17 abril 2009

EN BUSCA DE LA IDENTIDA ALICANTINA 2. El proceso de mitificación

Viene de En busca de la Identidad Alicantina 1. Los problemas de base.

Como adelantábamos en el anterior artículo, muchos y variopintos han sido los problemas que han imposibilitado la constitución de una completa identidad alicantina dentro y fuera de los límites provinciales. Recojo vuestros comentarios para plantear cuál puede ser nuestro propio sistema de mitificación, si consideramos el hecho como la atribución de cualidades o excelencias que (pensamos que) no tenemos, o realidades de las que (en teoría) carecemos. Crucemos la barrera del olvido a partir de cuatro puntos, todos ellos basados en vuestras futuribles soluciones:

1.- Mitificación Esencial y Urbanística. La red intercomarcal.

Por los comentarios recibidos, advertís de una red intercomarcal como posible futuro de la provincia, hecho que suscribo como posible comienzo del proceso y origen de la elevación hacia el mito. Juan Ángel (leed sus cinco puntos) nos decía que

“Alicante tiene unas características óptimas para significar un auténtico modelo de provincia. No hay en España una provincia con una variedad tan enorme de ciudades y comarcas con idiosincrasia propia y variada: los paisajes de las Marinas o Alcoià son absolutamente distintos al Vinalopó y Alacantí y este de la Vega Baja; la historia se reparte y engrandece entre ciudades como Orihuela, Villena, Elche... la industria española ha vivido su cuna en Alcoi y su despegue en el Vinalopó y especialmente en la ciudad ilicitana; la historia del turismo español es parte del ADN de la costa alicantina; en esta provincia conviven dos lenguas claramente diferenciadas por ámbitos geográficos.”


Este hecho comarcal, que suscita variadas opiniones, es un punto de partida y arranque para administrar una provincia desde una óptica distinta, pues si, como nos decía Negrelloma,

“la gent, com veig lògic, es sentia i tractava més per comarques que per provincíes”,


Jesús señalaba que

“la solución pasa por vertebrar bien el territorio, dar mas validez a las comarcas como seña de identidad y fomentar los recursos de cada una de las comarcas en beneficio de las demás”,


y por tanto, en palabras de Pau,

“la descentralització per comarques és més cómoda per a teixir una bona xarxa administrativa. El costum de fer anar a parar a tot el mon a Alacant no és gens correcte.”


Es evidente que en una provincia cuya población va en aumento y no hay municipios fantasma, y donde la ciudad de Alicante no suele construir, sino destruir, la base del progreso es una tela de araña que recorra las nueve comarcas, cultural y administrativamente. Pero, si nos damos cuenta, esto no es algo nuevo, porque las zonas de contacto son muchas más de las que nos creemos, tal y como planteo muy resumidamente en los siguientes tres puntos.

2.- Mitificación Literaria. El Alicante de Miró.

Gabriel Miró continúa siendo un gran desconocido en los libros de texto, y este autor, precisamente, goza de la idoneidad de haber realizado la construcción de paisajes del alma en sus novelas líricas, ya sea en el trasunto literario oriolano, llamado Oleza, en las descripciones de Guadalest y toda La Marina, en la creación del “león dormido”, o en sus vivencias alicantinas en el barrio de Benalúa y su “ciudad traspasada de Mediterráneo”. En suma, desde su arquitectura literaria, Miró vertebra todas las comarcas alicantinas a través de sensaciones sinestésicas, evocación y recuerdo hilvanados por la memoria (característica propia de las novelas de comienzos del siglo XX) como antes lo hiciera ¡otro alicantino!, José Martínez Ruiz “Azorín”, aunque contemplando España desde el alma castellana como leitmotiv noventayochista, pues no en vano fue el creador de esta mal llamada Generación del 98. Elijo la figura de Miró pues no provincializa (acuñando el neologismo), sino que internacionaliza las comarcas alicantinas, y aun así me estoy dejando en el tintero a Azorín, a Miguel Hernández, a Arniches, a la ruta del Cid, y todavía podríamos seguir engrosando la lista... Mirad este enlace sobre literatura, patrimonio y paisaje a través de la ruta de Miró.

3.- Mitificación arquitectónica. La ruta de los castillos.

Llegados a este punto, encontramos –sin necesidad de escarbar mucho- el nexo de alianza que afianza nuestra tesis. Más de noventa fortificaciones (sin contar las torres vigía, costeras y de la huerta) recorren el perímetro provincial, siendo en infinidad de ocasiones enseña de los escudos municipales, ¿y todavía hay quién se pregunta dónde está nuestro patrimonio cultural? Fijémonos bien, tenemos una característica común que une a todos y cada uno de los pueblos de la provincia, y no se he planificado un recorrido turístico por todos y cada uno de ellos, al estilo de la ruta de los castillos del Loira. Por lógica, es culpa nuestra no haber sabido administrar esta tela de araña medieval tan importante para otro desarrollo turístico de la zona, si es que verdadaremente nos queremos despojar de la gigantesca careta de Sol y Playa, o acompañarla de un verdadero símbolo de identidad. Os recomiendo esta web sobre los castillos de la provincia de Alicante.

4.- Mitificación pictórica. Exaltación de la provincia de Alicante de Gastón Castelló.

Por último, y antes de entrar en el tercer capítulo de esta serie, que será "SOLUCIONES", retomo el mural del aeropuerto de Gastón Castelló como mitificación pictórica. Sé que resulta un poco largo, pero es la base de la construcción futura, ya que es imposible leer el texto del propio Gastón sin emocionarse o sentirse identificado con la propuesta, porque es justo la elevación de lo folklórico y popular hacia lo cultural-identificativo, siendo ésta la esencia del pueblo alicantino.

