28 septiembre 2008

EN 1919 TAMBIÉN LLOVIÓ... ¡¡Y MUCHO!!

Foto de Juan José Amores, cedida por Fernando Forner Santamaría, en 1982. Vemos la actual Av. de Elche, a la altura de la hoy Alcoa (para mí siempre será Inespal). La tromba de agua incomunicó más de 24 horas a los trabajadores en la factoría, y arrastró la carretera y las vías del tren mar adentro. Osea te lo juro
 
La gota fría, término más conocido por los meteorólogos por DANA (Depresión Aislada en Niveles Altos, no confundir con la/el cantante Dana Internacional), es un fenómeno típico del Mediterráneo, un mar que se calienta en exceso en verano ( más de 30º cerca de la costa). Cuando llega el otoño, suelen entrar bolsas de aire frío que al contacto con el calor del Mediterráneo, forman fuertes borrascas. Si a ellas les sumamos el  viento de levante (tan frecuentes en la "terreta"), con su aporte de humedad, es entonces cuando desatan su poder. Al igual que los tifones o los huracanes, dependen del mar para obtener su energía, por lo que los mayores vientos y las mayores lluvias suelen ser en la costa.
Más concretamente, en la levantina. Of course.
Y... ¿por qué os meto este rollo?
Muy sencillo. Como bien nos contó hace una década D. Enrique Cerdán Tato, los científicos nos informan acerca del calendario de lluvias torrenciales para nuestra ciudad, en función del comportamiento térmico del Mediterráneo: y es el otoño cuando se acusan estos desastres meteorológicos. En  estudios realizados por equipos de nuestra Universidad, titulados «Inundaciones en la ciudad y término de Alicante», referido al periodo de los años 1940-1984 (ha llovido mucho desde entonces, nunca mejor dicho), se constata que las precipitaciones máximas se concentran en los meses de septiembre a diciembre, seguidas por las correspondientes a marzo y abril.
 
¿Problemas de aparcamiento? Una calle cercana al Monasterio de la Santa Faz, en Alicante, en 1987. Osea te lo juro. Fotografía del Diario Información.
 
La memoria nos remite, en primera instancia, a las inundaciones y avenidas catastróficas del 1982; de ahí, y según la edad del lector, a otras muchas comprendidas en el ya citado periodo. Naturalmente, con anterioridad al mismo, las lluvias ocasionaron no pocos sobresaltos. Recogemos, sumariamente, la descripción de una de estas inundaciones ocurrida a finales de septiembre de 1919. Viajemos un poco en el tiempo:
Según la Prensa de aquel año, en medio de numerosos relámpagos y «truenos horrísonos», las aguas se precipitaron, sin cesar sobre la ciudad, hasta convertir sus calles en verdaderos torrentes. En algunas de ellas el nivel de éstas alcanzó más de medio metro, y «en la carretera de Murcia llegó hasta el metro y veinte centímetros. Las tierras y piedras que arrastró la avenida obstruyeron vías urbanas muy transitadas, tales como Villavieja, Mayor y Jorge Juan; en tanto se llevaba por delante parte del arbolado de las plazas y paseos».
En tal ocasión hubo desgracias personales. En el barranco de San Blas, junto a la estación de Madrid, perecieron ahogados Pedro León, Francisco Limorte, alias «Chulo» y su mujer conocida por «La Sorda». «Todos ellos eran naturales de Albatera, y sus cadáveres fueron encontrados junto a la estación de Murcia». Del mismo lugar, y siempre al hilo de la crónica periodística, desapareció una mujer a la que apodaban «La Pichona». Todas las estaciones férreas quedaron incomunicadas a consecuencia de los destrozos que la violenta avenida causó en las vías.
Las aguas derribaron paredes y tabiques, y arrastraron doce pipas y bocoyes de un establecimiento de vinos: «El nuevo Noé» (la predestinación). Y era tanta su fuerzas que al kiosko «El Vapor», situado junto al salón Moderno (cine Monumental) lo trasladaron en un santiamén, a la Explanada, sin necesidad de licencia municipal alguna. 
Alicante vivió dos jornadas de verdadero pánico, aquel septiembre de 1919. 
Así pues, ahora que llega la temporada de lluvias para nuestra ciudad, mucho cuidadín.
Eviten las avenidas, ramblas y cauces de los ríos. El cementerio está lleno de valientes. Ya saben que incluso Noé la cagó (y bien) en aquellos años ancestrales cuando dijo: "¿Pa´que tanto nervio? Sólo son 4 gotas"

Fuente: D. Enrique Cerdán Tato.

 
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