauración. Muchos eclesiásticos azuzaron una implacable persecución de los liberales, y las propias tropas francesas temieron una reacción popular cuando intentaron otorgar a los vencidos un trato más humano.

 Fernando VII

Alicante, uno de los últimos baluartes liberales en España, presenció la entrada de las unidades francesas del vizconde de Bonnemains el 12 de noviembre de 1823. Se anunció clemencia siempre y cuando se respetaran los términos de la capitulación. Sin embargo, el ambiente se endureció a partir del 5 de diciembre con la asunción del Gobierno militar por el brigadier Pedro Fermín Iriberry.

La Década Ominosa (1823-33) en Alicante aún no está del todo bien estudiada, pese a las vívidas páginas que le dedicaran nuestros cronistas Nicasio Camilo Jover y Rafael Viravens, dignas de ser consideradas como punto de partida. En este artículo nos centramos en un año de aquella aciaga década, el de 1825, en el que la puesta en marcha del batallón local de los Voluntarios Realistas hizo más que patentes los chirridos de un sistema con muy poco recorrido por delante.

Los poderes y la personalidad del gobernador militar.

El brigadier Pedro Fermín de Iriberry, con experiencia en las tierras de Orihuela y Alicante, fue un hombre tan determinado como implacable en el cumplimiento de su deber. Pocos gobernadores militares del Alicante de 1709 a 1833 acreditaron sus mismos bríos. No vaciló en arremeter contra la autoridad municipal ante la presentación de honores militares a la Santa Faz, sacada en procesión para aplacar la dura sequía del invierno de 1824-25. Persiguió con denuedo a los liberales locales e impuso un severísimo régimen disciplinario a la bulliciosa ciudad de Alicante, cuyos oficios religiosos se vieron más concurridos de lo normal ante la presión del temido Iriberry. Mientras Nicasio Camilo Jover se muestra más crítico con él, rememorando sus tristes redadas en días de esparcimiento campestre, Rafael Viravens le reconoció el mérito de haberse atenido a la ley vigente. 

Subordinado directamente al Capitán General del reino de Valencia, el controvertido Luis Alejandro de Bassecourt, el Gobernador Militar de Alicante concentró grandes poderes más allá de lo castrense. Los ayuntamientos poco decidían sin su asenso, como antes de 1808. El alcalde mayor tenía que resignarse a su dominación. Era subdelegado de rentas y subinspector de los Voluntarios Realistas, controlando estrechamente los fondos y la disciplina en nuestra ciudad de estas unidades, que nunca se atrevieron aquí a desafiar la autoridad pública como en otros pagos de las Españas.

Los Voluntarios Realistas.

El liberalismo había concitado las simpatías de numerosos militares, asqueados por sus condiciones profesionales bajo el absolutismo entre 1815 y 1820. Rafael Riego se erigió en icono del cambio político en una España contemplada con alarma por las potencias absolutistas europeas, capaz de alentar una nueva oleada revolucionaria en el continente. Muchos militares se batieron en 1823 contra los Cien mil hijos de San Luis, auxiliados por las partidas del Ejército de la Fe, compuestas de hombres de variopinta condición social afines al absolutismo.

Reintegrado en sus poderes absolutos, Fernando VII no confió en el despliegue de unas fuerzas armadas copiosas, atento a la carencia de medios económicos. Las tropas francesas de guarnición resultaban caras y a veces exigían un trato más clemente hacia los liberales, apartado de la más fanática persecución de ciertos clérigos exaltados, pues se temía que los excesos represivos condujeran a un estallido de cólera revolucionaria susceptible de desequilibrar España y Europa.

La creación de unidades paramilitares, herederas del Ejército de la Fe, podían sacar a los absolutistas fernandinos de semejante embrollo. Los Voluntarios Realistas, integrados por hombres de fidelidad acreditada, mantendrían el orden absolutista y evitarían el retorno de los liberales. A través del Reglamento de 1824 se pasó de la partida guerrillera a los batallones bajo supervisión gubernamental. En la ciudad de Alicante, al igual que en otras localidades, se formó una Comisión de los Voluntarios encargada de su equipamiento y sustento. La componía el cura párroco más antiguo, el síndico procurador, el comandante de los Voluntarios y la máxima autoridad militar local, representando el equilibrio de fuerzas del régimen. 

Las dificultades de equipamiento de los Voluntarios.

Las agotadas arcas de la Monarquía española, en especial después de la pérdida de muchos ingresos de las Indias, eran incapaces de sufragar el mantenimiento, vestuario y armamento de los Voluntarios. Los gabinetes absolutistas pasaron la factura a las haciendas municipales, fundamentadas en los bienes de propios y arbitrios, a la sazón también considerablemente extenuados tras el vendaval de la Guerra de la Independencia.

