08 septiembre 2012

FERNANDO GIL SÁNCHEZ. LA PLUMA QUE ESCRIBIÓ NUESTRA HISTORIA


Aunque nunca ostentó cargó alguno al respecto, siempre se dijo que D. Fernando Gil Sánchez, periodista de raza y alicantinista hasta la médula, había sido el “Cronista Popular” de la ciudad de Alicante. Es cierto que hasta aquel 14 de diciembre de 1991, fecha de su repentino y triste adiós, nuestra urbe siempre dispuso de excelsas personalidades con noble pluma capaces de legar a las generaciones venideras un pedazo de nuestra ignota historia. Fueron los llamados “Cronistas Oficiales”, escribanos doctos en el estudio minucioso de los acontecimientos locales, “y cuya máxima aspiración era la veracidad de todo lo ocurrido a lo largo de los centurias pasadas, amén de indagar en las señas de identidad del municipio”.

Lo fueron D. José María Bonastre Hernández, D. Enrique Cutillas Bernal, D. Enrique Cerdán Tato, D. Joaquín Collía Rovira, D. Vicente Martínez Morella, D. Francisco Figueras Pacheco o D. Rafael Viravens Pastor, todos citados, lógicamente, en orden inverso. No obstante, D. Fernando Gil Sánchez siempre fue diferente a ellos: alguien más cercano, entrañable, popular… de un día a día que, para bien o para mal, nos tocaba vivir. Él representaba, más que al sabio ilustrado, a esos otros instruidos que siempre anduvieron tras los reputados maestros, bajo su larga sombra pero con igual –o mejor- trazo prosaico. Sí… él fue el Nicasio Camilo Jover o el Lorenzo López del siglo XX, un erudito en menesteres locales capaz de loar y alabar con narración sencilla nuestro patrimonio popular.

Hoy, para aquellos que tenemos el inmenso placer de acuñar la palabra “terreta” en el título de una humilde sección semanal en el Diario Información –palabra que él hizo suya por méritos propios-, supone una dicha sin parangón traer hasta aquí la figura y la labor “de este periodista mediterráneo que agazapaba su enorme timidez tras las gafas oscuras, y cuya pupila se enternecía hasta la lágrima cuando cruzaba los caminos que le llevaban hasta el Monasterio de la Santa Faz”.

D. Fernando había nacido en Tobarra –Albacete- el 21 de Septiembre de 1925. Tras un periplo con su familia por Cuba, recaló en nuestra ciudad en el año 1936, fecha del inicio de la Guerra In-Civil. Con apenas 17 años, ingresó en los talleres del Diario Información, pasando posteriormente a su redacción, y con sólo 20, escribiría su primer gran libro: la biografía del genial futbolista D. Manuel Maciá. En 1950 se casó con Dña. Pilar Gerona Veza, de cuyo matrimonio nacieron tres hijos, y un año después, en 1951, obtuvo el título de la Escuela Oficial de Periodismo de Madrid. Fue entonces cuando inició una nueva etapa laboral como Cronista Municipal en el periódico, con la que obtuvo valiosos conocimientos de las grandes y pequeñas semblanzas que habían afectado desde la antigüedad a nuestra urbe. Esta predilección por adentrarse en centurias arcaicas tomó cuerpo con sus “Crónicas de la Terreta” y “Crónicas alicantinas”, que editó la Caja de Ahorros Provincial. “En ellas aportaba datos recogidos manualmente en miles de fichas acumuladas a lo largo de su vida”. En 1984 se jubiló voluntariamente, cerrando un largo y fructífero deambular dedicado por entero a este diario, a la “Hoja del Lunes” y a la Asociación de Prensa Alicantina. Son dignos de resaltar sus trabajos “Alicante Siempre”, “Alicante desde el aire”, “El establecimiento tradicional alicantino” y, en especial, “Alicante de la A a la Z”, obra de consulta indispensable para propios y extraños. “No me duele el esfuerzo”, manifestó en alguna ocasión. “A mí me sucede lo que se da con frecuencia en la tarea investigadora: tenemos a todas horas una necesidad de comunicación”. 

 

Todo lo alicantino le ocupó y preocupó. “Se echaba a la calle y repasaba los barrios, las partidas o los jardines, y sufría en sus adentros cada vez que le talaban un árbol o cuando la piqueta o el abandono derribaban un edificio antiguo. Consuetudinario visitante de los archivos y bibliotecas, huroneaba entre los viejos legajos y luego volvía al peregrinaje callejero para rastrear el testimonio humano de algún superviviente del Alicante ancestral”. Pero la vida, con su cruel e ingrata ironía, quiso que el hombre que mejor y más cosas conocía de nuestra ciudad, enfermara de Alzheimer. Poco a poco, sus recuerdos se fragmentaron como un puzle, “y aquel mal, que le llevó primero a una silla de ruedas y después a quedar postrado en una cama, le impidió continuar con su “Terreta” semanal.” 

Fue entonces cuando una Concejala, Dña. María Dolores Marcos González, presentó por urgencia una moción en la que solicitaba a la municipalidad la concesión del título de “Hijo Adoptivo” a su persona, y a la que se sumaron ilustres de la talla de D. Raúl Álvarez Antón, D. Vicente Hipólito o D. Tomás Valcárcel. Sin embargo, D. Fernando no pudo recibir en vida tan alta distinción, “pues la muerte, que le rondaba camuflada desde hacía poco más de un año, no quiso esperar al día de la entrega de la preminencia.”

“El recuerdo de Fernando bien puede empezar por poner en cuestión en qué consiste ser alicantino”, dijo el Alcalde de Alicante, D. Ángel Luna González, durante la Sesión Extraordinaria celebrada el 17 de Diciembre de 1991. “Nuestra ciudad es cuna de nativos e inmigrantes; los unos aportan el ánimo de mantener vivas las raíces que se hunden en los estratos de la Historia; los otros, ayudan a reforzar el aire renovador de los tiempos. Pero al final, colonos y nativos, terminan viviendo el mismo desenlace (…) Numerosos Alcaldes han transitado por estos sillones, mientras él permanecía observador discreto y mesurado, consignando la pequeña historia de Alicante. Como él ha habido otros; pero ninguno ha dedicado tantas horas, días y años de trabajo y esfuerzo a divulgar el fascinante pasado de su ciudad adoptiva”. D. Fernando Gil encarna esa amplia zona de encuentro que une a los alicantinos más de lo que les separan sus ideologías. Y, desde luego, más de lo que les separan sus lugares de nacimiento. Viva siempre en nuestro recuerdo.

JUAN JOSÉ AMORES

Nota del Blog: Desde Alicante Vivo hacemos nuestra la carta de  Juanjo. Escritores alicantinistas como Fernando Gil Sánchez que evocaban la historia de su ciudad sin caer en el peligroso terreno de lo rancio, ensalzando lo que había que ensalzar y mostrando las vergüenzas cuando había que hacerlo, son los que nos impulsan a escribir nuestros artículos.Viva siempre en nuestro recuerdo, ciertamente.

ACTUALIZACIÓN:

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