En el mosaico de 50 metros cuadrados, he querido compendiar el folklore y el trabajo de tantos pueblos diseminados a lo largo y ancho de la provincia alicantina. La primera superficie, con 30 metros cuadrados, arranca desde el descansillo de la escalera, formando un tríptico central que es señero y guión del conjunto. Las tres figuras que lo integran, para destacarlas con rotundo vigor sobre las demás, han sido realizadas con grandes trozos de mármoles de Carrara, de Suecia, Bélgica, granito gallego, basalto y rojo Bilbao. Tal tríptico lo componen: una mujer estilizada, portadora del escudo provincial, ante un fondo de casitas de nuestro típico barrio de Santa Cruz, dominadas por el castillo de Santa Bárbara. A la derecha, apoyado en una rueda dentada, la recia silueta de un hombre vestido con un mono gris, simboliza nuestra pujante actividad industrial; y a la izquierda, una campesina entre viñas y almendros floridos, muestra los distintos y ricos frutos de las ubérrimas huertas de nuestra geografía.
Al pie del tríptico campean los 14 escudos de la antigua división en partidos judiciales de la provincia. Desde aquí en adelante, la elaboración del mural, se hace con teselas de mármol de dos y tres centímetros.
La parte izquierda de este panel se dedica al sin par folklore de fiestas, con un moro y un cristiano, ricamente vestidos, como símbolos y puntales de estas arrogantes fiestas de fama universal. En su parte superior, surgen las fiestas del Fuego, con un estilizado caballo griego, montado por un arlequín con paraguas, un hipocampo y, sobre un capitel, un botijo "pollastret d´Agost". A los pies del caballo un ninot femenino, con los brazos extendidos, espera el sacrificio del fuego.
A la derecha del lienzo vertical, irrumpen la figura de una recia mujer vistiendo la bella falda de Monóvar, listada horizontalmente de vivos colores, mantoncillo y larga trenza al viento, marca un paso de danza a su pareja, un jijonenco en traje típico. Son los bailadores del "ball xafat" de la jota de Onil, o de Jijona, de la sandigna, etc.

Sobre la pareja, una moza de Torremanzanas lleva sobre su cabeza el "pa beneit" (pan bendito de San Gregorio), gran "toña" dulce coronada por un ramo de flores; de este pan que se apoya en un plato de cerámica, caen sobre la doncella finísimas mantillas que la envuelven hasta la falda. Esta nota folklórica es la más extraña y subyugante de nuestras tierras.

Seguimos en marcha ascendente hacia el paraíso de los niños. Una chica de Ibi nos sale al paso sosteniendo un trenecillo cual muestra de las sensacionales e importantes fábricas de juguetes de la villa; la doncella lleva falda negra plisada, mantón blanco, sombrero negro de pastora con apliques de oro y coronado de flores. Junto a ella, las deliciosas muñecas de Onil, y los refinados juguetes de Denia.

En un zapato de elegante trazo, está simbolizada la pujante producción zapatera de Elda, Elche, Petrel, Villena, Monóvar y Cocentaina, industria importantísima y poderosa que ha procurado al Estado español abundantes divisas. En lo más alto de este sector vertical, un telar esquemático sirve de fondo a un obrero que muestra al viento, los paños de toda la producción textil de Alcoy.
Remontamos la escalera y pasamos al piso superior en donde el mosaico continúa, apaisado, cubriendo veinte metros cuadrados. El dios del vino, Baco, rollizo y coronado de pámpanos, recostado en un tonel, nos ofrece el buen vino de las comarcas de Pinoso, Monóvar, Villena, Benejama y Benisa. El pedestal de tan optimista dios es un bloque de mármol noveldense o monovero que Baco, para su comodidad, cubrió con una alfombra de Crevillente. Tras él, campos de viñas y rius-raus de Jávea, Denia, Benisa, Teulada y Calpe, sombreando las pasas, sirven de marco a la majestad de los castillos de Villena y Biar, que representan a los cien castillos de la provincia.
Una joven campesina de albas vestiduras avanza entre naranjos y limoneros mostrando la artística Orihuela, con las ubérrimas huertas de la Vega Baja del Segura, y las no menos exhuberantes de los distritos de Denia, Pego, Callosa y Polop. El dulzor y la fama de Jijona se sintetiza en una rama de almendro, de la que penden, entrelazados, esas cajas de turrón de nuestro orgullo que llegan a los más lejanos confines del mundo.

La composición terrena se completa con la bella presencia de la Dama de Elche, de extraordinario valor arqueológico y las fenicias diosas Tanit, aparecidas a lo largo de nuestras costas.
En un mar de azules y grises, una sirena de áureos cabellos se apoya en un pequeño "llaüt" pesquero, sosteniendo el popular "barquito de sal" de Torrevieja. La costa desde ésta hacia el norte, termina en la luminosa Denia, la rica y antigua Diana de los romanos, de nítida blancura al pie de su legendario castillo. Sigue el arrogante Peñón de Ifach oteando los caminos del Mediterráneo, Jávea y Altea en la feracidad de sus comarcas, el cosmopolita Benidorm, llamado el milagro del siglo XX, las casas marineras de colores típicos de Villajoyosa, de Santa Pola y Guardamar y un horizonte de las cumbres, Aitana, Cabeçó d´Or, Bernia y Puig Campana, son el marco lírico y azul de nuestra amada provincia alicantina.

 
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