Como se carecía de los oportunos fondos se impusieron tributos locales sobre las transacciones y el consumo de todo tipo de productos. La contribución forzosa de 20.000 reales de 1824 fue insuficiente, y en mayo se autorizó el cobro de 2 maravedíes por cada libra de carne, 4 por cada libra de carne porcina fresca y 4 cuartos por cada cántaro de vino, exacciones que a primera vista no parecen muy excesivas mas al recaer con mayor fuerza sobre los grupos más populares en un tiempo de adversidades sí resultaban lesivas. El 1 de junio los recaudadores de la comercial Puerta de San Francisco y los del fielato de la Puerta de la Reina tuvieron que responder de semejantes cobros ante el gobernador subdelegado de rentas del partido de Alicante.

La medida no se impuso con facilidad, al contrario, pues levantó gran controversia. Se perturbaría a los comerciantes y a los consumidores, dañando la economía. Los introductores de géneros podían burlar la imposición haciendo uso de las distintas puertas de la ciudad. El fraude ocasionaría más litigios que beneficios. Los empleados encargados de ejecutar la medida quizá no se conducirían con el debido celo al no poder ser separados a priori de sus destinos.

Ciertamente este género de alternativas fiscales no solucionaba nada, y más perjudicaba que otra cosa. Sin embargo, al no quererse realizar una reforma tributaria en profundidad se acudió una vez más a estos expedientes de dudosa utilidad, incurriendo de nuevo en el círculo vicioso del bajo rendimiento de los impuestos, fraude y perjuicio de la economía. De septiembre a diciembre de 1825 se porfió por gravar la arroba de cacao y azúcar en 24 maravedíes, algo muy poco alentador para el comercio ultramarino de Alicante.

 Alzar un batallón.

Evidentemente más sencillo era proponer que cumplir. El Batallón de Voluntarios Realistas de Alicante, que no excedería de mil hombres, dispondría de efectivos de infantería y de caballería, necesarios los segundos en las tareas de persecución del bandidaje y de la insurgencia de forma rápida. El control de los caminos en la España coetánea dejaba mucho que desear, las tierras alicantinas se prestaban al contrabando, y los movimientos de no pocos liberales inquietaban a las autoridades absolutistas: el paradero exacto del representante del partido alicantino en la derogada Diputación Provincial, don Joaquín Avarques, fue motivo de seria preocupación al ser liberado bajo fianza tras su reclusión en las Torres de Quart y en la Ciudadela de Valencia.

Si el reclutamiento de varones aptos fue amargo en Alicante, la provisión de armas resultó un calvario. El Comisario de guerra de artillería del II Departamento pasó factura al quebrantado ayuntamiento por las armas recibidas de las Reales Fábricas y Almacenes de Artillería. Del 16 de julio al 8 de octubre de 1824 se habían librado 55 fusiles de fabricación inglesa, 19 de factura española, 6 de francesa, 26 bayonetas españolas, 20 inglesas, 3 francesas, cartuchos por valor de 500 reales y otros elementos complementarios. Muchas de las piezas eran supervivientes de la pasada Guerra de la Independencia, lo que no evitó que la factura completa ascendiera a 6.167 reales difíciles de pagar. La situación era generalizable al resto de las fuerzas españolas. Todavía en 1849 el general Prim denunciaría la mezcolanza de fusiles ingleses, franceses y españoles con llaves de chispa anacrónicas en los regimientos de infantería de Isabel II.

 El paño para los uniformes tampoco resultó barato. Conseguido al principio por fiado de los fabricantes de Alcoy y Cocentaina, su montante ascendió finalmente a 14.395 reales, que no pudieron ser satisfechos por los cortos haberes de los arbitrios municipales. En el fondo se plantearon los mismos problemas logísticos y de movilización de la guerra contra las fuerzas napoleónicas, cuando demasiadas unidades del ejército español adolecieron de calzado y munición, llegando a ser la carencia de monturas angustiosa.   

Continuará

VÍCTOR MANUEL
GALÁN TENDERO
Fotos: Alicante Vivo

28 febrero 2014

ALICANTE VIVO EN ALACANTÍ TV (4): EL CASTILLO DE SANTA BÁRBARA Y EL BENACANTIL (03/02/2014)

 
La Asociación Cultural Alicante Vivo se reserva el derecho de moderación, eliminación de comentarios malintencionados, con lenguaje ofensivo o spam. Las opiniones aquí vertidas por terceras personas no representan a la Asociación Cultural Alicante Vivo.